“Soy músico, no cantante”: Kike Santander

El productor y compositor caleño asegura que dejó el país porque a mediados de los años 90 planearon secuestrarlo. Además considera que , a pesar de los malos entendidos, guarda agradecimiento con Emilio y Gloria Estefan por la influencia que ellos tuvieron en su carrera.

Estará en el nuevo concurso del Canal Caracol, “A otro nivel”, que se estrena el miércoles 30 de marzo a las ocho de la noche. ¿Cómo es ser jurado de este “reality”?

Aquí los tres jueces no compiten entre ellos. Somos un equipo que está en la búsqueda de los mejores artistas para apoyarlos. Lo que estamos juzgando es la interpretación, capacidad vocal y escénica, pero sobre todo el carisma del artista en este miniconcierto, en el que cantarán una canción en cuatro géneros distintos.

¿Cómo llegó a ser parte de “A otro nivel”?

Desde “La Voz Colombia”, a Juan Esteban Sampedro les gustó mi labor como asistente de Andrés Cepeda. Tiempo después recibí su llamada para que participara en el “reality”. Me contó de qué trataba y me pareció interesante, porque este programa rompe los esquemas de otros “realities”.

¿Qué hace que estos artistas estén a otro nivel?

Es una sumatoria de factores. Son concursantes profesionales, que llevan años de carrera, y lo que estamos buscando en ellos son artistas con potencial para cautivar a un gran público. Aparte de gran voz, gran talento, oído musical, capacidad de pararse en la escena y transmitir, se necesita una magia para atrapar. El premio será una gira nacional de conciertos, frente a miles de personas.

¿Es solamente para cantantes? ¿No vamos a encontrar instrumentistas?

Algunos tocan guitarra o saxofón y mostrarán sus habilidades con el instrumento, pero el programa sólo será para vocalistas.

Arrancó en la música con el acordeón y la guitarra. ¿Le hubiese gustado participar en un “reality” como éste?

A pesar de que canto, no me considero cantante. Siempre he estado detrás de bambalinas, como productor, entonces mi perfil es más de creativo que de estrella.

¿Cómo y por qué empezó interpretando el acordeón en Cali?

Recuerdo que a un primo le regalaron un acordeón y él no le puso atención, entonces yo lo agarré y empecé a tocar las teclas. Desde ahí comencé a tomar cursos y a tocar música popular. Estuve tocando acordeón por unos años y luego intenté con la guitarra española. Ese fue el instrumento con el que me conecté. Me enamoré de la guitarra.

Estudió música en un conservatorio. ¿Qué aprendió allí?

Allí entendí el lenguaje musical, los valores de las notas, las subdivisiones, la escala musical y todo lo concerniente al lenguaje musical. Fue paralelo a mis estudios de medicina. Luego tomé clases con un profesor célebre de Cali, que se llamaba Cicerón Marmolejo, el maestro de todos los músicos caleños. Con él aprendí cómo se combinaban las notas y los acordes, e hice arreglos para bandas y orquestas de música tropical, de rock y jazz.

Tuvo que escoger entre la música y la medicina. ¿Cómo enfrentó ese momento?

Desde pequeño quise comprender cómo funcionaban las cosas, y la biología me llevó a la medicina, entonces la música y la medicina iban a la par y no me daba cuenta que me estaba acercando al dilema. Tomé la decisión de que la música iba a ser un hobby y la medicina mi profesión, porque quería curar gente, quería ser cardiólogo. Entonces salía del hospital y me iba a tocar en los bares, era vivir una doble vida; pero un día se reventó la cuerda. Entré en una sensación de depresión, porque me di cuenta de que no podía vivir sin la música, que no la podía tomar como un hobby porque me sentía vacío. Así que me fui para Europa con mi novia y allí se aclararon las dudas. Soy músico, mas no cantante. Regresé a Cali y le dije a mis papás que no continuaba con la medicina. Me vine a Bogotá a tocar jazz en los bares y a los seis meses me di cuenta de que eso no era lo mío. Estaba tocando música ajena, que no había compuesto. Un amigo conoció a Bernardo Ossa, compositor de jingles, y él me propuso hacer jingles. Sin darme cuenta me metí en el mundo de la composición y me di cuenta de que lo que me emocionaba era ser creativo, componer canciones, y eso fue lo que marcó mi rumbo. No quería ser intérprete de las canciones de otros. Duré ocho años haciendo música publicitaria y ahí aprendí un montón de cosas, me formé como productor. Sin darme cuenta, me volví ingeniero de sonido, de grabación, de mezcla, arreglista, me volví tecladista, programador de sintetizadores, a los ocho años de estar haciendo jingles. Esa etapa me preparó para la de la música profesional.

¿Se siente agradecido con la etapa de jinglero o prefiere obviarla?

Esa etapa fue fascinante, porque tuve la oportunidad de componer una canción cada día con una pequeña melodía. Fue mi escuela de formación musical. Disfruté mucho esa etapa, pude vivir muy bien y comencé a formarme como profesional, a encontrar una forma de ganarme la vida y a conectar el amor por el arte con un oficio profesional y con una forma de ganarme la vida. Los jingles me llevaron de forma natural al mundo de la música y ocurrió justo en el momento apropiado.

