'Bogotá no resiste más promociones personales'

Rafael Pardo, exconsejero de paz y de seguridad, exministro de Defensa y de Trabajo, exsenador y candidato a la Alcaldía de Bogotá, analiza el panorama partidista para los meses anteriores a las elecciones de octubre. Habla de la crítica situación de la ciudad, de sus posibles rivales y de los contradictorios intereses políticos que enfrentaría.

Según Rafael Pardo, “más allá de sus propuestas, el juicio de los ciudadanos sobre la alcaldía de Petro no se basará en lo escrito sino en lo ejecutado o en lo que dejó de ejecutar”. / Luis Ángel

¿Es cierto que podrían surgir otros aspirantes de su partido, el Liberal, a la candidatura por la Alcaldía de Bogotá?

No creo. A estas alturas ya se sabría que habría varios aspirantes por el liberalismo. Esa versión no tiene ningún viso de realidad.

Usted es, entonces, el único candidato del liberalismo. Pero también debería serlo de la Unidad Nacional. Sin embargo, tal premisa no es tan sencilla de cumplir. ¿Cuántos rivales dentro de la coalición gubernamental le disputarán la candidatura del santismo?

Una candidatura de unidad es lo único que tiene sentido de realidad política. Me refiero, por supuesto, a la unidad dentro de la Unidad Nacional. Y también a una nueva que surgiría de la anterior, más la suma del resto de los bogotanos que quieran apoyar un giro radical para esta ciudad que no sólo no ha avanzado en los últimos años sino que ha retrocedido con relación al desempeño que veníamos teniendo y en comparación con lo ocurrido en otras ciudades colombianas.

Pero la crisis que padece Bogotá no garantiza que usted no tenga competidores en la carrera por gobernarla. Todo lo contrario: despierta más apetitos políticos en la coalición, pues será relativamente fácil conseguir logros.

He estado conversando con varios líderes de la coalición y ellos tienen el mismo propósito que yo tengo en cuanto a la necesidad de ir unidos. Las definiciones en los otros partidos gubernamentales se darán, a más tardar, en febrero. La ciudad no está para resistir más promociones personales ni para probar potenciales liderazgos de última hora. Usted y todos los que habitamos aquí somos testigos de lo que ha sucedido en los últimos años.

Si surgiera otro u otros precandidatos de los partidos de la coalición por la Alcaldía de Bogotá, ¿usted entraría a una consulta con ellos o se retiraría?

Ninguna candidatura se improvisa. En el evento improbable de que eso llegara a ocurrir, pensaría dos veces si presto mi nombre para la competencia interna de la coalición o no.

Pensando en lo que sucede por fuera del santismo, los aspirantes a gobernar la ciudad que tienen opción de ganar las elecciones de este año, además de usted, son Pacho Santos, por las derechas uribistas; Clara López, por el Polo —si se resuelven sus diferencias internas—, y el candidato que sea seleccionado por el petrismo, fuera del que surja de la decisión de los verdes. ¿Cuál de ellos es más “peligroso” para usted?

No desprecio a ninguno de los competidores y partidos que usted menciona, pero no usaría el término “peligroso”, pues cada uno tiene sus nichos y seguidores. En todo caso, es necesario tener en cuenta que todavía faltan muchas definiciones en el panorama político de Bogotá. Le doy ejemplos: las que se tomarán en la consulta de los verdes, en la de los progresistas, en el congreso anual del Polo, y la decisión final de Uribe sobre si apoya a Pacho Santos o no.

¿Cómo así? ¿Usted duda del apoyo de Uribe a Francisco Santos?

Como se ha dicho, Uribe es Uribe y Pacho es Pacho. Todos los colombianos conocemos los altibajos de las relaciones entre ellos dos. A veces el pasado es premonitorio de lo que sucederá en el futuro, y no sabemos lo que está por venir. Pero le reitero, todos los aspirantes son respetables para mí, aunque espero ganarles, pese a que, en el campo de la ley de las probabilidades, cualquiera podría llegar a la Alcaldía.

¿Cómo cree que están las fuerzas políticas en la capital después de todo lo que hemos padecido en los últimos años: con mayorías de derecha o con un electorado consistente de izquierda?

Más que fijarse en la ideología de las fuerzas políticas capitalinas, la mayoría de los bogotanos quiere eficiencia en la administración y que les resuelvan las dificultades que padecen. La ciudad está cansada de la polarización que ha propiciado la parálisis, en unos casos, y en otros la corrupción. No creo que en esta elección, que es distinta a la presidencial del año pasado, la gente esté pensando en si un candidato es de derecha o de izquierda. Le interesa que el elegido mejore su calidad de vida. Por eso, lo clave para mí es encontrar solución a los problemas de los ciudadanos sin pensar en que sean uribistas, polistas, progresistas o de cualquier otra tendencia.

