La soledad de Juan José Millás

El autor español sentencia, a manera de aforismo, que ascender en periodismo hoy en día supone dejar de escribir.

Juan José Millás al arribar  a Bogotá para presentar en la Feria del Libro su última obra, una selección de sus mejores reportajes.  / Gustavo Torrijos
Juan José Millás al arribar a Bogotá para presentar en la Feria del Libro su última obra, una selección de sus mejores reportajes. / Gustavo Torrijos

¿Qué encontró en el artículo ‘Muerte’, cuando era niño, que lo llevara a aficionarse por la literatura?

Fue un texto que hallé en la Enciclopedia Espasa y me impresionó por ser, simultáneamente, un cuento de terror y humor. Un hombre que debe regresar de un viaje, porque le dicen que su mujer, embarazada, ha muerto. Cuando intenta abrir su tumba, para despedirla, se escucha el llanto de un bebé. El artículo termina diciendo: “y vivió muchos años, llegando a ser alcalde de Jerez”.

En su primer libro, ‘Cerbero son las sombras’, ¿tuvo alguna influencia de Kafka con ‘La carta al padre’?

Afortunadamente cuando escribí esa novela, no había leído La carta al padre. A lo mejor, si lo hubiera hecho, no la habría escrito. Es inevitable que se establezcan símiles. Este es uno que me ha tocado por mucho tiempo y lo llevo con buen humor.

La poesía fue muy importante en su etapa inicial de lector-escritor, ¿por qué no se consagró con ella?

No era un buen poeta, era un buen lector de poesía. La escribí por mucho tiempo, pero me di cuenta en seguida de que era un poeta correcto y esto es lo peor que se puede decir de un poeta. Sin embargo, fue un ejercicio que me vino estupendamente para educar el oído. La poesía es esencial. Si no sirves para poeta, te haces cuentista, y si no sirves ni para cuentista ni para poeta, te haces novelista (risas).

Usted habla de educar el oído, pero también hace mucho énfasis en la observación…

La mirada para un escritor es fundamental. A veces en los talleres literarios se enfatiza en las técnicas y ellas no son tan importantes porque se aprenden relativamente pronto. El problema no es cómo construir un diálogo, sino que sepas qué decir en ese diálogo, y eso se hace educando la mirada. Una que consiga desfamiliarizar aquello que te es familiar, que consiga que la realidad de todos los días te resulte extraña, sólo así se podrá decir algo. Aprender a escribir implica desaprender. La literatura es la búsqueda de significado.

Creó un género personal, el articuento, ¿desde la fantasía podemos entender mejor la realidad?

Sin duda. Es más, para acercarnos a la realidad, debemos hacerlo, en gran medida, a través de las novelas, la poesía. Creo que era Carl Marx quien decía que si quieres conocer bien un período histórico, debes leer primero a los novelistas antes que a los historiadores. Si quieres saber qué fue la guerra fría, tendrás que leer a John le Carré, antes que a un historiador.

¿Qué importancia tienen en su obra la soledad y la identidad?

Son conceptos nucleares. Mi obra aborda la diferencia entre apariencia y realidad, entre lo que vemos y lo que pasa por debajo de lo que vemos. Toda mi obra está recorrida por el conflicto y la preocupación del doble, de la identidad. Sin embargo, la soledad es uno de los grandes temas de la literatura de todos los tiempos. Escribir y leer son ejercicios que se hacen en plena soledad.

Ha dicho que “al periodismo sólo lo salvará la buena escritura”, ¿Cómo no perder la calidad en medio de la inmediatez?

Esto es un dilema. Estoy observando que en los medios en los que antes había controles, han desaparecido. Se perdió la crítica y por ende la autocrítica. Acabamos convirtiéndonos en lectores de titulares. Un texto periodístico, aunque sea una crónica política, es un relato, y esta palabra viene de relación. Y esta relación debe ser de necesidad. Para eso hace falta oficio.

¿Cómo fue la experiencia de reportería en ‘Vidas al límite’, su último libro?

Fue muy estimulante, porque la primera obligación de un reportaje es ser un buen cuento, donde no puedes inventar nada, pero sí construir un relato. Es el género que más me gusta; y me sorprende que se practique sólo en la juventud, siendo un género de madurez. Luego, cuando al periodista lo hacen jefe de sección, deja de escribir. En el periodismo se supone que uno ha ascendido cuando deja de escribir. Tal vez soy el único de mi edad en España, que hace reportería.

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