Se reúne “La Luciérnaga”

El humorista boyacense cree que el éxito del programa de Caracol Radio está en su independencia y en que sus parodias están en sintonía con lo que pasa en el país.

Don Jediondo estará en su restaurante campestre junto al elenco de “La Luciérnaga”, los días 2 y 3 de septiembre. / Diana Sánchez

¿Por qué se va a reunir por primera vez todo el elenco ?

Lo hacemos para celebrar el primer lugar en sintonía de La Luciérnaga y Caracol. Además, con motivo de reunir, por primera vez, a todos los integrantes del elenco. Van a venir los compañeros de Medellín y Claudia Morales desde Armenia. Aparte, nos toca llevar dos tractomulas, una para Gustavo Gómez y otra para su almohada, porque él tiene una cabeza muy grande. A él el país le cabe en la cabeza, qué digo el país, el mundo le cabe en la cabeza.

¿Fue muy difícil reunirlos a todos?

Sí, por diversos compromisos que ha tenido cada uno. Lo que pasa es que esta vez tomamos la precaución de separar las fechas con tiempo. Reunir esta gente no es fácil, porque además es un riesgo para el país (risas). ¿Por qué? Porque pueden explotar de risa, ese es el riesgo que uno corre.

¿Por qué ha durado tanto “La Luciérnaga” ?

Es que a esa hora la gente se quiere reír. A las cuatro de la tarde generalmente están en el carro, en el trancón , y entonces por fortuna está La Luciérnaga. Pero creo que, sobre todo, se debe a su independencia, porque logra decir cosas en medio del humor.

Hace poco se cumplieron 18 años de la muerte de Jaime Garzón. ¿Qué tan difícil es hacer humor político en el país?

La ventaja es que el humor político no ha sido amordazado. Por lo menos a nosotros nunca nos han llamado a decirnos: “Mire, no haga este personaje”. Al contrario, hay mucha independencia. Obviamente, la desaparición de Jaime causó un profundo dolor en el país.

Entonces, ¿piensa que ha cambiado la forma de hacer humor político?

Ha evolucionado en la medida en que cambian los personajes. Hoy hay un país distinto al que había hace 24 años. Cuando empezó La Luciérnaga se hablaba del apagón y de cosas mucho más coloquiales. Ahora el humor tiene que ser político, pero también debe estar en la onda del país, tiene que ser incluyente. No puede ser, ni debe ser, un humor que segregue, al contrario.

¿Cómo se logra hacer un humor que no ofenda a determinados sectores?

La idea nunca es herir a ninguna comunidad. Yo creo que hoy uno piensa mucho más el chiste. Antes uno soltaba un repentismo sin importar lo que pasara. Hoy, por respeto y por inclusión, uno se frena…

Pero ¿eso atenta contra la esencia del humor?

No, porque se encaminan las cosas por otro lado. Si uno hace un chiste sobre la corrupción, eso no tiene lío. Uno lo toma por el lado político y no en contra de una clase de persona.

¿Recuerda algún funcionario que se haya emberracado por el humor de “La Luciérnaga”?

Sí, un día me llamó el doctor Héctor Helí (Rojas) a reclamarme porque ya no lo estaba imitando (risas). A los políticos les fascina. El problema para ellos es cuando no suenan en la radio.

¿Por qué cree que la radio sigue siendo tan importante para los colombianos?

Colombia es un país radiofónico. En cada pueblo, taxi, carro, esquina y tienda de barrio hay un radio. Y sí, hoy hay internet y redes sociales, pero a veces uno prende el computador para oír radio. Es como cuando se pensaba que la llegada de la televisión iba acabar con ella, pero, al contrario, la fortaleció.

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