“Maldito y Santo” el nuevo sencillo de María Isabel Saavedra

Esta cantautora y periodista, amante de la literatura asegura que a pesar de su larga trayectoria musical, sigue creciendo como artista y dice sentirse muy feliz de aprender de las nuevas generaciones.

María Isabel Saavedra grabó su primer álbum con la asesoría de Armando Manzanero. / Cortesía
María Isabel Saavedra grabó su primer álbum con la asesoría de Armando Manzanero. / Cortesía

¿La idea de grabar este disco “Maldito y santo” de dónde nació?

La canción que le da nombre al álbum no fue planeada. Tengo la fortuna de tener una influencia más en mi vida, que es mi sobrino Sebastián Laverde, quien tiene un máster en producción musical. Lo más curioso es que él nunca se había interesado por mi música y el día de su grado me di cuenta de que sus compañeros estaban grabando mi música, algunos de ellos ni siquiera entendían el español. Recuerdo que una inglesa estaba cantando Maldito bolero, eso para mí fue increíble. Él me dijo tía hagamos un disco y le dije de inmediato O.K.

¿Cómo fue el proceso de escogencia del repertorio de “Maldito y santo”?

Viajé a España tres veces y Simón me dijo vamos a grabar tu música latinoamericana, andina o bolero si quieres, pero vestidas a nuestra manera. Preparamos un repertorio, mandamos un montón de canciones, ellos eligieron y de allí salió Maldito y santo. Lo grabamos en los estudios de Berklee College of Music en Valencia, absolutamente en vivo.

¿La experiencia de llevar su música al jazz fue difícil?

Al principio me pareció un poco difícil cuando ensayábamos, porque tenía que hacer algunas modulaciones y yo soy autodidacta, ellos son académicos, pero también son improvisadores. Sin embargo, me sentí en completa familiaridad con estos chicos, empezamos a ensayar el primer tema y se gestó una magia, que empecé a disfrutar la grabación en vivo. Cuando vi el resultado, después del maquillaje de mi música, me emocioné.

¿Por qué solo ocho canciones integran este trabajo discográfico?

Yo no tuve nada que ver. Del repertorio que le envié a Sebastián le gustaba mucho Día de tristeza, que ya había grabado Andrés Cepeda, que recicló aquí. Hicimos Provocación, que es un chachachá; además que el disco suena como a sus músicos, porque mi sobrino fue pasante de Javier Limón, productor y guitarrista español, entonces suena mucho a Cigala, a Buika, un poco a Carmona. La dinámica de ellos para grabar es simple y ellos fueron los que escogieron el repertorio.

¿Fue intencional que el disco tuviera ese sabor de desamor?

Fue accidental que el disco saliera nostálgico, pero más bien sofisticado en algunas letras, que dudé en meter en esta producción, como El mundo me quedó grande. Sin embargo, al final se incluyó el tema. Este es un disco de líricas nostálgicas, muy melancólicas, algunas letras son muy profundas.

En su canción “El mundo me quedó grande” dice: “mi vida en obra gris”... ¿en estos momentos de qué color está su obra?

No sabría qué decirte, porque está llena de matices. Me he abierto a la posibilidad de escribir con otra gente y proyectar mi música, que en estos momentos tengo muy claro lo que quiero hacer. Como cantautora no podría hacer lo que me han grabado, como por ejemplo Mala, un reguetón que grabó Ivy Queen, porque no sería yo, no me siento cómoda en esa piel, una salsa como las que les he hecho a Rey Ruiz y a Oscar D’León, tampoco. Mi música va mucho con mi personalidad, que generalmente está de muchos colores, aunque también tiene diferentes tonalidades grises. Pero hay una cosa que un artista no puede desconocer y es la realidad del mundo actual.

¿Su música tiene alguna influencia de su infancia en Ginebra, en el Valle del Cauca?

Cada canción que hago tiene la marca de mis influencias, porque lo primero que comencé a oír fue Garzón y Collazos, Silva y Villalba, José A. Morales, esa fue mi infancia; mi papá tenia gran influencia sobre, le gustaba mucho la ópera, el jazz y baladas, cuando empecé a crecer me metí mucho en el tema de la música brasileña y argentina. Definitivamente mi vida estuvo marcada tanto por el bambuco como por el rock en español.

