Paco Muro y sus ‘cuentos empresariales’

Aunque el analista español busca mejorar la conducta de directivos y empleados, dice que el libro que más lo emociona fue el que escribió de literatura fantástica infantil-juvenil.

Paco Muro estuvo en Colombia hablando de sus libros y de cómo ser un buen empresario. / Cortesía: Otto Walter Internacional

¿Cómo surgió la idea de publicar un libro como ‘El pez que no quiso evolucionar’?

De casualidad. Solía colaborar con el principal diario económico de España con algunas historias y fábulas empresariales y un día me propusieron y animaron a publicarlas en un libro. Lo hice convencido de que sería algo para regalar a los clientes y mi sorpresa fue que se convirtió en un best-seller traducido incluso al chino.

¿Por qué creemos tercamente, siendo profesionales, que ya lo sabemos todo y no queremos seguir evolucionando?

Evolucionar no es una opción en el mundo profesional actual, es una obligación. Cuesta porque uno mismo es muy reacio al cambio.

¿Ese libro va dirigido a todo tipo de empleados?

En este libro cada persona encuentra su mensaje, porque hay casos y frases con las que se puede sentir identificada. Como dijo el presidente de Heineken, que hizo el prólogo de la primera edición: “Este libro demuestra que no hacen falta 400 páginas para tener un buen puñado de ideas y reflexiones potentes”.

¿Y para qué personas es el libro ‘El arte de la imprudencia profesional’?

Para cualquier profesional que tenga inquietudes y busque respuestas. Y muy especialmente para todos los que dirigen personas y empresas, que verán multitud de situaciones e ideas reconocibles que espero les sean útiles.

¿Ser imprudente también significa un tanto de inmadurez en el oficio?

Pues puede ser, pero también viene de inmadurez personal o de inmadurez directiva. La experiencia convertida en aprendizaje continuo se convierte en talento, ayuda a crecer y madurar. La experiencia sin más es sólo antigüedad.

¿A qué edad empezaron a aparecer los libros en su vida?

En 1987, cuando trabajaba en una empresa que tenía unas modernas computadoras, una compañera escribió una frase, algo como “Era una oscura y lúgubre noche y en el bosque...”, no pudo escribir más porque la llamaron. Aquella frase quedó centelleando en la pantalla, no pude resistir la tentación de continuarla y para mi sorpresa el texto cobró vida, aparecieron personajes, una trama y salió mi primer cuento. Ahí apareció la escritura en mí.

Antes de su mundo empresarial, ¿hubo otros temas que lo cautivaron?

Siempre me gustó eso de formar y ayudar a otros a mejorar, y finalmente pude juntar la vocación con el negocio. Hace 20 años fundé mi empresa, Otto Walter, y ya no hay sacrificio en el trabajo: ¡Todo es diversión!

¿Qué es lo más complicado del mundo profesional?

Ser profesional. Esto es, estar a la altura de lo que los demás necesitan y esperan de uno. Ya seas jefe o empleado, la profesionalidad implica hacer lo correcto, todas las veces y a la altura de lo esperado. Esto que es tan fácil de decir resulta muy difícil de hacer, y aún más difícil de ver.

¿A qué es lo que más temen los profesionales en su desarrollo?

A admitir que necesitan mejorar. Los profesionales evitan afrontar la faceta profesional, la del trato con otros, la de dirigir personas y vender, hay que aprenderla después, cuando uno ya tiene experiencia para entender las mil y una complicaciones que hay entre la teoría que uno aprendió y la realidad del día a día.

¿Ha publicado libros con temas diferentes?

El libro que más me emociona es el que surgió de aquel primer cuento, que acabó siendo un libro de literatura fantástica infantil-juvenil, se llama En busca del reloj de arena y sólo se encuentra en versión digital. Con él descubrí que podía plasmar en palabras ideas para entretener e inspirar a otros. Quizá sin esa primera historia no hubieran nacido después los otros “cuentos empresariales”.