"La paz es un mejor negocio"

La periodista asegura que con los $7,54 billones que se destinaron como recursos extraordinarios para el sector de defensa, durante el gobierno de Uribe, se podrían tener alrededor de 180 nuevos hospitales de nivel 1, 2 y 3 en el país.

Desde el Politécnico Grancolombiano, institución educativa donde Juliana Castellanos Díaz ejerce como docente. / Luis Ángel - El Espectador

¿Cuánto le llevó el proceso de recolección de la información?
Tardé un año trabajando todos los días.

¿Cuál es el rango de tiempo que comprende la investigación?
Yo miro las políticas más importantes de los últimos tres gobiernos. Es decir, son 10 años, desde 2002 hasta 2012. Parto del primer gobierno de Uribe, porque es uno de los momentos en que más dinero se invirtió en el conflicto armado, por la política de seguridad democrática. Aquí se dio el pico más alto, cuando se invirtieron $7,54 billones, como recursos extraordinarios, en el sector de defensa.

¿Cuáles fueron las fuentes principales?
El Ministerio de Defensa, todas las áreas de la fuerza pública, la Agencia Colombiana para la Reintegración de Personas, la Defensoría del Pueblo y casi todas las instituciones que tienen relación con el conflicto armado colombiano.

¿Cuáles son los aspectos claves para invertir en lo social y no en la guerra?
Dejar de invertir en la guerra en medio del conflicto armado es muy difícil. Lo que el libro pretende con estas cifras no es sólo mostrarlas y decir cuánto nos gastamos en la guerra, sino reflexionar sobre la necesidad de que el conflicto se acabe para que ese dinero, que es tanto, se invierta en otros frentes en los que el país está atrasado, como en vías, hospitales, educación, ciencia e investigación.

En un escenario de posconflicto, ¿tendríamos que seguir hablando de un rubro destinado para la guerra?
Claro. No estamos diciendo en el libro que desaparezca el Ministerio de Defensa. Otros ministerios podrían tener prioridad. Este es un país que necesita que otros frentes tengan prioridad económica para que puedan salir adelante.

¿Qué impacto buscaba en los lectores?
Quería saber cuánto se invertía en el conflicto armado. Una de las críticas que he recibido es que los costos del conflicto son sociales y eso no tiene discusión. Pero los colombianos no sabemos a dónde van nuestros impuestos en un país que tiene un conflicto armado. Yo creo que falta más conciencia sobre cuánto le está invirtiendo el país al conflicto armado, para que sepamos que la paz es un mejor negocio. Y en este caso la paz también nos va a costar.

¿Por qué la paz es mejor negocio que la guerra?
Es algo que todavía no podemos calcular, porque implicaría toda la reinserción de los desmovilizados y la reivindicación del Estado con las víctimas. Creo que se va a superar el rubro que Santos destinó ($54 billones de pesos), porque van a aparecer muchas víctimas si se firma la paz.

¿Qué reacciones ha recibido desde la publicación del libro?
Son reacciones positivas. A la gente le parece interesante conocer cuánto invierte el Estado en la guerra. También, siento un reclamo sobre la necesidad de incluir los otros costos, aparte de lo invertido por el Estado. Seguramente empezaré a trabajar en eso para el otro año.

¿Qué tanto se ha escrito sobre este tema en el país?
Hay algunas investigaciones importantes. No se hace mucho, porque cuantificar la guerra es muy difícil. Además de los $220 billones que le ha costado la guerra al país, hay una cantidad de cifras que son incalculables y —no sé si esta palabra exista— ininvestigables.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades en el proceso?
El Estado no entrega toda la información, porque el conflicto va desde cosas muy mínimas hasta cosas muy macro. Yo podría decir que lo macro está en el libro, pero lo mínimo lo saben las víctimas. Cuánto le cuesta a un campesino irse de su tierra, dejar su finca, sus animales y venirse a la ciudad a pedir limosna. Todo eso hace parte de los costos de la guerra.

¿Cuál es su propuesta?
Establezco un escenario hipotético. Si no existiera el conflicto armado, esos recursos nos habrían servido para construir 180 hospitales de niveles 1, 2 y 3. Santos estipula alrededor de $77 billones , que significarían 100 mil viviendas de interés social.

 

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