Relatos celestes

El autor de ‘Cuentos y pasiones del cielo’ narra historias del Zodiaco desde la mitología griega. Aunque soñaba con ser astrónomo, cree que la literatura es la mejor escuela para la vida.

Manuel Rincón Domínguez prefiere escribir cuentos por su nivel de exigencia en el lenguaje. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Qué lo inspiró a escribir “Cuentos y pasiones del cielo”?

La pregunta que me hizo la hija de un gran amigo sobre cuál era la historia de Escorpión cuando le mostraba la constelación.

¿Por qué decide contar las constelaciones del Zodiaco desde la mitología griega?

La mayoría de la gente sabe su signo, pero no muchos conocen cómo los dioses y héroes de la mitología terminaron en el cielo. Cada constelación tiene su cuento.

¿Cuáles son las pasiones del cielo?

Poder, sexo, ambición, pero también hay compasión, amor y entusiasmo por la música y por las artes en general.

Uno de sus sueños era ser astrónomo, ¿qué le llama la atención de la astronomía?

Cada noche nos puede sorprender, pero sobre todo, nos hace ver lo infinitamente pequeños que somos. Hay muchos más universos, es imposible que estemos solos.

¿Qué le impidió cumplir su sueño?

La ‘desorientación profesional’, una especie de instrucción que había en los colegios donde le decían a uno qué estudiar y qué no estudiar.

Como periodista, ¿en qué momento se interesa por la literatura?

Siempre me gustó leer, pero el Taller de Cuento de la Universidad Central me mostró que escribir es 90% disciplina y 10% inspiración, así que me lancé al agua.

¿Qué recursos del periodismo les imprime a sus cuentos?

La investigación, el ritmo y los datos que ayudan a hacer verosímil la ficción.

¿El periodismo es una buena escuela para la literatura o viceversa?

La literatura es la mejor escuela, no solo para el periodismo, sino para la vida. Hace a las personas más tolerantes y forma seres con mentalidad más abierta, porque muestra que muchos mundos son posibles. Al periodismo lo rigen los hechos verificables.

¿Por qué prefiere escribir cuentos?

Me gusta escribir cuentos por su nivel de exigencia, por la brevedad y la economía del lenguaje, en donde no puede sobrar ni faltar nada. Aunque también me siento cómodo y libre escribiendo novelas.

¿En qué momento sabe que una idea le funciona mejor para un texto de largo aliento o para un escrito corto?

No lo sé. Es intuición y creo que el elemento en común de los relatos colombianos de la actualidad es mostrar otra visión de nuestra historia.

¿De qué se trataba la primera historia que escribió?

Era una composición: “¿Qué hice en las vacaciones?”, esos textos que le ponían a uno a escribir recién regresaba al colegio y era aburridísimo. En la época de la universidad me dio por escribir unos relatos que resultaron demasiado existencialistas y me asusta desempolvar esas historias. Ahora prefiero escuchar, observar y luego escribir.

¿Qué tan excesivo es el proceso de corrección de sus textos para publicarlos?

Demasiado. Dicen que puede ser una cualidad, pero también mi peor defecto, porque de tanto corregir comienzo a dañar el texto, así que toca soltarlo y despedirse.

¿Le gusta leer sus textos ya publicados?

No mucho. Cuando releo me vuelve a salir el gusanito corrector, esa obsesión por pulir cada vez más el texto, y un escritor debe aceptar que después de haber publicado ya la obra no le pertenece, es del público y hay que dejarla como quedó.

¿Por qué en varios de sus cuentos escogió a mujeres para que fueran las narradoras?

Probablemente busco la hermana que nunca tuve. He sido más amigo de mujeres que de hombres. Además, el mundo femenino siempre me ha enriquecido más. Siento que me hace ser mejor persona.

¿Cuál es su palabra preferida del español?

Alejandría. Me seduce su musicalidad y me hace viajar a Egipto a la época del faro y las bibliotecas.

Su escritor favorito.

La novelista, poetisa, dramaturga y traductora francesa Marguerite Yourcenar.

 

últimas noticias