La vitrina de Colombiamoda

Tres días de desfiles en Medellín ofrecen información esencial para tomarle el pulso a la moda nacional. Primavera-verano es la estación donde se resuelve el diseño en Colombia, cada vez más jóvenes se vinculan al sector y las marcas sorprenden con sus puestas en escena.

Modelos lucen creaciones de la diseñadora colombiana Johanna Ortiz en Colombiamoda 2014 en Medellín. /EFE

La luna se asomó temprano sobre el Teatro Metropolitano. Redonda, completa y suspendida sobre el escenario. Más de mil quinientas personas fueron ocupando sus asientos sin saber qué iría a suceder. La idea de asistir a un evento de moda consiste en eso, en dejarse sorprender. Pero lo mejor, sin duda, es que pase de verdad. Algo tan deseable como poco frecuente. Cada media hora en Colombiamoda, entre las doce del día y las nueve de la noche, iniciaba una nueva pasarela. Once marcas masivas, veinte diseñadores y dieciséis jóvenes creadores (la mayoría estudiantes de diseño todavía) tuvieron la inmensa responsabilidad de mostrar sus colecciones. Para revelar cómo funciona a diario eso que llaman talento. Una forma de desnudarse ante el público y ser blanco inerme ante las miradas.

Punto Blanco lleva más de sesenta años siendo referencia en el mercado de las medias, la ropa interior, deportiva y ahora busca destacarse con sus líneas de ropa exterior. Contar todo eso, en veinte minutos de presentación, no es fácil. Lo lograron eligiendo “una noche de luna llena” en la que apostaron por crear un espectáculo contundente que involucró a la soprano Natalia Trejos y al coro de la orquesta sinfónica de la universidad Eafit. Y nadie perdió de vista la ropa que es lo que vinimos a ver y tomar nota. Seda, rayón, tejido de punto y algodón se incorporan al catálogo de esta firma para proponer prendas básicas plenas de tendencias. Diseño tan delicado como el que exige su línea de lencería. Gef, Tennis y Paradizia mostraron también lo que implica hacer moda: ser deseados por su estilo, color, calidad y diseño. Y decírselo de manera seductora al público. Con Choquibtown o con un western. De la mano de rigurosas compañías de producción como Huevos y Escobas o Felipe Espinosa.

La playa en que se convirtió la escalinata al aire libre que en Plaza Mayor conduce a los recintos de pasarelas resultó el segundo escenario para apreciar el minuto a minuto de las propuestas de moda. Apreciable este año el aumento de público joven entre las 29.000 personas que ingresaron a las pasarelas y su activa participación ante las transmisiones exteriores. “Producirse” llaman a lograr el aspecto deseado que incluye de todo. Desde sombreros, tirantes, pantalones recogidos por encima del tobillo (en los hombres), gafas de monturas fantasiosas y lentes de dudosa factura, tatuajes, accesorios, minivestidos acompañados de botines (en las mujeres) y estampados por doquier, mezclados por el azar que conlleva el gusto de cada quien. Y esa “producción” fue tan evidente que siquiera señala un interés creciente por conectarse con eso que la moda provoca: manifestarse.

Esa noción de aprender a contarse desde la creación la trabajan con ahínco en la Colegiatura de Medellín, el respetado centro de formación en Diseño de Moda. Su pasarela en Colombiamoda suscita siempre interés por la calidad de su curaduría y producción de colecciones. Una oportunidad para que sus estudiantes muestren del cobre que están hechos. Miguel Mesa, con sus veinte años y un don innato para leer el mundo en otra clave, logró con apenas siete “looks” apuntar otra dirección en materia de moda: “Altiplano”. Lo hizo a partir de lona textil, la misma que sirve para fabricar llantas de carros, trabajada como si fuera un alfarero. Siluetas cónicas inconfundibles de un joven que ni siquiera ha comenzado a estudiar los aspectos comerciales y de construcción de marca que implica necesariamente dedicarse a este oficio.

