Óscar Montes presenta 'El cacique de La Junta'

El periodista deja ver un artista adorado por los suyos pero con una capacidad de autodestrucción como pocos.

Óscar Montes dice: “Cada historia que escuchaba, especialmente de sus fanáticos, era más inverosímil que la anterior”. / Josefina Villarreal

¿A qué edad pensó en que quería ser periodista?

Desde muy niño. Casi desde el mismo instante en que comencé a comprender e interpretar lo que leía y que eran fundamentalmente textos periodísticos, cerca de los 7 u 8 años.

¿Quiénes fueron sus referentes?

Juan Gossaín, Germán Castro Caycedo y Henry Holguín, todos memorables. De Gossaín el triunfo de Pambelé por el título welter jr. en Ciudad de Panamá, de Castro Caycedo la masacre de indios en los Llanos Orientales y de Holguín la aparición de la machaca. Ese fue mi primer contacto real con las crónicas y los reportajes.

¿Cómo fueron sus primeros pinitos en este hermoso oficio?

Como estudiante de periodismo. Escribí unos artículos sobre costeños que se destacaban en Bogotá, entre ellos Rafael Escalona, David Sánchez Juliao y Manuel y Delia Zapata Olivella, con quienes hablé personalmente.

¿Cree que tiene más alma de reportero que de periodista nato?

No concibo el periodismo sin reportería. El buen periodista es buen reportero. La información la obtiene aquel que tenga mejor olfato, oído, ojos y paladar.

¿Qué área del periodismo le llama más la atención?

Lo importante es que haya un cuento que contar. Obtener la mayor cantidad de información posible, procesarla y hacerla digerible para los que la consuman. Se trata de no indigestarlos y que queden con ganas de repetir plato.

¿Cómo ha sido su experiencia publicando libros con otros colegas?

Excelente. Con Édgar Téllez y Jorge Lesmes escribimos a seis manos y el ejercicio resultó gratificante. Siempre es bueno escuchar otras voces a la hora de sentarse a escribir.

¿Por qué decidió escribir sobre Diomedes Díaz?

Es un personaje con todos los componentes de luz y oscuridad. Era imperdonable no abordarlo desde el punto de vista estrictamente periodístico. Hay que conocer las dos caras de la moneda.

¿Es una biografía descarnada sobre el cantautor o es algo más humano sobre su vida?

Lo dicho. Es una historia descarnada en la medida en que su vida tuvo períodos descarnados y si se quiere crueles. Pero también es una aproximación muy humana al artista que —creo— tuvo la capacidad y la habilidad de contarnos y cantarnos su vida.

¿Cree que tuvo una vida exageradamente desordenada: alcohol, drogas, sexo, violencia, éxitos?

Todo en su vida fue desmesurado. No hubo nunca términos medios. Un artista marcado por los excesos en todo sentido. Las cifras de ventas que alcanzó difícilmente pueden ser superadas, así como su producción musical, que es excepcional en todo sentido.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades en la construcción del libro?

No perder jamás la capacidad de asombro. Cada historia que escuchaba, especialmente de sus fanáticos, era más inverosímil que la anterior.

¿Quedaron algunos aspectos por fuera del libro?

Así es. Hay historias que merecen cada una de ellas un mayor desarrollo, sea desde el punto de vista periodístico o literario.