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hace 2 horas

'Me impactan las desigualdades'

Silvana Faillace es la directora de la entidad. Cuenta que desde joven se interesó en las causas sociales y cómo su experiencia en el exterior la ha ayudado a dirigir una institución históricamente liderada por hombres.

Silvana Faillace ha trabajado por causas sociales en países como Inglaterra, Estados Unidos, Nepal, Singapur y Nueva Zelanda. / Andrés Torres - El Espectador

¿Cómo llegó a la dirección de la Cruz Roja?

Mi carrera profesional y mis intereses personales siempre han sido trabajar en causas sociales y en el desarrollo a nivel nacional e internacional. Después de estar 15 años fuera del país, regresé a Colombia en 2012 y apareció la oportunidad de la Cruz Roja. Terminé en la dirección ejecutiva nacional, que compiló y maximizó el aprendizaje y las experiencias que había tenido en varios países del mundo.

¿En qué momento nació esa vocación social?

Una vez empecé a estudiar ciencia política me interesé en los problemas de los demás, me llamaban la atención las injusticias. Ese deseo por tratar de mejorar las cosas ha sido siempre el motor; es un interés personal y afortunadamente he encontrado los espacios para desarrollarlo.

¿Cómo fueron esos 15 años por fuera del país?

Me fui primero a estudiar a Inglaterra, a hacer una maestría. Después estuve cuatro años trabajando allá, ocho años en Washington y después en Asia y África. Fue una gran experiencia conocer a las comunidades y establecer alianzas con los gobiernos y los sistemas de salud, y aprender porqué pasan estas cosas, cómo vive la gente con la pobreza y tener la oportunidad de compartir experiencias culturales y difíciles con gente de todo el mundo.

¿Alguna anécdota de esa época?

En Nepal teníamos planeada una visita a una comunidad muy alejada; eran varias horas de avión y luego 10 horas por carretera. Cuando llegamos, tenían organizada una ceremonia como si fuéramos jefes de Estado: éramos los visitantes más importantes que habían llegado en mucho tiempo.

¿Cuál es la decisión más difícil que ha tomado en la vida?

Irnos de Indonesia. Llevábamos allá dos años, pero el arranque fue bastante difícil. Como esa decisión fue tajante, tocó dejar amigos y esos vínculos que son tan difíciles de construir.

¿Cuál diría que es la mayor injusticia?

Algo que me impacta es ver un país tan rico en muchas cosas y con tantas desigualdades en otras.

En una institución históricamente dirigida por hombres, ¿cómo se pone el toque femenino?

Hay mucha influencia de mujeres en el trabajo de la Cruz Roja. A nivel directivo, lo veo como balancear esos roles que se creían que son naturales de género y poner en la mesa ciertos temas que antes no se tocaban.

¿Cuáles son sus metas a futuro?

Empezar una familia; tengo esposo, pero he estado ocupada. Y en cuanto a metas profesionales, continuar trabajando por los más vulnerables.

¿Qué otras actividades realiza?

Deporte. Mi favorito son las carreras atléticas. Trato de hacer maratones, pero no tengo todo el tiempo para entrenar. Me gusta leer, el cine, la fotografía y viajar. Me gusta todo (risas).

¿De dónde viene el gusto por las carreras?

Siempre hice deporte en el colegio y después, en la universidad, cambié los hábitos y me volví sedentaria. Hace unos diez años, gracias a una amiga, compré unos tenis y empecé. Me encanta la experiencia meditativa, es muy relajante, es un reto contra uno mismo.

¿Ha ganado alguna?

Quedé de tercera en una 10K en Santa Marta, pero terminar una maratón completa, 42 km, es un gran triunfo, así como hacerla de nuevo al otro año y terminar con mejor tiempo.

Y la fotografía, ¿de dónde sale?

Siempre tuve interés en el arte. Dije: “Voy a estudiar música y arte”, y mi papá dijo: “No, estudie algo porque no la voy a mantener toda la vida” (risas). Cuando empecé a viajar era difícil sentarme a pintar, así que me dediqué de lleno a la fotografía, me metí a varios cursos.

¿Cuál es la foto que más recuerda?

De Indonesia, una foto donde está el “chacho” del pueblo, con gafas oscuras, cadena, fumándose un cigarrillo. Es una foto en primer plano y el mercado está atrás.

¿Qué es lo más extraordinario que le ha sucedido?

Estar sentada en Nueva Zelanda al borde de un lago con las montañas cubiertas por nieve. No había una sola persona alrededor.

¿Y lo más divertido?

Mi matrimonio. Me la pasé payaseando en vestido de novia. Estaba al final despeinada, con el maquillaje corrido, y como la cola del vestido era muy larga, mi hermano decidió meterla en el escote de atrás. Parecía una ardilla.

¿Cómo conoció a su esposo?

En Inglaterra. Trabajábamos para la misma compañía, él era mi jefe. Lo invité a salir y dijo que sí; le mandé un email. Cuando salimos, fue amor a primera vista.

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