Misteriosa y reveladora

‘El maestro del Prado y las pinturas proféticas’ es un libro que, según el autor, “está pensado para cautivar a quienes nunca se han sentido atraídos por el arte y para deslumbrar a quienes lo conocen bien”.

“Quería escribir un libro en el que lo que se contara fuera más importante que cómo se contara”, dice Javier Sierra. / Cortesía José Manuel

¿Cómo empezó su vida con los libros?
La primera vez que elegí yo solo un libro fue a los 8 años, cuando me saqué mi primer carné de biblioteca. Todavía recuerdo la emoción de descubrir una casa entera llena de cuentos...

¿Primero fueron los libros y luego la afición por la pintura?
El ser humano comenzó a pintar hace 40.000 años, mucho antes que aprendiera a escribir. De niños repetimos ese esquema: dibujamos antes de redactar. Y yo no fui una excepción.

¿Qué es lo que tanto llama la atención del Prado?
Que casi ninguno de sus cuadros fue pintado pensando en que un día se expondrían en un museo. Fueron concebidos para contar historias, para conmocionar, y algunos incluso para comunicar el alma del espectador con el más allá.

¿Cómo surgió la idea de tejer una trama sobre el museo?
Existen muchas novelas que transcurren en el Museo Británico o en el Louvre, pero no había ninguna que se desarrollara en el Prado, y siendo la pinacoteca más importante del mundo, me parecía una injusticia.

¿Qué es lo más difícil cuando se tiene una idea y aún no la estructura para hacer un libro?
La renuncia. Al empezar a escribir dejas de lado escenarios, personajes e ideas que no encajan con el ritmo de lo que estás escribiendo. Renunciar a ellos es lo más duro del proceso creativo. 

¿Qué dificultades sorteó en la redacción inicial del libro?
Quería escribir un libro en el que lo que se contara fuera más importante que cómo se contara. Y decidí hacerlo sin artificios. En mi trama no hay robos, ni asesinatos, ni falsificadores, ni ninguno de los tópicos del género. ¡No los necesitaba la obra! Pero dejarlos de lado fue todo un reto para mí.

¿Cuánto duró en el proceso de redacción y revisión final? 

El libro fluyó de un modo extraordinario. Casi a borbotones. Incontenible. En apenas siete meses había concluido completamente el trabajo.

¿Es un libro para todo tipo de lectores o para los más cercanos al mundo de la pintura?
Está pensado para cautivar a quienes nunca se han sentido atraídos por el arte y para deslumbrar a quienes lo conocen bien. Creo que no deja indiferente a nadie.

¿La mayor satisfacción fue haber logrado una trama cautivante?
No. Fue haber conseguido plasmar la idea de que el arte no nació buscando la belleza, lo estético, sino que surgió como parte de un profundo proceso de búsqueda espiritual.

¿Aunque no es un trabajo de detectives, paciencia, mesura, suspenso, análisis, hay de todo un poco?
Si tuviera que ponerle una etiqueta, quizá recurriría a “Novela de búsqueda”, así, con mayúsculas.

¿Tiene entre manos otro libro con una estructura cercana?
El maestro del Prado desemboca en un curioso ultimátum. Es una llamada a ese hombre que un día me enseñó a “leer” en el arte. Si apareciera, o surgiera alguna pista de su paradero, escribiría una segunda parte con un tempo parecido. Quién sabe.

¿Cómo lo han recibido en Colombia?
El lector colombiano tiene una mente muy abierta, es curioso e incisivo y ha recibido mi obra con una calidez que me conmueve. No lo considero lector, sino cómplice de mis argumentos.

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