A sus ochenta años…un camino que anda

Su Casa Museo en Bogotá está cargada de recuerdos, nostalgias y manuscritos, fotos y libros entre los cuales se destacan ‘Los bienaventurados’, ‘Camino que anda’ y ‘El duende de la guarda’ , su más reciente publicación.

Desde la Universidad Militar, Soto Aparicio habla de su vida como escritor. / David Campuzano - El Espectador

¿Por qué sigue vigente su novela ‘La rebelión de las ratas?’

No sólo esa novela. Son todas las que he publicado. Como persona, envejezco, pero mis libros siguen vigentes e indispensables para conocer el mundo que nos ha tocado vivir. Además, la tragedia de los mineros de carbón se repite en todo el mundo; y la injusticia con que se paga al obrero su fuerza de trabajo, sigue siendo vergonzosa.

¿Qué lo inspiró para escribir el libro?

Un libro no nace de la inspiración, sino de la disciplina. Todo libro necesita de una investigación previa, seria, completa. Yo hice una investigación trabajando en una mina de carbón de La Chapa, en Paz del Río. De ahí salió la novela. Iba a tener un final distinto, pero a medida que la escribía, el final se fue cambiando, hasta llegar a la rebelión con que acaba la obra.

¿Cómo fueron sus primeros años con libros en la mano?

Leí desde mis cinco años. A los ocho, encontré algunos libros de mi padre: Balzac, Stendhal, Vargas Vila, entre otros. Y una edición completa de Los miserables de Victor Hugo, que fue el libro que me marcó y me convirtió en escritor. Fui un lector voraz y sigo leyéndome, y disfrutándolos. Para mí, la lectura da placer. Y la literaria, es un placer que educa.

¿Qué temas abordó literariamente en su adolescencia?

A los once años escribí dos novelas: La aurora del amor y El gran viaje. Había muchas cosas propias y auténticas, pero se veía también la influencia de Dumas, Sue, Zola. Un día, en una de esas depresiones que acompañan a los escritores, las quemé. Ha sido algo que no acabaré de lamentar.

¿Qué libro lo graduó como escritor?

Los bienaventurados, una novela que escribí a los 21 años, y cuatro años después de luchar para publicarla en Colombia, ganó en Madrid un premio establecido por Aguilar. Dos años después, La rebelión de las ratas ganó el premio mundial en Barcelona.

¿‘La siembra de Camilo’ fue un homenaje al cura guerrillero?

Fue recoger sus palabras y, a partir de ellas, investigar cómo habían calado en el pueblo. El protagonista, Florentino Sierra, es un pegador de afiches que acaba siguiendo a Camilo hasta su muerte. La novela no se refiere a Camilo Torres como persona, sino a lo que sembró con palabras en el alma de los desposeídos.

¿Por qué decidió un día hacer poesía?

Lo primero que escribí, fueron poemas. La poesía me ha acompañado a lo largo de mi vida. He publicado cerca de 15 libros de poemas. Es la forma más hermosa de la utilización de la palabra.

¿Cómo pudo combinar la literatura con los guiones de televisión en ‘Dialogando’?

Fue sólo un programa, en el que escribí cerca de mil libretos. Pero escribí otros cuatro mil durante 30 años. Del trabajo en televisión aprendí a agilizar los diálogos y a manejar el suspenso. Quien empieza a leer uno de mis libros, no lo deja hasta terminarlo.

En 80 años, ¿cuántos libros ha logrado publicar?

He publicado todos los que he escrito: 60 libros. El libro más reciente apareció en octubre y se titula El duende de la guarda. Es un libro de poemas y fábulas para adolescentes de 10 a 90 años; tiene una edición preciosa, de antología.

¿Qué libros le han dado enormes satisfacciones afectivas?

Tengo una leve preferencia por Y el hombre creó a Dios, por los problemas que me ha traído con religiones del mundo. Y por Camino que anda, que reconstruye la historia de América desde la época precolombina hasta nuestros días. Por lo demás, cada libro es un mundo y al terminarlo se siente una impresionante afirmación de poder personal, el poder de la creación.

¿Considera que usted, como dice el título de una de sus novelas, es un Camino que anda?

Sin ninguna duda. El epígrafe de esta extensa novela, dice: “Como el hombre, que en fin de cuentas sólo es un camino sin punto de partida ni punto de llegada, y que no tiene importancia ni por su origen ni por su fin, sino por el solo hecho de ser camino y estar andando, es decir, de ser vida y estar viviendo”.

Igual que Pablo Neruda, ¿’confiesa que ha vivido’?

Sí, y he tratado de hacerlo encontrándole a la vida toda su magia y su maravilla. He entendido que la obligación suprema de todo ser humano es buscar la felicidad: la propia y la de los otros.

En estos ochenta años de su vida, ¿ha ‘vivido para contarla’?

He vivido para escribirla. Publicar 60 libros y trabajar en muchas cosas para sobrevivir con éxito, implica estar ocupado a más del 100%. Pero ha valido la pena.