'La vida es una fiesta'

Es la autora del libro ‘Algo que celebrar’, que habla de las festividades en diferentes lugares del mundo.

Guiada por su gusto personal y su instinto, Lola Mayenco escribió una especie de enciclopedia para vivir mejor la vida. / Cortesía

¿La vida debería ser una fiesta continua?

Lo es. Estamos demasiado ocupados o ausentes para percibirlo. Constantemente dejamos pasar mil y una oportunidades para prestar atención a los pequeños detalles de nuestra vida cotidiana que nos dan más felicidad que todo el dinero del mundo. Necesitamos estrategias para despertar y eso es lo que las celebraciones consiguen.

¿Cómo se puede disfrutar la vida desde un rincón del Mediterráneo?

De la misma manera que desde Colombia, Japón o el desierto australiano: dejando de vivir la vida como sonámbulos. Abriendo los ojos a los pequeños detalles, los objetos más comunes, los gestos ordinarios. 

¿Qué la impulsó a pensar en que siempre hay algo que celebrar?

Un viaje físico que inicié con mi marido hace diez años. En un pequeño velero navegamos durante un año sabático por el río de La Plata, visitamos algunos puertos de la costa uruguaya y recorrimos toda la costa brasileña hasta el Caribe. Vivimos momentos extraordinarios. Pero, sorprendentemente, una noche en que estaba tumbada en cubierta mirando las estrellas, me inundó la nostalgia de mi vida cotidiana. En ese instante supe que la auténtica felicidad se esconde en los resquicios de lo cotidiano. 

¿Qué recuerdos especiales le dejó su fiesta de la vida visitando Brasil?

Quizás el más significativo para mí fue un encuentro que duró un par de minutos. Llevábamos cuatro horas subiendo al Pico del Papagayo cuando nos cruzamos con otro senderista. Se paró, sonrío y nos miró a los ojos, relajado. Sin proponérselo, ese chico me enseñó a celebrar las oportunidades de conectar íntimamente con otras personas, sin preocuparme de su fugacidad.

¿Es Argentina un breve paraíso de experiencias culturales y folclóricas?

Me gustó mucho el ritual del mate en el campo; la calma de los gauchos me transportó a las ceremonias budistas del té al otro lado del mundo. Pero quizás lo que me llamó más la atención fueron las guitarreadas, unos encuentros informales en los parques y las plazas en los que familiares y amigos se van pasando el mate, el turno de canción y la guitarra. 

¿Qué países desea fervientemente conocer para saber de sus fiestas?

Me gustaría mucho profundizar en la ética y la estética de las tradiciones japonesas. 

¿Cuánto tiempo estuvo pensando en hacer un libro sobre las fiestas del mundo como ‘Algo que celebrar’?

En cuanto regresé a Barcelona, después de terminar mi viaje, me puse a investigar el poder de apreciación de las fiestas tradicionales. Estaba convencida de que logran colar en nuestra agenda la necesidad de prestar atención a algún aspecto fundamental de la vida que sin esa fiesta correría el riesgo de que se nos pasara por alto, pero para poder demostrarlo debía bucear en culturas de todo el mundo. 

¿Con qué imágenes arrancó el libro?

El festival de Divali, que vivimos con una familia hindú en Trinidad y Tobago. A la luz de las miles de velas entendí que celebrar fiestas y rituales es una necesidad humana vital.

¿Qué es lo más llamativo del Festival de los Cerezos en Japón?

La fiesta de Hanami me parece una metáfora preciosa de lo efímero de la vida y de la importancia de disfrutarla al máximo mientras dura.

El libro es como una enciclopedia para vivir mejor la vida. ¿Fue ese el propósito cuando pensó en escribirlo?

Mi propósito era mucho más modesto. Sólo pretendía recopilar una pequeña colección de celebraciones para disfrutar de la vida con mayor intensidad. Lo hice guiada por mi propio gusto e instinto; nada sistemático, organizado ni científico. 

Cuerpo, mente, corazón y alma... ¿Todo esto cabe en una hermosa fiesta de la vida?

Debería caber, ya que la mayor felicidad se alcanza cuando se logra que convivan en armonía las diferentes partes de nuestro ser.

¿Su libro está dirigido a quienes han entrado en una loca rutina o a quienes quieren vivir la vida con más intensidad y alegría?

A ambos. Creo que nutrir nuestras intuiciones y sensaciones, nuestros pensamientos y sentimientos nos puede ayudar a todos a ser más conscientes del regalo que es estar vivos en este preciso momento. 

¿Todos los días debemos tener algo especial para celebrar?

No es que debamos tenerlo, es que lo tenemos: la vida es una fiesta y sólo hay que abrir los ojos para verlo. No hace falta permitirse grandes comilonas, viajes caros o ropa de marca; es suficiente con recuperar la capacidad para disfrutar de lo más mínimo que teníamos todos de niños.

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