Norberto, estilista por vocación

Confiesa que, después de años de trabajo, por fin le queda tiempo para cuidarse y descansar.

Para Norberto, el estilista nace, no se hace. / Cortesía

¿Desde cuándo quiso ser peluquero?

Desde muy pequeño. Siempre quise serlo porque considero que uno nace destinado para lo que va a ser. Tuve la suerte de tener esta profesión, de nacer para ella. Me siento muy orgulloso porque no sólo lo hago bien sino que, además, me ha ido muy bien.

¿Dónde aprendió el oficio?

Aprendí solo. Como le decía, uno nace con ciertos talentos en la vida y, en mi caso, siempre tuve un gusto natural por la peluquería. Cuando a uno le gusta algo puede aprender, como les pasa a los arquitectos y a los ingenieros, pero siempre va a haber una parte que viene con uno. Se puede estudiar mucho, pero uno sabe lo que uno ya sabe.

¿Cuál cree que ha sido la clave de su éxito?

Eso me lo ha preguntado todo el mundo y muchos lo saben en Colombia. Las claves de mi éxito son las ganas de trabajar, la honradez, la calidez, la energía y el perfeccionismo.

¿Qué es lo más grato de estar detrás de la imagen de tanta gente?

A cualquier persona le gusta que lo admiren y que lo respeten. Yo soy una persona gay y, aunque en Colombia y en muchas partes del mundo nosotros sufrimos la discriminación y el rechazo, soy como los amigos de Lady Di, que, como son finos y tienen clase, toda la gente los quiere. Si tuviera que volver a nacer escogería ser la misma persona, porque vivo encantado de la vida como soy.

¿Cuál es la parte más complicada de su trabajo?

Lo más difícil, a veces, es trabajar con mucha gente, porque uno quiere que las cosas salgan perfecto. En cualquier profesión, así se trate de médicos, cirujanos o decoradores, la gente es imperfecta. A pesar de eso, yo no puedo con la gente que no se exige para hacer las cosas de la mejor manera posible.

¿Su trabajo es muy absorbente?

Es muy demandante porque requiere que uno siempre esté disponible en el momento en que los clientes lo necesitan. Aunque debo admitir que, últimamente, me queda tiempo para hacer otras cosas, lo que no me sucedía hace años. Estoy sacando tiempo para cuidarme, para ir al médico y al dentista. Ahora también puedo ir al gimnasio y descansar en mi casa los domingos. En este momento vivo menos preocupado por el trabajo.

¿Cómo va a celebrar el Día del Peluquero?

La parranda le gusta mucho a Antonio, mi compañero. Este año, por idea de él y como gesto de agradecimiento a los muchachos que trabajan con nosotros, vamos a hacer una gran fiesta en La Calera. Va a haber fuegos artificiales y algunos invitados especiales, pero sobre todo va a ser un evento muy familiar.

¿Qué le recomienda a alguien que empieza como peluquero?

Siempre lo he dicho y mañana lo voy repetir en unas palabras que tengo preparadas para los muchachos: lo más importante en este negocio es transmitir mucha energía en lo que se hace. Parte de esa energía viene con uno. A veces quisiera cantar como Juan Gabriel, pero, cuando no se nació para eso, simplemente no se puede. Con los peluqueros pasa lo mismo. Las personas llegan al mundo con ese talento, pero, además, hace falta ser muy prudente y tratar de permanecer estable.

¿Cómo se ve en unos años?

Lo estuve pensando en estos días: me voy a ver igual a como estoy.

¿Qué tanto importan las apariencias en Colombia?

Son importantes, no sólo en Colombia sino en el mundo entero. Si uno está en los lugares que son y se rodea de la gente correcta, la vida se vuelve muy grata.