Pese a su afirmación, hay quienes están reproduciendo la polarización política de la elección presidencial entre el proceso pro paz, representado por Clara López, y el proceso antipaz, que tiene a Pacho Santos.

Insisto en que no creo que en la mente de los habitantes de Bogotá pueda caber la idea de que esta elección es la tercera vuelta y la continuidad de la disputa por la Presidencia del año pasado. Si la estrategia que usted señala es la que tienen esos dos candidatos, francamente tengo que decir que no está centrada en los problemas del bogotano que sale a la calle cada día.

Tiene razón, pero también es cierto que la discusión sobre el proceso de paz está implícita en los temas de esta campaña y no se puede evitar su incidencia en la votación de octubre: Pacho está de un lado y Clara del otro.

Bueno, si eso es lo que quieren representar en las elecciones locales, veremos la respuesta de la gente. En cuanto a la paz y lo que se está discutiendo en La Habana, para mí lo ideal es que el día de las votaciones también haya un referendo para refrendar los acuerdos a que se pueda llegar. En este caso, defenderé el proceso y sus decisiones. Tengo las credenciales y la experiencia para entender las dificultades y bondades de una negociación de ese tipo, tanto para saber lo que debe hacer el alcalde de la capital del país para consolidar lo acordado, como para ordenar la ejecución de las decisiones que allí se tomen.

En su lado también está Clara López.

Bienvenida a “este lado”, como lo llama usted, pero le recuerdo que el Polo no ha sido muy generoso en este campo. Por ejemplo, ese partido no apoyó la Ley de Víctimas, parte fundamental de lo que debe conversarse y acordarse en Cuba. De cualquier manera, Clara no ha manejado nunca una negociación similar a la que se adelanta en La Habana.

A propósito, ¿está de acuerdo con quienes piensan que Clara sería su mayor rival en las preferencias políticas del santismo por la aparente homogeneidad entre ustedes dos?

Para nada. No hay homogeneidad porque yo, como candidato de la Unidad Nacional, haría un proyecto incluyente en la visión de ciudad que implementaría y en el cual tendrían cabida sectores que no son de la coalición. Clara, por lo pronto, tiene la urgencia de definir quiénes van a apoyar su candidatura dentro de su propio partido.

Precisamente, el senador Robledo, quien sostiene una pública diferencia con Clara por la presunta cercanía de ella con el presidente Santos, ha dicho que la respalda siempre y cuando no tenga apoyo de fuerzas contrarias al Polo. ¿Usted cree que el santismo incidirá en la disputa Robledo-López, y a favor de quién?

No lo creo. El Polo, que es un partido respetable, es de oposición al Gobierno y va a seguir siéndolo, gane el sector que apoya a Clara o el que apoya a Robledo, y él va a continuar siendo senador, desde donde ha ejercido y seguirá ejerciendo la oposición. Por tanto, meterse en corral ajeno no le daría réditos al Gobierno y, por el contrario, le podría salir mal.

Todos sabemos que los presidentes prometen no intervenir en las campañas locales, pero que también terminan haciéndolo por cuestión de supervivencia política. ¿Juan Manuel Santos le debe fidelidad a usted y a su candidatura?

Usted misma recuerda, implícitamente, que los presidentes en ejercicio no pueden intervenir en política partidista. Estoy seguro de que el jefe de Estado practicará la máxima de su tío abuelo. Eduardo Santos: será neutral. pero no indiferente.

Por ahora hay muchas especies políticas. Por ejemplo, que el uribismo ganaría sobrado la Alcaldía de la capital por el número de seguidores, no del candidato Francisco Santos, sino del expresidente Uribe. ¿Es cierto que para ganarle a éste, los demás partidos, e incluso la coalición de Gobierno, tienen que hacer alianzas para octubre?

Vuelvo y le digo: Uribe es Uribe y los otros son los otros. Además le recuerdo que los candidatos del expresidente han perdido tres veces en las elecciones de Bogotá, dos siendo él el mandatario: Juan Lozano y Enrique Peñalosa. En la tercera, recién salido de la Presidencia, su candidato también fracasó.

Cambiando de tercio político y fuera de las fábulas que indican que la capital elegirá a quien diga Petro, ¿cuánta incidencia le atribuye usted al sector del alcalde en Bogotá?

Ninguna fuerza política es, por sí sola, determinante en la ciudad. El progresismo es importante y estar en la actual alcaldía le da una ventaja, pero aun así, ese sector no puede basarse en ese cálculo, so pena de llevarse una sorpresa.

A su juicio, ¿el petrismo hará alianza con el santismo en Bogotá y contra el santismo en el resto del país?

No sé qué estará pensando el progresismo en cuanto a elecciones en otras regiones. Aquí tiene una consulta para definir su candidato entre tres aspirantes, y eso indica que quiere tener vida propia en la próxima elección.

Aunque Petro suele ser soberbio, se dice que algunos miembros importantes del progresismo no lo ven a usted con malos ojos por la forma como ejerció temporalmente la alcaldía. ¿Cuenta con los votos de ellos?

