“No fui bachiller y llegué a ser ministra de Cultura gracias a la lectura”: Elvira Cuervo de Jaramillo

La exdirectora del Museo Nacional de Colombia dice que dejó el colegio porque se casó, una decisión que no la frustró y por la que nunca fue rechazada. Hoy invita a los jóvenes a que escriban en la convocatoria que pretende ser un laboratorio del lenguaje.

Esta es la segunda edición del Concurso de Cuento Caro y Cuervo. ¿Cuáles son las bases de la convocatoria?

Será para jóvenes escritores y aficionados entre los 18 y 25 años. Colombianos y extranjeros que residan en el país y colombianos que residan en el exterior. Seguimos manteniendo el premio de los $10 millones, pero vamos a tener un segundo puesto de $3 millones y un tercero de $2 millones. La convocatoria estará abierta hasta el 13 de mayo. Para este año seremos más estrictos con la ortografía y la gramática.

¿Qué tipo de errores ortográficos o gramaticales encontraron en común?

Uno muy frecuente “bendice” con V. Por eso, lo que pretende el concurso de cuento es ser un laboratorio para ver cómo están escribiendo los jóvenes y tratar de que lo bueno sea lo que se destaque.

En cuanto al contenido, ¿cuáles fueron los temas más tratados en la primera convocatoria?

Hubo algo muy curioso, y es que los temas que surgen de las ciudades como Bogotá, Cali y Medellín son asuntos un poco surrealistas, dramáticos; mientras que en las zonas rurales hablaban del paisaje, de las costumbres. Pero lo más interesante fue que no hubo un solo cuento sobre la violencia o el narcotráfico. La gente joven no quiere saber de esos temas.

¿Cómo le va a usted con la escritura?

No he sido una escritora muy prolífica, pero sí una gran lectora. No fui bachiller y llegué a ser ministra de Cultura gracias a la lectura.

¿Cuáles fueron los primeros libros que leyó?

En mi casa había una biblioteca muy grande. Hubo libros que me prohibieron leer o escritores, como Enrique Uribe White sobre Safo de Lesbos, pero obviamente fueron los primeros que leí, a los 8 o 9 años.

¿Y ahora qué tipo de libros la consumen?

La forma de la ruinas, de Juan Gabriel Vásquez, me lo devoré en vacaciones. No sé si porque me identifico mucho con el asesinato de Rafael Uribe Uribe, que fue hermano de mi bisabuelo; con el asesinato de Gaitán, que me tocó muy chiquita en el Museo Nacional de Colombia, cuando tenía siete años; y con Kennedy, que era el ídolo de las mujeres de esa época.

¿Qué recuerdo tiene del Bogotazo?

Fue un día que no he podido olvidar, porque fue muy lluvioso, donde el cielo, en esa zona de Bogotá, era completamente rojizo por los incendios. Recuerdo con horror las escenas en ese momento: la gente realmente enfurecida con volquetas, con machetes, con serruchos; el saqueo de toda la ciudad, de los almacenes de pieles, de whisky; y los cadáveres que vi, mientras mi papá me llevaba alzada. Una escena dantesca que no me gustaría volver a repetir en mi vida. Estoy saturada de la violencia.

¿Considera una frustración el no haber terminado el bachillerato?

Nunca me gradué de bachiller, porque me casé. Fue una conexión entre el estudio, el amor y la maternidad que no me frustró. Tengo la sensación de que el cartón abre muchas puertas, pero hice política y nunca fui rechazada. Fui tres veces diputada a la Asamblea de Cundinamarca, concejal, directora del Museo Nacional y ministra de Cultura, y siempre tuve la aceptación de la gente. Por eso me siento privilegiada.

¿Cómo termina apasionada por la cultura en la política?

Por una imprudencia de mi papá. Cuando era niña me encantaba polemizar y un día me dijo que si seguía así iba a llegar al Congreso de la República, y eso  me quedó rondando. Llegué al Congreso y no me gustó, me pareció espantoso, ya estaba muy contaminado y dije que ese no era mi campo y me pasé a la cultura.

¿Cuál cree que fue su gran aporte al Museo Nacional de Colombia, después de 14 años de trabajo?

Organizar una exposición de Colombia coherente, que ya no existe, porque desafortunadamente se desmontó; la restauración del  museo que fue integral y la traída de las grandes exposiciones de Henry Moore, Picasso y Colección Rau. El Museo  Nacional se puso de moda en ese momento no sólo a nivel nacional, sino internacional.

Un error ortográfico que siempre la hace dudar.

Tengo una confusión entre la J y la G en las palabras recoger y dirigir.

Y una frase que utilice mucho.

Estoy vuelta un angarrio, que significa estoy hecha un desastre. 

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