Reportera para Facebook

Desde la comodidad de su casa, la escritora bogotana narra con el humor y la mordacidad que la caracterizan los Juegos Olímpicos de Río.

Para Sanín, los Olímpicos nos enseñan a admirar a los otros y conocer la grandeza del cuerpo humano. / El Tiempo

¿Cómo surgió la idea de narrar lo Olímpicos por Facebook?

Venía de la universidad en un taxi cuando oí que en el radio daban la noticia de que había sido expulsado de la villa olímpica un deportista, entonces, sin pensarlo y sin mucho sentido, escribí en mi muro de Facebook: “No quiero que me expulsen de la villa olímpica”. Cuando llegué a la casa, ya me había visto a mí misma en Río como clavadista y corresponsal de Facebook. Los trancones de Bogotá son tan largos que alcanzan para que uno vaya a Río de Janeiro y para que se transforme en otra persona.¿Qué nos dice del país el modo en que se narran los deportes?

Al parecer, los narradores no suelen informarse suficientemente sobre las disciplinas que comentan, y con eso muestran nuestra falta de curiosidad y de responsabilidad. Con demasiada frecuencia especifican si los deportistas son negros (“esa negra hermosa”) y con ello dan ejemplo de nuestro racismo. Al comentar compulsivamente sobre el atractivo físico de las deportistas ilustran nuestro sexismo.

¿Qué la ha molestado más del reciente cubrimiento de los Juegos?

La manera como una locutora colombiana de ESPN comentó la pelea final de Yuberjen Martínez. Hacía bromas con el nombre del boxeador, lo llamó “negrito”, disminuyéndolo condescendientemente, y una y otra vez se preguntó si él podría conseguir una “casita” después de la pelea, si hasta le alcanzaría para ponerle piscina o al menos para remodelarle la cocina a la mamá, etc. Fue una miserabilización arrogante e ignorante.

¿Cree que el humor sirve para discutir el racismo y el sexismo?

Creo que el humor es un instrumento crítico y un modo de conocer. Quien busca la dimensión humorística de un objeto tiene que tomarse en serio el objeto del que se quiere reír, tiene que ser analítico y compasivo y esforzar la inteligencia. No es el caso del chiste fácil y ligero, que es el más practicado en Colombia y que, con el pretexto de ironizar, hace apologías (y no da risa).

¿Qué nos enseña un certamen dedicado a premiar la excelencia?

Los Juegos Olímpicos nos enseñan a admirar a los otros, una lección urgente en una tierra de envidiosos. Al hacernos disfrutar con las destrezas de otros como si fueran nuestras, nos dan también la oportunidad de que nos admiremos a nosotros mismos. Nos hacen ver la grandeza del cuerpo humano y la variedad de su relación con el espacio. Nos ayudan a ser conscientes de la unidad. Celebran al ser humano y lo dignifican.

En los reportes, usted también es clavadista. ¿Por qué ese deporte?

Tal vez porque es uno de los que más me daría miedo practicar, o tal vez porque fui nadadora competitiva en la adolescencia (con bajo rendimiento), y entonces tuve la aspiración poco realista de nadar algún día en la piscina de unos Juegos Olímpicos, o tal vez porque me fascina que sea un deporte trágico y a la vez irónico, pues se trata de caer al abismo, pero a un abismo del que se resurge, y tal vez por otros motivos de los que no soy consciente.

¿Qué le atrae de las redes sociales?

Cuando publico en Facebook pienso en compañía, pienso delante de otros y con otros. Además, la inmediatez es atractiva para mí. Mientras corrijo cien veces lo que publico en mis libros, en Facebook publico sin haber hecho borradores.

¿Cómo ve los Olímpicos en el futuro?

Sin equitación. No veo mayor diferencia entre la equitación y los actos de circo que usan animales. Espero la incorporación de eventos en los que compitan juntos hombres y mujeres, y también en los que compitan unos contra otros cuando el sexo no implique una ventaja. Espero también la incorporación de hombres a la gimnasia rítmica y el nado sincronizado, disciplinas en las que, al menos en los Olímpicos, y quizás en atención a una concepción restringida y conservadora de lo que es “propio” de cada sexo, sólo participan mujeres.

 

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