Proyectando la felicidad

Adelfa Martínez, directora del Departamento de Cinematografía del Ministerio de Cultura, lidera este año la quinta convocatoria de Doctv Latinoamérica, un proyecto que invita a realizadores y creadores a producir documentales en torno a las razones para estar alegre.

Adelfa Martínez en el Ministerio de Cultura, como gestora de Doctv Latinoamérica 2015. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Este año el Ministerio de Cultura tiene el desafío de asumir la unidad técnica de la quinta convocatoria de Doctv Latinoamérica. ¿Por qué propusieron como temática la felicidad?

Hubo más temas, como la violencia contra la mujer, la infancia, el medio ambiente y el cuidado del agua, entre otros, pero tuvimos en cuenta que la felicidad es un tema recurrente y que todos los seres humanos estamos en su búsqueda incesante. Es una apuesta que hace la televisión pública para dar a conocer las muestras documentales de quienes participen en la convocatoria. A partir de estos procesos, la gente tiene la posibilidad de cambiar los productos audiovisuales que consume en televisión en América Latina.

La producción de cintas colombianas ha aumentado en los últimos años. Ahora el desafío es crear los espacios para que esas producciones lleguen al público en todo el país…

Sí, en Colombia sólo el 5% de los municipios tienen salas de cine comerciales y el resto del país no cuenta con estos espacios, por ende desde el Ministerio de Cultura hemos apoyado los escenarios de circulación y transformación de públicos a partir del programa “Colombia de película, nuestro cine para todos”. Compramos los derechos de las películas y las proyectamos en bibliotecas públicas, los cineclubes de las universidades y las casas de la cultura, entre otros.

Y además de esos lugares, los festivales de cine son una buena plataforma para fomentar las muestras de cine nacional...

Por supuesto, también hemos estado respaldando estos eventos que se crean en las regiones del país y que están apostando por llevar las producciones nacionales a los lugares más apartados. La idea es que tenga una programación diferente a las lógicas del mercado y de las producciones extranjeras.

¿Qué recuerda de sus años como cineclubista en la Universidad del Valle?

Era un club de amigos, en el que todos estábamos acreditados. Gestionábamos las películas con las embajadas y armábamos una programación, de acuerdo con los intereses del público universitario. Mi tesis fue sobre el cine móvil en el Valle del Cauca. En esa época llevábamos las películas colombianas y extranjeras a los municipios del departamento.

Hay un documental que usted realizó en la universidad, pero que nunca terminó. ¿Aún guarda la esperanza de terminarlo?

Sí, se llamaba El hombre de enfrente. Lo hicimos en diciembre, en plena Feria de Cali, en el barrio San Fernando. Luego de filmar las escenas tuvimos inconvenientes con la imagen y el sonido. Eso sucedió hace 25 años. Aún no hemos solucionado la edición con mis compañeros de universidad.

Y además de hablar de cine, ¿de qué otros temas se hablaba en esa época?

Éramos una generación muy nostálgica. En ese tiempo el M-19 le estaba apostando a la paz, todos teníamos la ilusión de un cambio, pero eramos una generación maniatada, tal vez porque no fuimos tan aguerridos para hacer parte del cambio.

¿De qué manera el cine puede aportar a los diálogos de paz?

Creo que la cultura en general puede ser una herramienta para construir la paz, para reconstruir memoria a partir de contar las historias de quienes han estado inmersos en el conflicto colombiano.

Finalmente, ¿cómo representaría la felicidad en una pieza audiovisual?

Creo que estoy haciendo exactamente lo que siempre he querido hacer en la vida. Tuve una ambición específica con el cine. Desde pequeña fui cineclubista, después me formé para ser productora de cine y ahora, desde el Ministerio de Cultura, me hace muy feliz que la gente pueda hacer sus películas. Ese tipo de experiencias estarían representadas.