“Pa’l centro y pa’ dentro”

Patrick Delmas, uno de los escritores y actores de la obra, se define como una persona miedosa y tímida, recuerda como su abuelo quería hacerlo famoso en el metro de París y habla del ‘casting’ que rechazó por ética.

El francés Patrick Delmas llegó hace 19 años al país, ya se nacionalizó como colombiano y constantemente aprende expresiones de nuestra cultura. /Gustavo Torrijos

¿Qué fue lo más difícil al escribir el guion de “Pal centro y pa dentro”, con Fernando Arévalo?

No reírnos. Cuando le presenté a Fernando el primer borrador le faltaba un poquito de picante y maldad, y fue lo que le puso él, el humor típico colombiano.

¿Qué es lo más extremo que ha hecho por su trabajo?

Cada papel para mí es un salto al vacío, y actuar en otro idioma ha sido lo más extremo. Cuando llegué aquí no hablaba español, pero es ese miedo que siento lo que me motiva a asumir siempre un riesgo con cada personaje.

¿Cuál es su mayor miedo?

Odio los aviones, pero no me dejo vencer por eso. Dependiendo de la hora, me ayudo con un whiskey o con unas pastillas que tengo. El otro es común entre los actores, perder la memoria frente al público.

¿En qué momento ha olvidado algún guion?

Recuerdo mi primer papel profesional, fue un clásico francés, El Cid, de Pierre Corneille. Este es un texto que cada francés aprende en la escuela, por lo menos se saben los diez primeros versos. Cuando lo interpreté tenía 22 años, eran 40 versos, y se me olvidó una frase frente a los 15 actores que me estaban viendo. Rápidamente me vino una palabra que tenía el mismo número de sílabas que la que olvidé y rimaba, pero no tenía nada que ver. El susto fue grande.

¿Cómo controla sus nervios en escena?

Como actor soy muy miedoso, no me gusta la tensión que hay antes de los estrenos, porque finalmente no estás actuando, estás es escondiendo el miedo y eso no es agradable. Con las funciones me voy soltando. En Pa’l centro y pa’ dentro, cuando me vienen esos miedos, me fijo en los ojos de Fernando y poco a poco vuelve la concentración.

Charles, su personaje, tiene los miedos que usted sintió cuando llegó a Colombia. ¿Qué ha sido lo más extraño que ha visto de nuestro país?

Cuando conocí a mi esposa estábamos filmando un seriado francés y estaba lloviendo, ella lo que hizo fue poner un tenedor, un cuchillo y una vela. Se me hizo rarísimo, y pensé: me tocó una bruja pero brava. Después supe que esto se hacía para que no lloviera (risas).

Su abuelo, también actor, tenía un plan para hacerlo famoso, ¿cuál era?

Mi abuelo me decía: “Sacamos una foto tuya divina, con buena luz y la ponemos en el metro de París y escribimos: “Muy pronto en la televisión”. Esto lo hacemos todos los días y te aseguro que alguien te va a llamar para saber quién es el tipo que está poniendo fotos en el metro”, aunque a mí eso de la fama nunca me ha interesado, quizá le habría funcionado (risas).

¿A qué papel le ha dicho que no?

Nunca pensé que como actor fuera a rechazar una propuesta de un papel en un casting, pero en El laberinto de Alicia me propusieron hacer el del policía y el del abusador. Por primera vez en mi vida dije que no podía hacer un papel de un pedófilo, fue una sorpresa para mí hacer esto, pero sentía que no podía estar meses en la psicología de un abusador.

Una crítica que lo haya marcado.

Cuando estudiaba hice, en una obra de Shakespeare, de rey. Mi profesor de teatro era muy famoso en Francia, y después de verme hacerlo con todo el cliché del mundo me dijo: “Patrick, un rey se saca las güevas, lo que te hace rey es la mirada de los demás”. Ahí entendí que quería que rompiera con ese cliché y eso fue fundamental en mi carrera.

Un dicho colombiano.

Hace poco Fernando me enseñó: “El que vio, vio, y el que no se jodió”. Él también me ha ayudado a entender sus dichos, porque me explica las circunstancias y después los voy usando, así voy captando su humor y, cuando estoy en confianza, soy bastante tímido, me suelto más.

El día más triste de su vida.

La muerte de mi madre, yo era muy joven, tenía 20 años.

¿Qué extraña de Francia?

Con los años, menos cosas. Tal vez mis amigos y la comida. En mi familia todos los fines de semana solíamos comer una bandeja con frutos de mar. Ahora cada que voy a París me como una.

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