Empezó su carrera como compositor a los 33 años. ¿Siente que comenzó tarde?

Sí, lo descubrí tarde, pero eso me dio la oportunidad de formarme como ser humano. Fue extraño, porque no sabía que podía componer canciones, lo descubrí en el camino, sin pretenderlo. Lo que sí hubo fue una gran explosión de creatividad, que, creo, estaba represada.

Ha definido su oficio más como melodista que como letrista. ¿Sigue siendo así hoy en día?

Mi naturaleza es melódica. La letra la encontré cuando me puse a experimentar, pero, aun así, sigo siendo más melodista y encajo la letra a la melodía.

¿Por qué se fue del país a mediados de los años 90?

La razón por la cual terminé en Miami fue por seguridad, porque después del disco Abriendo puertas, de Gloria Estefan, hubo gente en Cali que planeó secuestrarme, así que lo mejor fue viajar a Miami. Dejé todo el trabajo que tenía pendiente en Colombia, porque no podía avisar que me iba. Decidí no regresar porque la sola idea de pensar que me iban a secuestrar me daba miedo. De ahí en adelante hubo una continuidad en mi carrera como productor y compositor.

Antes de la relación que tuvo con los Estefan, hay dos personas que fueron importantes en su vida: Estéfano y el Puma. ¿Por qué?

A Estéfano lo conocí en Cali. Él estaba buscando una oportunidad de ganarse la vida y empezamos a trabajar juntos. Él promocionaba los jingles que yo componía. Estéfano tenía un mánager que logró hacer el contacto con Emilio Estefan y, como resultado, Estéfano escribió “Mi tierra”, un éxito de Gloria Estefan. Luego hablé con Estéfano y me contó que Emilio iba a ser el productor ejecutivo del nuevo disco del Puma y me propuso trabajar en él. Fue la primera vez que Estéfano y yo éramos coautores y coproductores del disco. Gracias a mi trabajo con el Puma conocí a Emilio Estefan. A él le mostré dos canciones que había escrito. Luego regresé a Cali y el 8 de diciembre del 94 Emilio me llamó a Cali para que escribiera algunos temas para el álbum de Gloria Estefan. Escribí “Abriendo puertas”, “La felicidad” y dos más. Las envié, le gustaron y me pidió que escribiera más. En total fueron 10 canciones que entraron en el disco. Ese álbum fue profético: me abrió muchas puertas a nivel internacional.

¿Es distinto entrar a un estudio de grabación para hacer un jingle que para grabar una canción?

No. A pesar de que los estudios de grabación de los jingles son más pequeños que los de un disco, el proceso creativo es el mismo. Tantos años de estar pegado a una consola de grabación me permitieron aprender a hacer todo, por eso cuando llegué al estudio de Emilio Estefan pude hablar con propiedad. Me sentí como pez en el agua. Yo hacía todo. Eso me generó muchos roces, porque parecía que no necesitara de los demás.

¿Cuál es el sentimiento que tiene hoy por los Estefan?

Mucha gratitud. Nunca olvidaré quién me dio la mano. A pesar de los conflictos, que fueron netamente profesionales, siempre he reconocido la importancia que tuvieron Emilio y Gloria en mi carrera profesional, porque sin ellos seguramente no hubiese logrado llegar a donde llegué.

¿Qué aprendió de Emilio Estefan?

A ser empresario de la música. Aprendí de su capacidad de conformar un equipo, de lo que es ir más allá del talento propio y traer otros talentos. Así fue como formé mi propio equipo de productores y compositores colombianos, que duró ocho años.

¿Hay un común denominador entre los compositores y productores colombianos?

Posiblemente en la raíz del folclor. Hay una nueva generación de compositores que tenemos la habilidad de fusionar varios géneros musicales y darle un sabor y un sonido diferente. Nos hemos nutrido de esa cultura musical colombiana, que es tan poderosa.

El otro disco que le dio el éxito fue el álbum de Alejandro Fernández, “Me estoy enamorando”. ¿Cómo fue el proceso de construcción de ese trabajo discográfico?

Con el disco de Gloria Estefan y el de Alejandro Fernández tuve recursos ilimitados en tiempo y dinero. Pude armar de manera artesanal y sin límites el sonido de cada uno de estos discos. Ahí fusioné géneros musicales, que era lo que hacía con los jingles. En el disco de Alejandro Fernández me di cuenta de que era un muchacho joven, hijo de una dinastía ranchera, pero también de la generación del pop, y comencé a buscar los elementos mexicanos de la ranchera y a mezclarlos con otros géneros. Programé los pianos eléctricos, toqué las guitarras, el bajo, la percusión. Fue una labor de fusión que se convirtió en un referente para discos posteriores que fusionaron la ranchera con el pop.

¿Qué significa para un compositor escuchar a todo un estadio cantando sus letras?

Produce una emoción enorme. Ahí te das cuenta de que eres un comunicador, que tienes la responsabilidad de transmitir cosas positivas, porque puedes tocar a mucha gente.

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