UNAD, una universidad que llega a las veredas

Para Jaime Alberto Leal, rector de la UNAD desde 2004, la institución que preside favorece la inclusión y atiende mejor a las necesidades de las regiones. Lidera una iniciativa para llevar la universidad al campo colombiano.

Jaime Alberto Leal, rector de la UNAD, inició el proyecto Campounad hace cuatro años. / Jhonatan Ramos

¿Cómo surgió la Universidad Nacional Abierta y a Distancia?

Nació como Unisur, un proyecto educativo para las comunidades del sur de Bogotá. En 1982, el gobierno de Belisario Betancur nos entregó la responsabilidad de ser líderes y pioneros de la educación a distancia. Eso nos ha llevado a tener un alcance nacional y, en concordancia con esa misión inicial, hoy buscamos llevar la universidad al campo colombiano.

¿Qué diferencia a la UNAD de otras instituciones educativas?

En lugar de hacer venir a los estudiantes desde sus veredas, nosotros vamos a donde ellos. La tecnología facilita nuestra labor y permite garantizar calidad educativa. Queremos desarrollar habilidades que permitan a los estudiantes contribuir a las necesidades específicas de sus regiones, algo que no suele suceder cuando se los hace salir para recibir su formación.

¿Cuál es la situación de la educación en las áreas rurales?

Los índices de movilidad social son muy bajos en la población rural. En materia educativa, un niño de Barbacoas, Nariño, tiene el 5 % de probabilidades de estudio, mientras en Bogotá tiene el 75 %. En temas como permanencia y culminación de los programas educativos, las cifras son más dramáticas. El hijo del campesino analfabeta generalmente también lo es.

¿Qué ofrece Campounad?

Queremos garantizar oportunidades de estudio para el campesino, mejorar las condiciones de producción del campo y de bienestar de las familias del área rural. Por eso, no sólo llegamos con programas de formación. Valiéndonos de nuestra experiencia e infraestructura de educación a distancia, somos capaces de ofrecer asistencia jurídica e incluso médica.

¿Cuál ha sido el éxito del programa?

Llevamos cerca de cuatro años realizando planes pilotos, pero quizás el antecedente más recordado es el programa de Acción Popular Cultural, impulsado desde los 60 por la Iglesia católica. En ese entonces se buscó llevar educación a los campesinos a través de la radio. Esta iniciativa se complementaba con un periódico que se entregaba gratuitamente los domingos en las oficinas de la Caja Agraria.

¿Cómo se financia Campounad?

Desde que inició, el proyecto no ha recibido dinero del gobierno. Eso es sorprendente si consideramos que la UNAD es una herramienta del Estado y que el programa cuesta 500 mil pesos por persona. Campounad es una iniciativa que tiene años de experiencia y puede elevar los indicadores de equidad e inclusión educativa de Colombia, por eso hacemos un llamado de apoyo.

¿Cómo contribuye la academia a la paz del país?

Nuestro trabajo como educadores debe pensarse como una siembra de paz a mediano y largo plazo. Debemos entender que la educación tiene que fomentar el respeto a la vida, hacer prosperar el talante bondadoso de los colombianos y generar bienestar económico.

¿Qué responsabilidad tienen las universidades con quienes opten por dejar las armas?

Buscamos formar líderes que a través del trabajo y el diálogo transformen sus comunidades. La universidad debe ser un espacio de convivencia en el que todos tienen cabida. Después de lo que hemos vivido, tenemos que preguntarnos con qué nación soñamos. Que todos tengan oportunidades y herramientas para edificar nuestro futuro, es fundamental para la paz.

¿La educación falla en construir una sociedad más equitativa?

El sistema educativo ha perdido el rumbo. Los bachilleres que recoge el sistema de educación superior es apenas el 45 %. El resto está abocado al trabajo informal o la delincuencia y el Estado ha dejado que esa situación prospere. Hemos desperdiciado por generaciones el talento de personas que no han tenido la oportunidad de continuar su educación.

¿Cuál debe ser el papel de las universidades en el futuro del país?

Como universidades hemos visto despedazarse el país y nunca hubo una voz que dijera “no más”. Nuestra labor debe ser impactar a la sociedad no con teorías de bata blanca, sino con acciones concretas.

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