Un museo sin paredes

Desde hace 16 años, el Fotomuseo enriquece con imágenes el espacio público de Bogotá. Hoy, su directora se prepara para traer la séptima versión del concurso de foto más grande del país.

Gilma Suárez es el alma del Fotomuseo que este año sale a las calles el 10 y 11 de septiembre, durante la VII Fotomaratón, en Bogotá. /Cortesía
Gilma Suárez es el alma del Fotomuseo que este año sale a las calles el 10 y 11 de septiembre, durante la VII Fotomaratón, en Bogotá. /Cortesía

¿Cómo surge el Fotomuseo?

Soy fotógrafa profesional y viví muchos años en París. Cuando regresé, a pesar de tener un galerista que organizaba mis exposiciones, me di cuenta de que los fotógrafos no teníamos espacios donde mostrar nuestro trabajo. Fue así como empecé a trabajar en la idea del Fotomuseo. En ese sentido, me castigué a mí misma porque ya no tengo tiempo para exponer en otra parte, pero, a cambio, ahora me dedico a la fotografía de otros.

¿Hace cuánto empezaron?

El Fotomuseo salió a las calles en el 2000. Llevamos 16 años de exposiciones con maestros de la fotografía colombianos y extranjeros. También nos dedicamos a impulsar a las personas jóvenes que han querido hacer de la fotografía su forma de relacionarse con el mundo y ejercer su profesión.

¿De dónde viene la idea de sacar el museo a la calle?

Creo que responde a mi sensibilidad social. En Colombia, el gran público piensa que los museos, las galerías y el arte están hechos para una élite, cuando el arte debería ser parte de nuestra cotidianidad. Pensando en eso se me ocurrió que el museo de fotografía de Colombia tenía que estar en las calles para que todos lo pudieran ver.

¿Cómo se ha recibido ese cambio en el espacio público?

Desde el comienzo ha sido extraordinario. En estos 16 años, en ese trasegar del Fotomuseo por las calles y las plazoletas de Bogotá, únicamente hemos tenido problemas en cinco ocasiones con los vidrios que protegen las fotos. Creo que la ciudadanía respeta lo que le gusta.

¿Siempre están en la calle?

No. Cuando realizamos Fotográfica Bogotá, la bienal internacional de fotografía, traemos tantas obras de artistas de los cinco continentes que les pedimos a las galerías y a los museos de la ciudad que nos reciban en sus espacios.

¿Qué ha sido lo más difícil en estos 16 años?

El gran obstáculo es la falta de recursos. El Estado colombiano, con esta situación tan terrible que hemos vivido por décadas, ha destinado a la cultura un presupuesto muy pequeño. Es muy difícil acceder a apoyos que ayuden a ampliar nuestro trabajo. Estamos llenos de ideas y optimismo, pero nos faltan recursos para llevarlos a las calles.

¿En qué consiste la Fotomaratón?

Es el concurso de fotografía más grande en Colombia. La idea es que los participantes se reúnan en la concha acústica del parque de la Independencia a las 8 de la mañana. Allí van a recibir veinte temas que deben desarrollar hasta el domingo a las 3 de la tarde. La inscripción está abierta hasta el 7 de septiembre y la idea es que participen profesionales y aficionados de toda índole.

¿La fotografía se ha beneficiado con las nuevas tecnologías?

Mientras exista el talento, todo cambia para bien. En este momento se están haciendo miles de imágenes por segundo, en cámaras y celulares, pero, para mí, tomar fotografías es muy distinto a hacer una fotografía. Hacer una foto implica destreza, talento y conocimientos.

¿Por qué es importante que todos tengamos acceso al arte?

Creo que la cultura y la educación son los verdaderos pilares de la democracia. Cuando lleguemos al punto en que la prelación la tengan esas dos cosas, pasaremos a ser un país realmente importante. La paz tiene que traer una cantidad de estímulos para superar nuestra indolencia como sociedad. El arte, en últimas, es importante porque el hombre no sólo vive de comida, también necesitamos alimentar nuestro intelecto.

 

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