"No tomé la decisión de ser música"

Cuenta que llegó por casualidad al vallenato, género en el que empezó su carrera musical. El porro, en cambio, lo escogió y es el tema de la película ‘Porro hecho en Colombia’, escrita por ella y que se estrenará el próximo año.

Adriana Lucía dice que cuando era pequeña montaba una tarima en el patio de la casa y componía canciones con su hermano. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Cuál fue el primer contacto que tuvo con la música?

Soy de una familia de músicos. Mi padre es compositor, mis hermanos son músicos. No tomé la decisión de ser música. Jamás pasó por mi cabeza dedicarme a otra cosa.

¿Y qué percepción tenía de la música que escuchaba entonces?

Pensaba que el universo entero se movía por la música. Crecí en Córdoba, un lugar donde se les cantaba a las vacas para que caminaran, donde la gente hacía grito de monte para trabajar, donde escribían versos en poesía y en décima. Todo eso para mí era la música. Era la cotidianidad. Era y es todo.

La música le vino casi heredada, pero ¿nunca soñó con otros mundos?

Mi papá me contaba que cuando él era niño llegaban los gitanos y armaban carpas y montaban sus espectáculos. Pero yo los confundía con un circo. Y me producía una alegría enorme saber que la gente entraba allí y salía con una gran sonrisa. Entonces me ilusioné con la idea de ser contorsionista y pertenecer a un circo. Sin embargo, pronto supe que, sin importar a lo que me dedicara, había nacido para alegrar a la gente.

¿Recuerda sus pinitos en el canto?

Eran muy particulares porque yo creía, cuando estaba pequeña, que era compositora y cantante. Me comía el cuento. Entonces, en el patio de mi casa armaba una especie de tarima y junto con mi hermano, que hacía con los taburetes una especie de batería, armamos la orquesta. Cerraba los ojos y veía los públicos y a la gente aplaudiendo.

Pasó del vallenato al porro. ¿Por qué esa transición hacia un ritmo más tradicional y menos comercial?

Siempre creemos que lo comercial es light o desechable. Hablar de comercial para mí es hablar de The Beatles, Police, Juan Luis Guerra. Pero cuando uno ve a artistas como Sting explorando todo el tiempo con fusiones folclóricas e instrumentos tradicionales, sabe que lo malo no es hacer eso, sino todo lo contrario, ser irresponsable y no saber qué conecta con qué.

¿Por qué no siguió con el vallenato?

Porque llegué a él por cosas del destino, no porque lo hubiera elegido. Un día mi papá me dijo que me aprendiera un vallenato. No le hice caso y le argumenté miles de cosas para no hacerlo. Entonces me dijo que no lo hacía porque no era capaz, que eran excusas. Por lo tanto, esas palabras significaron un reto para mí y me aprendí El jerre jerre, de Rafael Escalona. Por ese tiempo buscaban a una mujer para cantar vallenato, y por ahí empezó a construirse mi carrera.

La mitad de su vida la ha pasado en Bogotá. ¿Estar en el interior no le ha hecho perder sus raíces musicales?

Todo lo contrario. Bogotá es inspiradora para mí. No podría dimensionar todo lo que es Córdoba, en términos musicales, si no la viera desde aquí.

Este último trabajo tiene un tinte flamenco. ¿Qué influencia hay detrás?

Es que nada es nuestro. Te das cuenta de que la conformación de una banda de porro tiene exactamente los mismos principios musicales de una de jazz del sur de Estados Unidos. Que allá es el Mississippi y acá el Sinú. Que a ellos les llegaron los ingleses y franceses y a nosotros los españoles. Y que un puerto como el de Córdoba, a donde llegaron árabes, es parecido al sur de España. Nuestra identidad es abierta, se alimenta de todo. De ahí que a un francés el porro se le parezca a un vals europeo.

Aparte de su sencillo ‘La canción más bonita’, hizo una película...

Nació con la necesidad de mostrar precisamente esa diversidad y todas las identidades que tenemos. Es la oportunidad de enamorarse de nuestra tierra. Se llama Porro hecho en Colombia. Fueron unos 10 años de investigación y se estrenará el próximo año en salas de cine.

Temas relacionados

 

últimas noticias