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hace 2 horas

Viña Machado, de patito feo a cisne

Interpreta a Eugenia en “La esclava blanca”, de Caracol TV.

Su nuevo personaje es Eugenia Upton en “La esclava blanca”. ¿Cuáles son las características que la definen?

Es una aristócrata samaria que es muy liberal para la época. Ella llega a romper con esos paradigmas sobre lo que debería ser esa mujer. A diferencia de Victoria (protagonista), Eugenia es una mujer viajada, hedonista, que busca el placer, la belleza, que disfruta cada uno de los placeres de la vida y que obviamente siente un gran placer por poder dominar, poder hacer lo que le plazca.

¿Qué tanto se parece Viña a Eugenia?

Nada. Obviamente a mí me gusta la belleza, pero no nos parecemos en nada.

Lleva once años de carrera como actriz. ¿Cómo ha cambiado desde su primer personaje hasta el día de hoy?

Mi primer personaje fue en Dora la celadora, en 2004. Con el que aprendí que no quería ser actriz, con el que dije: no actúo mientras no estudie. Porque venía de un mundo muy distinto, que es el modelaje, y la actuación es mil veces más compleja. Si miramos hacia atrás, los últimos tres años, podría decir que me he convertido en una actriz. Antes estaba insistiendo en mi sueño de ser actriz, pero con el tiempo entendí que uno puede tener 10 % de talento, pero el otro 90 % son disciplina, esfuerzo, estudio, pasión.

¿Con cuál personaje considera que la dejaron de ver como modelo?

Con Brigit de La vendedora de rosas. Primero porque hay una generación de gente que no me conoció como modelo. Con Brigit me quité el estigma de modelo, que no me pesa, estoy muy orgullosa. Pero también me cambió Doña Flor y sus dos maridos, en 2008, cuando Jorge Alí Triana decidió creer en mí y me hizo partícipe de la obra. Nadie pensó que yo podía interpretar a Brigit, por el perfil que tenía el personaje. Lo que no saben es que en la vida real ni me peino ni me maquillo. Claro, si uno sale en televisión, quiere que la vean bonita.

Hablando de sus inicios como modelo, ¿recuerda la primera vez que estuvo en una pasarela?

Sí, tenía 13 años. Era una niña muy flaca y alta. En alguna oportunidad le dijeron a mi mamá que debía meterme a clases de modelaje a ver si se me quitaba la joroba, porque no tenía busto. Al corto tiempo la profesora se enfermó y yo terminé dando las clases. Mi primera pasarela fue en “Mi Ranchito”, una discoteca en Santa Marta. En ese momento era muy creída, porque sabía que era buena en la pasarela.

O sea, ¿no tuvo mayor problema en encajar dentro de los cánones de belleza?

De niña era un patito feo. Crecí en la Costa siendo alta, flaca y rara, porque no soy una mujer que a primera vista digan que es linda, a mí me tienen que mirar como tres veces. A los siete años ya corría los 100 metros planos, ya había estado en la banda de guerra, lo que te genera una disciplina que te lleva a ser competitiva, y aunque de adolescente no tuve muchos novios, sí fui muy amiguera, ahí gané mucha seguridad hasta cuando me gané un concurso de modelaje y ahí ya empezó mi carrera.

¿Un momento de quiebre en su vida?

Cuando terminé de grabar Doña Flor y sus dos maridos me tocó irme de Colombia dos años a buscar trabajo en México. Volví a hacer un casting para Comando élite y quedé. Desde ese día hice la promesa de dejar de fumar y hasta el día de hoy lo he cumplido.

Para usted es importante el área espiritual. ¿Cómo trabaja en ella?

Cuando hice el proyecto de La Cacica, que aún no ha salido al aire, me fui a Valledupar a vivir tres meses, en esa etapa rompí con una relación, y todo eso me llevó a rencontrarme con Dios, a través del padre Dorian. Con Eileen Roca íbamos a rezar el rosario casi todos los días y se volvió una manera de reconectarme con mi vida espiritual, el volver a creer en que Dios tienen misioneros.

¿Qué la desestabiliza?

La estupidez. Cuando la gente cree que me puede ver la cara, ahí se me arma el caparazón y reacciono. Trato de no tomarme las cosas personalmente, pero me molesta que me vean la cara de tonta.

¿De qué es esclava?

Un poco de la vanidad, porque toda la vida he estado expuesta como modelo, como actriz. Pero, por lo demás, creo que no tengo apegos, soy muy desprendida.

¿Un recomendado literario?

Ahora estoy leyendo La tejedora de coronas de Germán Espinosa. También leí Voces de Chernóbil de Svetlana Aleksiévich. Debo decir que los libros para mí son muy importantes, por eso no los regalo ni los presto, porque me gusta que queden con mis tachones, mis comentarios, así que no se pueden llevar ni un solo libro de mi biblioteca.

¿Cree que en algún momento ese gusto por la lectura la lleve a escribir algo de su autoría?

Soy muy macondiana en mi escritura. Por ahí hay unos relatos y cuentos. La escritura me inquieta, así que en algún momento sacaré una publicación, pero no como Viña, sino como Virginia Machado.

 

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