'Moldeo mis personajes como si fueran de barro'

Desde el año 98 empezaron a gestarse y ahora salen a la luz las ‘Memorias de un sinvergüenza de siete suelas’, el último trabajo de la escritora caleña.

Ángela Becerra vive hace más de 20 años en España y planea regresar a su natal Colombia. /Arduino Vannucci
Ángela Becerra vive hace más de 20 años en España y planea regresar a su natal Colombia. /Arduino Vannucci

Pasó de ser publicista por 20 años a dedicarse de lleno a la literatura, ¿cómo fue esa transición?

Llegó con la madurez. Quería dedicarme de lleno a escribir, lo hacía, pero para mí. Cada vez aquella escritura me fue ocupando más espacio y de pronto me di cuenta de que en todos esos escritos había una novela: De los amores negados.

¿Cuál fue su primer contacto con la escritura?

Mi abuelo me enseñó a leer y a escribir muy chiquita, tenía 5 años. Me regaló un día Peter y Wendy y allí descubrí un universo increíble. Me aburrían los juegos de los niños y encontré un camino donde podía pasar todo lo que imaginaba. Para mí, la escritura fue una ventana.

¿La publicidad le dejó algo que aplique hoy en la escritura?

Sí, me dejó el rigor. Es lo único que rescataría. Ir a la búsqueda de la inspiración sin esperar a que te llegue. La publicidad es trepidante, haces una campaña y al día siguiente debes hacer otra. La imaginación no se puede acabar.

¿Y lo que no le gustaba?

El estrés. La prisión. Porque la imaginación estaba al servicio de la venta y eso llegó a estar en contra de lo que sentía. En cambio la literatura es todo lo contrario, es libertad, caminar por donde quieres y como quieres.

¿Por qué ha catalogado su trabajo como idealismo mágico?

Ha quedado erróneamente atribuido a mí. Sin embargo, fue un crítico quien vio en mi primera novela, De los amores negados, el idealismo mágico. Este es un concepto que sale de un poeta alemán del siglo XVIII, Novalis, que habla del uso de la magia al servicio de las emociones. Ha salido porque mis vivencias siempre las he mezclado entre realidad y magia. Me siento cómoda en ese calificativo.

Su obra suele navegar entre sentimientos ambiguos, el presente y la esperanza, la juventud y la muerte, la paz y la venganza, ¿por qué los aborda?

Para mí el ser humano es algo maravilloso en medio de su complejidad. Somos frívolos, profundos. Nos movemos entre la luz y la sombra. Me gusta escarbar en los rincones y ver cómo una persona puede verse y ser diferente por el hecho de ser percibida por diferentes personas. Me gusta moldear mis personajes como si fueran de barro.

¿Por qué decide contar la historia del ‘sinvergüenza’ desde su funeral?

Tuve contacto con la muerte desde muy pequeña. El primer recuerdo que tengo es el de mi abuela en el ataúd. Ese impacto me quedó. La muerte hace parte de la vida y no nos han enseñado a verla como es, normal. Me ilusionó hacer un libro en el que estuviera esta persona de cuerpo presente y tener la osadía de explicar lo incómodo de estar allí metido (en el ataúd) mientras todos van desfilando para verlo.

¿Cómo sintió Colombia en esta visita, cómo la encuentra?

La veo muy optimista, vital, con empuje. Está en un despegue importante. El pulso está vibrante.

¿Regresaría a vivir a Colombia?

Sí. Es más, quiero empezar a hacer mitad de año en Colombia y mitad de año en España.

¿Qué significa para Ángela Becerra ser madre?

Es lo mejor que me ha pasado en la vida, porque el gran regalo que recibes es el poder dar sin esperar nada a cambio. Soy más feliz dando que recibiendo.

¿En qué está trabajando ahora?

Las historias son como espermatozoides que van a la búsqueda del óvulo para fecundarlo. El que corra más rápido y fecunde el óvulo, ese es el que escribo. Tengo ahora tres historias, hay una que termina siendo más recurrente y es la que está preparada para salir. Con Memorias de un sinvergüenza tenía dos historias y venía en gestación desde el año 98, hasta que salió a la luz.

Temas relacionados