No sólo de salsa vive el hombre

La sucursal del cielo se viste de fiesta durante ocho días en el 7º Festival Internacional de Ballet de Cali, organizado por Incolballet.

Gloria Castro, directora de Incolballet, presidirá el próximo domingo  la inauguración del Festival en la Plaza de Toros de Cali. / David Campuzano
Gloria Castro, directora de Incolballet, presidirá el próximo domingo la inauguración del Festival en la Plaza de Toros de Cali. / David Campuzano

¿Cuántas personas hay detrás de la organización del Festival?

Hoy en día Incolballet es una escuela, una compañía y un festival. La escuela tiene 430 estudiantes, la compañía un promedio de 25 bailarines y el Festival ya reúne más gente, pues toda la institución se pone a disposición de la actividad. Entran como voluntarios padres de familia, profesores, etc. Trabajamos por formar al bailarín, luego en el espacio profesional para que ellos se desarrollen y en la formación del público, que es esencial.

¿Cuál es el mayor reto que ha tenido que afrontar en la dirección de Incolballet?

Cada proyecto es un reto nuevo. Reflexionaba sobre lo difícil que es hacer un festival y todo lo que implica, con tan pocos recursos. Sin embargo una bailarina de la compañía me dice: ‘pero el año pasado fue más difícil’, y le digo: ‘no, fue distinto’. Cada año es un nuevo reto que afrontar. Unos festivales parecen monstruos y otros menos, pero lo hacemos con mucha pasión y amor.

¿Cuál es el rol de las escuelas de formación de artistas de la danza y cómo está Colombia en ese sentido posicionada?

Ha crecido, ha mejorado, pero se requiere de un proceso mucho más sistemático y muy ordenado para lograr sacar bailarines profesionalmente desarrollados. En la danza sucede lo que en el deporte: muchachos con una voluntad tremenda de superación logran hacerlo y el país los reconoce en el momento que han triunfado. En la educación artística especializada habría que prestarle más atención a la creación de escuelas especializadas.

¿Qué habría que mejorar en ese sentido?

El problema que veo en ese sentido es que una cosa es ver el arte como una herramienta social, como un instrumento que apoya realmente el desarrollo y la formación de artistas, y otra es verlo como negocio. Para ser realmente profesional y competitivo en la danza se necesita empezar mínimo a los nueve años y tener las condiciones físicas, aptitudes, persistencia. Nosotros, por ejemplo, trabajamos con niños de estratos 1 y 2 y ellos encuentran en la danza un proyecto de vida y también para sus familias.

El ballet, siendo danza clásica, ¿no es difícil de moverlo en un medio artístico que cada vez más propende por lo contemporáneo?

Es que la gente tiene en la mente una creencia errada: que el ballet, hoy en día en el siglo XXI, es lo que era el ballet tradicional del siglo XIX (Lago de los cisnes, El Quijote). Este ballet clásico nos ha enriquecido muchísimo, pero hoy en día no se deben separar esas dos categorías, porque las cosas suman, no restan. El entrecruzar la danza clásica y lo contemporáneo ha creado un nuevo lenguaje para el ballet.

¿Cómo ha sido el proceso de preparación previo a la séptima versión del Festival Internacional de Ballet de Incolballet?

La locura (risas). Es un trabajo muy arduo, terminamos un festival y a mitad de año ya tenemos compañías habladas para 2014, para 2015. Hacemos dos festivales especiales al año, que tienen un valor igualmente accesible al público.

El público caleño, siendo conocido mundialmente por la salsa, ¿cómo ha respondido a la programación de los festivales pasados?

Decir que a la gente en Cali sólo le gusta la salsa es crearles una limitación que no es cierta. La salsa nos gusta a todos, pero en el Festival Internacional de Ballet la gente asiste masivamente. Por eso nuestro objetivo es la formación del público y para eso creamos todo un espacio académico donde el historiador del Ballet Nacional de Cuba visita todas las comunas y barrios populares una semana antes del Festival, hacemos foros, los coreógrafos vienen. El año pasado tuvimos la asistencia de seis mil personas a estos espacios académicos.

¿Qué veremos especialmente en esta versión?

Este año tendremos a la compañía Débora Colquer y la Compañía Contemporánea de Cuba, ellos tienen mucho nivel, le van a llegar mucho al público con seguridad. Sin embargo, hemos visto que al público le encanta República Checa, porque los checos por naturaleza son de mucho humor. Ellos hacen obras muy simpáticas. Uno de sus mayores exponentes es Jiri Kilian, quien es de los coreógrafos más importantes en el mundo.

¿Cómo es el proceso de selección o convocatoria de los países y compañías participantes?

Generalmente como esto no es un proyecto desarticulado de lo que es Incolballet, vamos en la búsqueda de las compañías que van por una ruta de movimiento que nos interesa dar a conocer y las convocamos a que participen. Porque el Festival tiene un doble objetivo: uno abierto y otro que está por debajo: este tiene que ver con nuestro interés por el desarrollo de los estudiantes y que ellos compartan con otras experiencias: todos hablan distintos idiomas, pero se comunican en un mismo lenguaje, el de la danza, entonces invitamos compañías.

 

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