'Poesía política sigue vigente'

Ha escrito 30 libros, no sólo de poemas sino también novelas, ensayos, cuentos y literatura infantil. Viene ‘El laberinto’.

José Luis Díaz-Granados, 67 años, el martes pasado en un recital de poesía política en Bogotá. / Andrés Torres – El Espectador

Muy pocas personas pueden decir que han tenido una relación de 70 años con Gabriel García Márquez, según dijo sobre usted Margarita Vidal. ¿Cómo condensó eso en ‘Gabo en mi memoria’ (Ediciones B)?

Creo que ella magnificó el itinerario. Sólo son 50 años de amistad y cercanía. Utilicé la técnica del iceberg de Hemingway, dejando fuera lo superfluo.

¿Cuál es su parentesco con Nicolás Márquez, el abuelo del Nobel de Literatura?

Nicolás Márquez fue padre a sus 17 años de José María Valdeblánquez, mi abuelo materno.

¿Su relato ‘Un día antes del viaje’ es un homenaje a eso?

Sí. Es el primer texto en el mundo dedicado a Gabo, inspirado en mi abuelo (que también fue coronel) y una especie de homenaje a Un día después del sábado.

También coincidió con Gabo como escritor primerizo de cuentos en el ‘Magazín Dominical’ de El Espectador.

Sí. Él en 1947 y yo en 1959.

¿García Márquez y Mercedes Barcha saben de este libro?

Sí, claro. Gabo decía que yo tenía memoria de arqueólogo y Mercedes, que anotara todos mis recuerdos.

¿Cuándo y dónde fue la última vez que se vio con el Nobel?

En Cartagena de Indias, en marzo de 2007, cuando celebró sus 80 años de vida.

¿Qué sabe de su salud?

Salud física, perfecta. Memoria, variable. Sin embargo, recordaba muy bien la poesía de los españoles del Siglo de Oro.

¿Pertenecer a la llamada Generación sin Nombre hace de usted uno de esos escritores cuyo talento y obra son reconocidos sólo en círculos intelectuales por culpa de la fama de Gabo?

En parte sí, porque somos la primera generación de poetas colombianos que escribieron novelas.

¿Qué tanto los afectó el ‘boom’?

No, para nada. El éxito es una cuestión relativa. El escritor auténtico no piensa en eso.

¿Una anécdota que no le cupo en el libro?

Gabo me decía que Carpentier y Cortázar no se la iban bien. Cuando alguno de ellos lo llamaba por teléfono, Gabo no podía identificarlos porque hablaban con el mismo acento en la erre. Entonces se limitaba a decir: “Hola, maestro”.

¿Cuál fue la parte más compleja?

La de la estancia cubana, porque había mucha conversación política y confidencialidad.

¿Hay algo que no se publicara “para no herir susceptibilidades”?

Sí, algunos conceptos negativos e incluso corrosivos sobre escritores contemporáneos. Y lo que un amigo le cuenta a uno en secreto, jamás se debe divulgar.

Defina en una palabra a los siguientes poetas.

Aurelio Arturo: fosforescente. Giovanni Quessep: único. María Mercedes Carranza: amorosa. Darío Jaramillo Agudelo: ausente. Juan Gustavo Cobo Borda: entrañable.

Inspirado en Neruda, ¿sigue escribiendo poesía política?

La poesía política es tan válida como la erótica, la mística y la coloquial. Y en un país como Colombia, es un imperativo lírico.

Fue candidato al Senado en el año 90 y a la Constituyente del 91. ¿Qué experiencia le dejó eso?

Que a la sensibilidad poética hay que agregarle la solidaridad humana.

¿Qué futuro le ve a la izquierda?

Es el futuro mismo, no sólo en Colombia sino en América.

¿Sigue siendo procubano?

Ideológica, humana, política y emocionalmente.

Ha escrito 30 libros literarios. ¿Cuáles prefiere?

Mi novela Las puertas del infierno, mi poesía reunida en La fiesta perpetua y mis Cuentos y leyendas de Colombia.

¿Qué significó que su novela ‘Las puertas del infierno’, sobre la Bogotá subterránea, fuera finalista del Premio Rómulo Gallegos en 1987?

Un reconocimiento necesario en mi inseguridad de principiante en aquellos años, porque esa novela es una inmersión en los fondos más bajos del alma humana y yo no sabía si lo había expresado bien.

Recomiende libros suyos de poesía, infantil, ensayo y cuento.

En poesía: El laberinto, una antología que me publicará próximamente el Fondo de Cultura Económica. En infantil: Ritos de primavera. En ensayo: El otro Pablo Neruda. Y en cuento: Cita de amor al mediodía.

Usted fue jefe de divulgación del DANE en los 80. ¿Cuántos poetas quedan en Colombia por kilómetro cuadrado?

En la Estadística Nacional trabajaron Luis Vidales, Víctor Amaya González, José Umaña Bernal, Jorge Zalamea, León de Greiff y una docena más. Colombia es un país de poetas, pero sólo hay uno realmente universal: José Asunción Silva.

¿Cuál es su poeta colombiano preferido y cuál el de hoy?

Siempre fueron tres: León de Greiff, Luis Vidales y Jorge Zalamea. ¿Hoy? Indudablemente, Giovanni Quessep.

¿Cómo define a su hijo Federico, también poeta?

Federico es un excelente poeta, gestor cultural y amigo. Criado y formado por este servidor.

¿Cómo enseñar literatura hoy?

No hay que imponer normas. Simplemente hay que leer (especialmente los clásicos), escribir y observar mucho el comportamiento humano. Sólo siendo culto se puede ser libre, decía José Martí.

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