¿Vivió en algún momento la dicotomía de géneros extranjeros y la música andina colombiana?

Sí la viví, pero la unifiqué. Al principio decía me gusta tanto cantar De eso se trata, que es una balada pop, como un bambuco, lo disfruto inmensamente. Creo que llegué a un punto medio, por ejemplo en Maldito y santo es una pregunta perfecta para el disco, porque aquí tengo seis octavos, un bambuco, una chacarera, tengo una canción que fue concebida como un danzón, así que nunca podría alejarme de mis raíces, mi esencia sigue intacta y quiero seguir conservándola.

¿Con toda esta influencia por que no estudio música?

Tuve una formación enteramente empírica y toda la gente que me rodeaba en ese momento era empírica, entonces puedo decir que lo mío fue un acercamiento bohemio a la música, algo salvaje y emocional, no me enorgullezco de no haber estudiado música, de hecho le digo a las nuevas generaciones, que perfeccionen el oficio. Me considero indisciplinada para el estudio, no sé cómo terminé una carrera y un máster, porque no me gustaba el método y la música representaba un mundo de posibilidades, es más se refleja en más de 600 canciones.

¿Por qué estudió Comunicación Social?

Me encantaba escribir, los medios, era muy creativa. En los inicios de vida, cuando gané el festival Mono Núñez, en la universidad tuve unos profesores increíbles e inspiradores, Jorge Eliécer Pardo, Pacho Restrepo, Néstor Morales, Andrés Samper, a cada rato teníamos a “Gabo” en las aulas. Empecé a hacer mis prácticas a los 16 años en Inravisión. No me arrepiento ni un solo instante de haber estudiado esta carrera, porque me dio la estructura para escribir lo que ahora escribo.

Háblenos sobre su trabajo discográfico llamado “Saavedra”, al lado de Armando Manzanero.

Yo tengo una convicción espiritual tan fuerte que cuando uno dice lo quiero, lo logra. En ese momento quería un cambio, una transformación en mi vida profesional, personal, emocional, quería dedicarme a la música y me invitaron a un festival donde también cantaba Armando Manzanero y cuando este señor vio quien alternaría con él, dijo que quería conocerme inmediatamente llegara a Colombia, así fue y apenas el maestro me vio me dijo, usted es la artista a la que quiero producirle un disco y además que componga conmigo, de inmediato la vida me cambio.

¿Qué sucedió luego de que el maestro Manzanero le hiciera esa propuesta?

Al mes deje mi empresa, mi carrera, mi vida, me traslade a Yucatán, a aprender del maestro, a escribir canciones con él, me deje guiar, grabamos en sus estudios en Mérida y Miami, me fui quedando, quedando y hace quince años vivo allá.

¿Cómo hace para componer tantas canciones?

Lo hago todos los día, me sale muy natural, pero mi principal filtro es que sea una buena canción, no me importa que no sea escogida por un artista, lo que me interesa es que marquen una cierta diferencia. Hay una pauta de calidad que los compositores conservamos y es la esencia del puño, es decir la huella digital impresa, sin importar el género. En mis canciones siempre me hace falta decir algo más, no caer en el lenguaje común, tengo que confesar que tengo un secreto, no veo televisión y no oigo radio, eso me da como cierta virginidad intelectual.

¿Cuáles son sus proyectos?

Quiero que Maldito y santo marque una nueva etapa en mi vida, quiero colonizar Suramérica con mi música y a través de mis intérpretes, porque tengo una canción repagada en Argentina con Jorge Rojas, del grupo Los Nocheros, no más lleva ocho días y ya es disco de oro, así que dentro de poco voy a recoger de esa cosecha. Por otro lado, me voy a acompañar a Piero en un concierto por la paz, daré algunos talleres en Colombia; el otro mes voy a comenzar la promoción de mi nuevo disco, voy a hacer una obra de teatro que se llama Mujeres de carne y verso con otras autoras y tengo algo en el tintero que se llama Saavedra sinfónica.