La mujer que pinta rostros sin rostro

María Fernanda Cuartas recibió la condecoración de la Cámara de Representantes por el enfoque social de su obra.

Las pinturas de la caleña María Fernanda Cuartas son Neofigurativas. Al fondo,  dos ejemplares de su obra./ Cortesía Anfassa
Las pinturas de la caleña María Fernanda Cuartas son Neofigurativas. Al fondo, dos ejemplares de su obra./ Cortesía Anfassa

Su formación en arte ha sido netamente empírica, ¿por qué decidió no vincularse a la academia?

Pienso que la academia es muy importante para lo que llamamos concepto. Y tanto es así, que ahora estoy haciendo un diplomado en historia del arte en la Universidad Javeriana. Sin embargo, estoy convencida de que el arte, a cualquier nivel, es muy visceral. Sin el ánimo de invalidar otras experiencias, creo que, en mi caso personal, no vincularme a estructuras formales de aprendizaje, me han permitido no adquirir vicios.

¿Busca en otras artes para desarrollar su habilidad?

Suelo explorar en otras manifestaciones como el performance, las instalaciones, el video, el cortometraje. Sin embargo, el que más me apasiona es el caballete.

¿Cómo es su técnica?

Me apasiona el color, sobre todo los colores primarios. También el contraste cromático fuerte porque pienso que eso le da carácter a la obra y al personaje. Me introduzco en su piel para sentir como siente el personaje y transmitirlo.

La Biblioteca de Artistas de las Comunidades Europeas -BACE-, la incluyó en el libro de los 100 artistas contemporáneos más importantes del mundo, ¿cómo fue el proceso?

Después de haber hecho una serie de exposiciones en Estados Unidos, un grupo de críticos realizó un seguimiento a mi obra. Esta publicación es llevada a varios museos y galerías del mundo y de esa manera me seleccionaron en dos oportunidades que tienen vigencia en dos periodos: del 2007 al 2010 y 2010 a 2013.

Sus temáticas giran en torno a la mujer, la promoción de los valores, ¿cómo logra plasmar eso en sus pinturas?

Cuando voy a crear una nueva serie, realizo primero una investigación, por ejemplo, cuando hice Un día en la vida de Raquel, la historia real de una prostituta. Allí me involucré en su vida e indagué todo lo que le había sucedido, siendo una niña de 16 años y cómo un proxeneta la saca de Colombia con papeles ilegales.

Y en su última obra, ‘La madre historia es mujer’, ¿qué sucedió?

Muchas historias. Quise darle relevancia a mujeres que han dejado un gran legado a la historia de la humanidad: Antonia Santos, Manuelita Sáenz, Policarpa Salavarrieta, Ana Frank, Catalina la Grande.

Su trabajo se enmarca dentro del arte Neofigurativo, ¿por qué esta línea?

Después de explorar el arte abstracto en los inicios de mi carrera, fui incursionando en la figura humana y me perfeccioné en ella. El Neofigurativo no es más que la deformidad de la realidad. Aunque trato de que no sea tan figurativa ni tan realista.

Su trabajo se caracteriza por tener rostros ‘sin rostro’, ¿cómo logra la expresividad en ellos?

Precisamente ese es el sello que caracteriza mi obra. Lograr que estos rostros sin facciones transmitan sentimientos. Creo que es la fuerza que les doy, el ángulo. De esta forma, permito que el espectador, en el momento en que esté dialogando con la obra, concluya y sancione el acto de comunicación que la obra le propone en ese momento.

¿El arte en Colombia es rentable?

Me llamó mucho la atención algo que dijo el maestro Picasso: ‘Un artista después de que sea bueno, tarde o temprano sale a la luz’. El ingrediente principal es trabajar con mucha pasión, y sobre todo, ser auténticos. Nada de copiar o imitar.

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