La nobleza de un malvado

Diego Vásquez, protagonista de la nueva serie, es reconocido por sus personajes de villano, pero en su interior llora cuando ve la gracia de Dios y trata de incluir el humor en todos sus personajes.

El ibaguereño Diego Vásquez, geólogo de profesión, está cerca de cumplir 30 años de carrera actoral. / Cortesía: Caracol TV

¿Qué le molesta de su personaje en “Esmeraldas”, Patricio Ortega?

Lo mismo que nos molesta a todos: su codicia, su ambición desmedida y su egoísmo.

¿Antes de interpretar este personaje le habían llamado la atención las esmeraldas?

Nunca. De hecho creo que el agua, la fauna y la preservación del medio ambiente tienen infinitamente más valor que cualquier piedra, por preciosa que sea.

En casi 30 años de carrera, ¿cuál ha sido el momento más difícil?

Creo que fue cuando me fui de Colombia. Fueron cinco años que me formaron en otros aspectos de la vida, pero a pesar de lo difícil que es casi renunciar a tus sueños, también tuve la oportunidad de aprender más sobre actuación, dirección y escritura.

Los papeles en los que interpreta al malvado son un éxito. ¿Qué tan difícil es quitarse ese estigma?

El problema no es el estigma, el verdadero problema es que te llegues a repetir una y otra vez. Ahí es donde debes trabajar como actor.

¿Le gusta más el papel de villano o el del chistoso?

Para mí el humor es la mejor forma de entrar en los espacios de reflexión. Esa es una de las cosas que procuro darles a los personajes. Sin humor no hay atractivo.

Se le considera como una persona noble. ¿Le es difícil interpretar a un malo?

Siempre entro en conflicto con las cosas malas de mis personajes, pero eso no quiere decir que por eso lo tengo que hacer mal. Al contrario, creo que es cuando mejor debo desempeñarme para transmitir el mensaje correcto.

¿Cuál ha sido el papel del que más le ha costado desprenderse?

Todos. Cada personaje es como una vida: te pones a sus pies, les das todo lo que tienes y luego te despides de ellos y te quedas literalmente desocupado por dentro.

Después del éxito de “La pasión de Gabriel”, película que escribió, ¿ha vuelto a crear?

Sí, no tanto como quisiera, pero me gusta saber que cada vez tengo más necesidad de escribir.

Estudió geología. ¿Cómo se complementa con la actuación?

Tienen en común que parten de la imaginación y requieren capacidad de observación, análisis, método y hasta cierto riesgo. Estos procesos creativos te llevan a los objetivos planeados aunque los resultados no tienen nada en común.

¿Qué lo hace llorar?

Cada vez que veo la gracia de Dios en mi vida me pongo a llorar como un niñito.

Su hijo es muy importante para usted. ¿Cuál es el regalo más grande que él le ha dado?

Cada vez que me dice: “Te amo, pa”.

Fue velocista. ¿Cómo le va ahora con los deportes?

Sólo los practico recreativamente. Ya no me importa ganar, sólo jugar y desafiar a los rivales para ver cómo son de verdad.

¿Qué le saca el mal genio?

La falta de civismo, sobre todo de los conductores en Bogotá.

Su mayor defecto.

Soy irritable.

¿Qué es para usted la fama?

Un sitio donde venden carne de res cruda.