“Yo he sido la primera en todo”: Claudia de Colombia

La cantante bogotana, quien fue secretaria en El Espectador, afirma que nada le han regalado en la vida.

Claudia de Colombia fue la primera artista del país en obtener reconocimiento internacional cantando música popular. / Archivo particular

¿Cómo llegó a trabajar de secretaria en El Espectador?

Cuando salí del colegio, alguien le dijo a mi mamá que yo debería trabajar. No me gustó la idea, pero me buscó un puesto en El Espectador. Era secretaria. Ganaba 150 pesos, llegaba tarde y mi jefe, Alberto Blanco, nunca me dijo nada. La plata me la gastaba en taxis, entonces mi mamá me decía: “Mire, mijita, usted ahí no está haciendo nada. Dedíquese al canto”. Hasta que al fin le hice caso y un día Luis Alberto Cano me entrevistó y me dedicó dos páginas del periódico.

¿Quién era antes de ser Claudia de Colombia?

Nací en Bogotá, pero por mi apellido (Caldas) mucha gente cree que soy de Manizales. De niña me dejaron ser niña, recuerdo que tenía 21 años y mi mamá me acompañaba a las entrevistas, a todas partes. Siempre me decía: “No se le ocurra tomar”, no había vicios, por lo menos yo nunca los vi en mi vida, ni los he visto hasta el momento. Los he visto por televisión, pero nunca han estado cerca de mí, soy una persona muy sana, me gusta la vida que tengo. Mi mamá nunca me exigió, nunca me presionó para ser artista. Ella quiso ser artista y siempre me guió y me llevó de la mano. Me llevaba a todos los programas en la radio. Desde los 5 años me llevaba a los escenarios y ya en esa época cantaba con los más grandes del mundo. Yo actuaba con esos monstruos siendo una chiquitica de 5 o 6 años que apenas podía hablar. Para mí es muy natural estar con los grandes, porque he viajado desde los 13 años. Alterné con Celia Cruz, con Angélica María, Leo Dan, con todo el mundo, con todos los que se han escuchado he trabajado.

¿Fue tan fácil conseguir la fama?

Yo quise ser gerente de banco, porque una vez de pequeña vi a una muchacha bajando de un Mercedes pequeño y deportivo, a la entrada de un banco, y me imaginé que era la gerente y desde ahí quise serlo. Pero mi mamá me cultivó las artes. Intenté entrar al Conservatorio, pero me rechazaron porque nos pusieron unos exámenes absurdos en los que nos pusieron música clásica y nos dieron una hoja en blanco para poner la nota que se escuchaba. Había muchos concursos, pero nunca fui coqueta y no ganaba nada, eso me frustraba y yo me sentía mal y no decía nada, porque soy muy reservada . Hasta que una vez en la televisión me escuchó cantar un señor Santander Díaz, le encantó mi voz y me empezó a buscar y dos años después me encontró y me dijo que quería grabarme un disco. Yo fui absolutamente indiferente, porque no iba buscando nada, a mí todo se me dio en la vida, no me regalaron nada, porque nunca lo han hecho, pero en el camino todo iba llegando.

Quiso interpretar a Evita en la ópera, ¿qué le llamaba la atención de ese papel?

La majestuosidad de canción en escena, eso es una cosa bárbara. El sentirme acompañada al menos de 70 músicos, es algo que siempre he querido hacer.

¿Cuando hizo parte de Cantaré, Cantarás con varios artistas latinos, se sentía sola en ese grupo representando al país?

Fue el momento en que más me sentí sola, porque mientras todos los países mandaban a su artista con una comitiva, la mía no lo hizo, entonces me sentía muy sola en muchos aspectos. El evento era en Beverly Hills. Yo siempre he entrado por la puerta grande, fui la primera artista colombiana que estuvo en el Madison Square Garden, la primera que cantó el Himno Nacional en Nueva York. Yo he sido la primera en todo, abrí la puerta para los que están ahora. Entraron y les ha ido muy bien, pero la primera artista fui yo.

¿Cómo se sobrepone a discos que no son exitosos?

Son cosas que tienen que pasar, pero en ese momento yo no lo veía así porque era una niña muy ingenua, y sigo siendo así. En un concierto en Venezuela, por un comentario que escuché, dije: “señor presidente, libere a Los Monjes”. Tras el concierto, entró un periodista al camerino y me acuerdo que me dio la mano y me dijo que era muy valiente, nunca entendí el alcance de sus palabras, pero en aquella época era una niña con mucho éxito y fue terrible, sobre todo para mi madre. Estábamos en el hotel y empezaron a cortarme las comunicaciones, me llevaban el periódico y cuando lo abrí había un letrero en rojo donde decía “Claudia de Colombia ofende al pueblo venezolano”. No medí el alcance de lo que dije, llamé al presidente para confirmar que no lo había ofendido y así fue, me dijo: “Claudia, no me has ofendido, nosotros te queremos, eso es la prensa”.