'Lo mejor de nuestra literatura es su ingenuidad'

Ganadora en 1999 del Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo con su obra ‘Silencio de neón’, vuelve al ruedo con un libro de cuentos, una novela y un guion cinematográfico.

En medio de cuentos y más cuentos, novelas, poesías, al fin historias; Lina María Pérez nos contó el cuento bien contado. / David Campuzano -El Espectador

¿A qué edad supo de su talento para la escritura?
Desde que empecé a escribir sin escribir. Imaginando nuevos cauces a los cuentos que me leían mis padres.

¿Siempre ha estado sumergida en el mundo de los libros?
Libros, siempre libros. Mi mamá no hablaba mucho, siempre estaba concentrada en uno. Guardo esa imagen de fervor por la lectura como algo muy significativo.

¿Cuáles fueron sus primeros libros infantiles?
Recuerdo especialmente mis asombros ante los cuentos de Las mil y una noches. Y las historias de los héroes medievales. Mi necesidad de narrar surgió con el encantamiento con diversas narrativas, no sólo las de los libros. Fueron muy importantes las radionovelas que oía con la niñera y el cine, que era un plan casi semanal de la familia.

¿Hubo un protagonista especial de una novela que le hubiera robado más de un suspiro?
Melquíades, el mago. En él recae toda la responsabilidad narrativa de los cien años de soledad de la familia Buendía con los manuscritos indescifrables.

¿A qué edad escribió su primer cuento y cuál fue el tema?
A los quince años. Gané un premio en el colegio en la clase de filosofía. Una fábula en la que Don Quijote de la Mancha y Einstein se encuentran para hablar de sus contextos.

¿Qué cuento cree que la “graduó” de escritora?
Silencio de neón me apasionó durante mucho tiempo con el triángulo amoroso que se resuelve fuera de la convención. Fue mi primer cuento en computador y me liberó de la máquina de escribir.

¿Es la literatura su mejor forma de entender la vida?
No sé si la vida hay que entenderla. Sólo sé que con el primer café a las 5:00 a.m. empiezo a darle sentido a esa cosa que fluye hora tras hora y hay que llenar con los mejores impulsos. Mi disciplina de escritura me aparta, en un pacto de soledad y silencio, de cosas quizás “importantes” y más útiles, pero me da más disfrute.

¿Cuál ha sido su mayor experiencia con la literatura?
La escritura de mi novela Mortajas cruzadas, siete años explorando el género y haciendo una reflexión en tono de divertimento negro sobre la muerte. Pasó casi desapercibida, pero en mi patrimonio literario la aprecio por la experiencia que me dejó.

¿Qué es lo mejor que tiene hoy la literatura colombiana?
Somos muchos escritores en busca de que se nos lea, de que se produzca una crítica que, a su vez, multiplique lectores. Las novelas, los libros de poesía, las colecciones de cuentos se restringen a guetos, a la mirada de la academia, a las reseñas de las carátulas. Lo mejor que tiene nuestra literatura es que es ingenua y sigue reproduciéndose en busca de lectores.

¿Qué debe hacer el Gobierno para que el hábito de la lectura no decaiga?
Son alarmantes los índices de comprensión de lectura. Y ni qué decir de los de escritura. Llenar los estantes de las bibliotecas escolares con libros no es suficiente, si no se acompaña con un énfasis muy vital y lúdico de lo que significa la lectura como herramienta y como puerta a los territorios estéticos de la palabra.

¿Las ferias del libro ayudan a la lectura o a fortalecer los abrazos entre los amigos?
Como se hacen aquí, me ahogan. Yo propongo una feria de literatura donde ésta sea la protagonista, en un ámbito casi de monasterio, donde haya una reflexión crítica en torno a ella y una gran galería de libros que propongan lecturas profundas, si se quiere, superiores.

¿Qué libro tiene listo para publicar?
Un libro de cuentos y una novela, ambos inéditos. Y estoy escribiendo un guion cinematográfico basado en uno de mis cuentos.

 

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