A paso fino

El español celebra hoy sus 25 años de alternativa en la plaza de toros Marruecos de Puente Piedra, en Madrid, Cundinamarca.

Pablo Hermoso de Mendoza en la finca Caballo Bayo con Dalí, uno de sus compañeros de faena. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Qué verán los asistentes a la plaza en la celebración de sus 25 años de alternativa?

Todo está listo para que vean un gran espectáculo. Una gran ganadería, como la de Ernesto Gutiérrez, y un gran cartel con dos de los toreros jóvenes con mejor proyección de Colombia, Juan Solanilla y Sebastián Ritter, y por supuesto mi cuadra de caballos, donde está lo mejor de ella.

¿Qué le diría al alcalde Gustavo Petro para convencerlo de que vuelvan los toros a la Santamaría?

Que respete la voluntad de las personas a las que pretende representar y a las que sólo les reprime sus gustos, y sobre todo que piense en los bogotanos que posiblemente darían de comer a sus familias con base en las corridas.

En Colombia se dice que el toreo se ha convertido en un espectáculo de élites. ¿Estaría dispuesto a rebajar sus honorarios?

Cuando la situación económica es tan crítica, naturalmente que estoy dispuesto a rebajar los honorarios.

¿Es cierto que su famoso caballo Cagancho estuvo a punto de ser vendido a un hacendado colombiano, pero usted no aceptó la oferta?

Sí, a mi casa llegaron unos señores, que no eran colombianos, pero que me dijeron representar a alguien de este país, aunque nunca me dijeron su nombre o profesión. Me pusieron delante un cheque en blanco para que le pusiera la cantidad, a cambio de quedarse con Cagancho.

En diciembre murió en Colombia otro de sus caballos famosos, Chenel. ¿Qué tanto lo impacto está perdida?

Fue un palo tremendo, por lo que supone su pérdida dentro de mi equipo equino, pero sobre todo porque siento que me quedé en deuda con él. Un caballo tan mediático, tan importante en el toreo a caballo, se merecía una despedida del público a lo grande y no llegué a tiempo para ello.

¿Cómo se llamaba su primer caballo?

Era un pony y se llamaba Morico. Me acompañó por cinco años. Y en mi carrera de rejoneador el primero fue Cafetero.

Su plaza favorita.

Quedarme con una plaza es imposible, pero sí puedo decir que me encantó y me sentí a gusto con el público de la Santamaría de Bogotá.

Después de más de 2.000 actuaciones, ¿cuál ha sido el momento más complicado de su carrera?

Un día en Madrid, cuando un toro prendió mi caballo Patanegra y lo cornéo gravemente. Aunque yo había sufrido algunos percances ese día, con mis caballos nunca había tenido uno de tanta importancia. En esos momentos se me pasó por la cabeza abandonar esto, pero afortunadamente el caballo se salvó y volvimos a estar arriba.

¿Qué actividades realiza cuando no está preparándose para el ruedo?

Hago deporte, y desde hace como cinco años practico yoga, que ha sido todo un descubrimiento para mí.

¿A qué santo se encomienda?

Me gusta besar una imagen de la Virgen de Guadalupe que llevo en la camioneta, y la pulsera de san Pablo que llevo en la muñeca.

¿Por qué prefiere el color azul en sus trajes?

Me gusta el azul mar, azul cielo. Me recuerda mi infancia en la sierra de Urbasa, en Navarra, donde los cielos eran así de azules.

¿A qué le teme?

A que llegue un día en que no pueda montar a caballo.