'Venus en piel'

A partir de hoy, en el Teatro La Castellana y bajo la dirección de Fabio Rubiano, Román y Marcela Mar le dan vida a la adaptación de David Ives de la obra escrita en 1960.

Julián Román considera que para el amor y el despecho el mejor disco es ‘El amor después del amor’ de Fito Páez. / Luis Ángel - El Espectador

¿Cómo se refleja en su vida la influencia de su padre, Edgardo Román?

En todo. Él era maestro de la Escuela del Distrito y actor de planta del Teatro Popular de Bogotá, y siempre lo acompañaba. Cuando tenía 6 años le dije que quería actuar y me regaló la entrada a los talleres infantiles y a la Escuela del Distrito. Me la pasaba los sábados y domingos ahí, y así me enamoré del teatro.

¿Lo han comparado con él?

A pesar de tener mucho de él y haber sido mi maestro toda la vida, tenemos dos estilos diferentes a la hora de interpretar. Creo que hace muchos años dejaron de compararnos. Hoy en día, realmente, no es que no pese sino que no me importa, porque la actuación es individual y única.

¿Alguna vez tuvo una crisis de actuación?

La primera vez que trabajé en teatro tenía 14 años y le caí mal a Delfina Guido. En escena me golpeaba, escupía y me ahorcaba de verdad. Un día me levanté a las 3 a.m. y le dije a mi papá que renunciara por mí. La segunda fue después del éxito de Los Reyes. Sentí que había llegado a un tope de popularidad y que había acabado mi carrera. Estuve un año sin trabajo.

¿Cuál es su posición frente a la polémica que generó su papel de Carlos Castaño en ‘Los tres Caínes’?

Estamos en un país muy violento, donde no sabemos dar nuestros puntos de vista. La moraleja que me dejó la novela es mi actitud. Hoy le apuesto a una paz para que mis sobrinos y mis futuros hijos, si es que tengo, puedan crecer en un país donde pensar diferente no signifique ser guerrillero, paramilitar o narcotraficante.

¿Está de acuerdo con que se sigan haciendo series que reflejen el conflicto nacional?

Claro que sí, y apenas se acabe el conflicto tienen que seguir saliendo más. Hay que contar las historias para que no se repitan y debemos ser nosotros mismos, porque las conocemos, y no Hollywood, que no las muestra como son.

¿Cuál es el reto que le plantea ‘Venus en piel’, la adaptación para el teatro del libro ‘La Venus de las pieles’?

Me saca de mi zona de confort en todo. Lo interesante es que tanto Marcela como yo hacemos tres personajes, entonces es un riesgo porque la obra tiene unos cortes muy delicados y si el público no los entiende se puede perder, o si actoralmente no se logra, la gente se va a aburrir.

Una línea de algún libreto.

Me acuerdo en Crónica de una muerte anunciada de: “No hay borracho que se coma su propia mierda”, y ahora en esta obra, una que me gustó mucho es: “—¿Usted me ama? —No sé. —Demuestre que me ama. —No sé cómo. —Haciendo lo que hacen todos los amantes: lastímeme”. ¿Será que soy masoquista? (risas).

¿Cómo es Julián Román en familia?

Mi hermana vive en Medellín con mis sobrinos, y con mi papá nos vemos seguido. Estoy enloquecido con mis sobrinos.

¿Y para cuándo los hijos?

Para cuándo la esposa primero (risas). Quiero que sea como le pasó a mi hermana. Ella es el ejemplo de que sí existen las parejas ideales.

¿Cuál es su cita ideal?

Aparte de la montaña, me gusta la moto. Un domingo que no tengo nada que hacer, me despierto, y si hay un sol divino arranco en la moto y me voy a Girardot o a Villa de Leyva, almuerzo y me devuelvo. Se ha vuelto un momento de meditación real, el movimiento me genera más concentración.

De las escenas de besos, ¿cuál ha sido la más difícil?

Todas, son las que más odio hacer. A los directores se les da por empelotarlo a uno y hay 60 personas ahí; aparte la letra, las cámaras, el sonido. Es muy incómodo y sufro siempre, sobre todo con las de cama.

¿Tiene algún vicio?

Tuve. Hace más de 20 años que dejé de fumar y beber. Ahora tengo un TOC que es la limpieza extrema. No me puedo ir de casa si no he lavado la loza y tendido la cama, la paso mal todo el día.

¿Qué música le gusta?

Me quedé en los 90, en Fito Páez, pero soy crossover, escuchó desde Totó la Momposina hasta AC/DC.

Una canción para el despecho.

Hay un disco de Fito Páez, El amor después del amor, que es perfecto, porque si estás despechado, te caen todas, y si estás enamorado, también. Es impresionante.

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