Regresa la voz de Gamero

La cantadora grabó por primera vez a los cuarenta años. En 2013, tras años de silencio, aceptó la invitación de la Bogotá Orquesta Afrobeat para volver a los escenarios musicales.

Con casi 70 años, Nelda Piña se unió a la BOA para fusionar el folclor caribe con el afrobeat. / Cristian Garavito
Con casi 70 años, Nelda Piña se unió a la BOA para fusionar el folclor caribe con el afrobeat. / Cristian Garavito

¿Por qué Gamero (Bolívar) da tan buenos músicos?

Bueno, no sé. En Gamero todo se celebra con música de tambores, de millo, de gaitas y ha quedado esa raíz. Irene Martínez era tía de mi madre y la mamá de Irene también fue una gran cantadora. También está Majín Díaz que, a pesar de la edad, tiene una voz envidiable.

¿Qué recuerda de su infancia?

Mi mamá fue muy recta y rígida, no le gustaba que saliera a la calle. Cuando se armaban ruedas de bullerengue o de cumbia, me le escapaba. Salía, bailaba un poquito y me regresaba a la casa como si nada.

¿Por qué se demoró tanto en empezar a cantar?

Cuando era joven ni siquiera sabía que tenía el valor o el ánimo para hacerlo. A veces la gente sabe y no se atreve, pero yo ni sabía ni me atrevía.

¿En qué momento fue consciente de su talento?

Me tocó salir de mi casa muy temprano. Llegué a Santa Marta y trabajé en un hotel. Un día la administradora me escuchó tararear y me dijo que se iba a hospedar una orquesta, que si quería, podía hablar con el director para aprender a cantar y ganar plata. Agarré la cosa como una broma que la señora me estaba haciendo.

¿Cuándo grabó su primera canción?

Viví en Venezuela casi cuarenta años. Cuando regresé, en el año 85, me encontré con el mánager de Marta Herrera. Él me grabó un temita a regañadientes. Un año después insistió y grabamos dos más y los llevamos a Felito Records, en Barranquilla. Él escuchó los temitas, los puso en un sencillo y después me grabó el LP “Fiesta de éxitos”

¿Cuál es la historia de “El Sucusú”?

Estando en el estudio, William Espejo me dijo “mira, tengo este tema para que lo grabes”. Allí me lo aprendí y lo grabé. Lo que nunca imaginé fue que esa canción iba a aparecer en Inglaterra. Daniel Michell, el director de la BOA, me dijo: “Nelda, tengo un compilado en el que está una canción que usted grabó”. Él lo había comprado allá.

¿Por qué pasó tanto tiempo sin volver a grabar?

Me retiré por motivos personales. Tengo cinco hijos y no tenía con quien dejarlos. En ese momento, para mí eran más importantes ellos que la música. Nunca dediqué mi vida a esto, sólo ahora que me encontré con los chicos de la BOA.

¿Quién la convenció de volver a cantar?

Carlos Pardo Canaima, un músico de Fusagasugá, fue a mi pueblo a investigar y se quedó dos meses y medio. Así fue como me invitó. En Fusagasugá formamos un grupo y tocamos en la universidad, hicimos talleres y tocamos en bares y restaurantes para poder devolvernos.

¿Cómo conoció a la gente de la BOA?

Carlos habló con David Cantoní, el percusionista de la BOA, para que grabáramos tres temitas en su estudio. Él le dijo que no nos iba a cobrar si yo grababa dos temas para el proyecto de la BOA. Al principio dije que no, pero Carlos me convenció de aceptar la invitación.

¿Qué ha sido lo mejor de trabajar con ellos?

El mayor de los del grupo puede tener 35 años, me siento mamá y abuela de todos ellos. Son muy respetuosos, serios y responsables. Para mí, lo mejor es la experiencia que he ganado. Soy empírica, no soy como ellos que han estudiado. Ellos tienen mucha experiencia y trabajamos para combinar lo que puedo dar con lo que ellos saben.

¿Cómo le ha ido con el reconocimiento?

Salgo de mi pueblo y nadie sabe lo que hago, tal vez los que usan internet. ¿Sabes qué dicen? Que me quedo en Santa Marta, donde están unos hijos, y después ando diciendo que estuve en Cuba y en todos lados. Los pueblos son así.

¿Qué viene para Nelda Piña y la BOA?

Estamos tratando de componer nuevas canciones. Además, nos estamos preparando para la cuarta gira. Nos vamos a Francia en mayo, si no se da otra antes. Espero que pueda ir, porque estoy achacada. Eso le quita a uno voluntad, aunque la energía que tienen los chicos ayuda mucho.

¿Por qué regresó a Gamero?

Viví cuarenta años en Venezuela, pero en cuanto pude me devolví a Gamero. Esa es mi tierra. Soy de allá y me enorgullece decirlo, así sea el pueblo más abandonado y humilde. Gamero está marginado de todo y hay un semillero de niños que necesitan apoyo para desarrollar su talento.

 

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