Los más jóvenes del grupo de empresarios de moda se arriesgaron más. Carolina Sepúlveda (cortes japoneses en algodones y linos impresos con trazos de costura); Camilo Alvarez (quien inauguró exitosamente la feria con su propuesta urbana, fresca y lineal); Kika Vargas (unos años 20 para el siglo XXI en seda y aplicaciones de pedrería); Vanessa Gómez –estrenándose en pasarela con su línea femenina Ashes (vanguardia de siluetas sueltas en un repertorio que abarca capas, saharianas, abrigos y camisas para mujeres de aspecto quáquero); Manuela Álvarez (con “Base” una segunda colección marcada por las aberturas insospechadas, largos impredecibles y patrones explorando nuevas posibilidades) y Alados (un dúo que diseña mujeres conventuales aunque en realidad buscan convertirse en novias barrocas).

En los tres pabellones adicionales que ocupa Colombiamoda con textiles, muestra comercial y moda popular cada segundo cuenta. Al cierre, se acumulan 308 millones de dólares en expectativas de negocio (un 23% más que en 2013). “Actitud, cool, guauuu”, tres palabras que saturan los oídos estos días a cualquier visitante a la feria.

Tanto como el retumbar de los sintetizadores que se apoderan de la acústica. Sí, hay más jóvenes. Por fortuna hay varios conocedores de moda siempre dispuestos a observar y capaces de obviar la bulla que despista. Lisette Trepaud, directora de Makken Moda y sabedora de las intrincadas rutas de la moda en México, se compra varios pares de gafas de la conquistadora marca colombiana Little Lucía. Con un ejemplar de puntos negros sobre montura blanca ha presenciado buena parte de las veintinueve pasarelas. Julián Posada, consultor de moda, observa cómo los representantes del Instituto Marangoni de Milán ofrecen becas a dos estudiantes en los que detectaron materia prima poderosa. Y no fue en la franja de jóvenes, Non-Stop, donde ocurrió porque en este segmento un casting débil y las irrupciones de música comercial en vivo se tomaron por asalto el trabajo de los diseñadores.

Trece diseñadores de largo aliento, Hernán Zajar, Lina Cantillo, Judy Hazbún, María Luisa Ortiz, Juan Pablo Socarrás, Isabel Henao, Argemiro Sierra y Diego Guarnizo, entre otros, enfilaron sus baterías para unirse a la pasarela Modo Rosa. Una iniciativa que apoya la prevención del cáncer de seno. Motivados hondamente por esta causa de salud y social escogieron elementos que resolvieran la actitud valerosa que requiere vencer la enfermedad que tiene en jaque las mujeres en Colombia. Y los aplicaron en sus líneas reconocidas. Una valiosa presentación colectiva que podría arriesgarse mucho más en próximas ediciones.

Jorge Duque (prendas en corcho y patrones locuaces), Beatriz Camacho (fabulosos vestidos de noche en plumas y pedrería), Renata Lozano (colección sin estaciones), Lina Cantillo (hombres pensados al detalle: cinturones rojos sobre chaquetas) se encargaron, eso sí, de mostrar otros derroteros. Conviene ponerle límite a la manera en que los patrocinadores de estos diseñadores (siempre en busca de financiación para hacer realidad la producción) ocupan espacio que no es de ellos en plena pasarela: con rosas, con reguetoneros, botellas de agua y ¡hasta con un sofá inverosímil!

Johanna Ortiz, la diseñadora caleña a quien Carlos Eduardo Botero –presidente de Inexmoda- encomendó la misión de cerrar esta edición vigésimo sexta, tuvo que vencer nervios por partida doble. Regresaba con su marca a un desfile y faltaba un aire contundente. Ella se encargó de eso con una colección en cerezas, azules, blancos y marfiles de exquisita mezcla de diseño textil. Mujer bolero, resuelta, fabulosa, de hombros al descubierto y faldas al bies, mantones de manila revertidos en kimonos y kaftanes, dispuesta a trabajar y disfrutar al tiempo. Cuarenta y dos salidas coordinadas por la batuta de Grupo 4. En menos de un mes, Johanna Ortiz abre su nueva tienda en Bogotá. Seguramente su mujer colombiana, luminosa y favorecida por una silueta que ya no busca contenerla sino liberarla, va a ser solicitada con fervor.


*Periodista independiente. Creadora del medio de comunicación digital sobre moda en Colombia http://www.sentadaensusillaverde.com Forma parte del jurado de los Premios Cromos de Moda 2014.

@sillaverde

 

 


 

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