“La maldad es fascinante”: Jairo Camargo

El actor santandereano confiesa que, tras 38 años de carrera en la televisión, ya no está tan atento a su trabajo. Con la obra “Los villanos” desarrolló una fascinación por revelar el lado infame del ser humano.

El actor Jairo Camargo ha actuado en teatro y televisión desde muy joven. Aclara que su manera de pensar no debe influir en su trabajo como actor. / Cristian Garavito

Nació en Bucaramanga, creció en Zapatoca y vivió un tiempo en Barrancabermeja. ¿Qué recuerda de su infancia?

Nací en Bucaramanga, pero hace poco me enteré de que fui registrado en Barrancabermeja, lo que significa que nací allí. Con mi familia vivimos un tiempo en Zapatoca, porque era un lugar económico para vivir y porque mi papá vivía en otra parte y no tenía medios para sostenernos. Luego, cuando el viejo tuvo con qué proveer, llevó a toda la familia a Barrancabermeja y allí vivimos ocho años.

Y en Barrancabermeja entró a hacer teatro. Para ese tiempo, ¿consideraba que la actuación sería una buena opción para vivir?

No, nunca se me pasó por la cabeza. Se suponía que iba a ser cura, lo tenía clarísimo, pero tuve una gran decepción de los oficiantes como representantes de Dios sobre la tierra. Hoy en día no creo en nada; escasamente creo en mí.

Y quiso ser psicólogo, pero terminó estudiando licenciatura en idiomas...

Quería estudiar psicología en la Universidad Nacional, pero nunca fui aceptado. Después entré a la Universidad Pedagógica Nacional a estudiar licenciatura, que no tengo idea de dónde salió; debió ser un rezago por esa vocación religiosa. La cuestión fue que un gran amigo del grupo de teatro de Barrancabermeja llegó a Bogotá y me habló de la Escuela Nacional de Arte Dramático, y ahí empezó todo.

En ese momento estuvo con Santiago García. ¿Qué aprendió de él?

Sí, él era director de la escuela. Estando en sus clases, que para ese momento eran talleres, nos dimos cuenta con mi amigo de que muchas de las cosas que estábamos aprendiendo con él ya las habíamos hecho en el grupo de teatro, pero no sabíamos cómo se llamaban.

A propósito de su etapa como estudiante y sus primeros pasos en la televisión, ¿cómo hacía para sobrevivir?

Aún no lo sé, porque cuando empecé a trabajar de manera profesional en el Teatro Popular de Bogotá ganaba $2.000, estaba casado, embarazado y pagaba $4.000 de arriendo, pero nunca pasé dificultades y no las he pasado en 38 años de carrera en la televisión. En ese entonces tenía una responsabilidad y me casé con la madre de mi hija.

Bianca Paulina es su única hija. ¿Cómo es la relación con ella?

Desdichadamente ella está pagando un precio muy alto, porque cuando ella nació yo estaba empezando mi carrera. Ella siempre ha estado sola, no contó con su mamá para que la guiara, pero no podemos cambiar la historia. Ahora que es mamá se ha dado cuenta de lo difícil que fue para nosotros ser padres.

¿Aún conserva la costumbre de ver su trabajo?

No, ya no me quedo a ver toda la novela, porque las producciones en las que he trabajado las emiten muy tarde y porque los contenidos que pasan por televisión no me interesan, no son atractivos para mí. El año pasado me gradué de narcotraficante y lo hice. Mi manera de pensar y sentir no debe influir en mi trabajo.

Finalmente, ¿qué sensación le genera la maldad, a propósito de la obra “Los villanos”?

La gente mala es fascinante, la maldad es fascinante, porque pasan muchas cosas e ideas por la cabeza de una persona dañada por el poder social, económico y político. Me parece que Ricardo III representa la maldad en los seres humanos.

 

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