Cuando inicié el encargo de la alcaldía me recibieron con manifestaciones de doce horas seguidas en la Plaza de Bolívar en las que me gritaban “impostor”. Terminé cumpliendo mi tarea sin atropellos ni sobresaltos, y así me lo reconoció la ciudadanía en general. En ese período conocí, mejor que cualquiera de fuera del petrismo, el programa de la Bogotá Humana, y por eso sé de sus proyectos qué vale la pena, qué hay que modificar y qué es pura carreta. Desde ese punto de vista, no sé si sería el mejor candidato para el progresismo o el peor, precisamente porque lo conozco. Más allá de sus propuestas, el juicio de los ciudadanos sobre la alcaldía de Petro no se basará en lo escrito sino en lo ejecutado o en lo que dejó de ejecutar.

Petro ha dicho que es mejor no usar el celular en la calle para que no se lo roben a uno. Y que hay que dejar el carro guardado en casa para que no haya congestión vehicular. Como simple bogotano, haga una reflexión respecto de estas dos “soluciones” del alcalde.

Sin entrar a confrontar lo que dijo el alcalde, cuya intención debe ser más compleja de lo que usted refleja, lo que yo haría con ese par de problemas críticos de Bogotá, es decir, la inseguridad y la falta de movilidad, sería darles un tratamiento similar al del chikunguña: primero, una etapa de prevención para que haya menos mosquitos, menos charcos infectados y menos personas expuestas a la picadura. Y segundo, una etapa de curación en la que repartiría acetaminofén para reducir los síntomas de los enfermos y haría grandes campañas de cultura ciudadana para evitar los focos de contagio.

Buen momento para preguntarle qué lo hace a usted distinto de los demás candidatos.

Para nadie son un misterio los temas críticos de Bogotá: los problemas gigantescos de movilidad, de inseguridad y de desorden urbanístico. El próximo alcalde no tendrá que hacer tanto diagnóstico ni pararse en el pedestal de su ideología, sino que deberá ser ejecutivo y pragmático para resolver los problemas que les hacen invivible la actual ciudad a sus habitantes. De otro lado, tendrá que ser un verdadero gerente de la compleja administración de Bogotá y tener una cercana relación con la Policía, con la justicia y con el Concejo. Por último, deberá convertirse en un canal expedito entre los bogotanos y el Gobierno Nacional. Ahí le dejo mi retrato hablado.

¿Cuánta influencia tendrán Enrique Peñalosa y Antanas Mockus en el ganador de las elecciones de octubre?

Mockus y Peñalosa son figuras indispensables en la visión bogotana de ciudad, como la mayoría de las personas se los reconoce. Siempre serán referentes para la construcción del futuro de la capital. No estoy en capacidad de decir, a ciencia cierta, hasta dónde ellos tendrán tomada la decisión de involucrarse en esta elección. Por mi parte, yo he hecho el ejercicio de conversar con los exalcaldes de la capital de los últimos 20 años para tener en cuenta sus experiencias y conocimientos. Entre ellos, Juan Martín Caicedo, Jaime Castro, Paul Bromberg, Lucho Garzón y los propios Mockus y Peñalosa. Las luces de todos ellos son necesarias para ejecutar una alcaldía eficiente y práctica.

¿Y si Mockus y Peñalosa decidieran participar otra vez como candidatos?

No creo que en el lugar de la historia de la ciudad en que están, Mockus o Peñalosa quieran entrar en una disputa ya superada para ellos. Más bien veo su participación en la construcción y en la ejecución del nuevo rumbo de consenso que debe tener Bogotá en la próxima administración.

¿Como una especie de patriarcas?

Algo así.

¿Qué ha faltado en la ciudad para encontrarle solución a la inseguridad y el taponamiento de las vías?

Es obvio que la ciudad necesita grandes cambios, pero algunos deben ser de fácil ejecución y de aplicación inmediata. Muchas de las trabas en la aplicación de soluciones pasan por la falta de autoridad. Durante el mes que estuve en la Alcaldía, por ejemplo, trabajé de la mano de la Policía, incluso con mi presencia en los sitios problemáticos. El resultado se notó enseguida. Fuera de eso, la ciudad debe ser habitable, amable, innovadora, con rutas estudiantiles exclusivas, con vida y negocios durante 24 horas, y con soluciones efectivas y a su alcance, para todos los grupos poblacionales.

Eso suena muy bien. Pero hacer viable esas fórmulas no es tan fácil.

No crea. Pronto anunciaré un mecanismo que permitirá establecer lo que requiere cada sector de Bogotá y activar un método para que los ciudadanos puedan participar con propuestas y con sus opiniones.

¿Cómo piensa hacer esa “revolución”?

Simplemente se practicaría una nueva forma de liderazgo con generosidad y por encima de las diferencias, para sacar la ciudad de la parálisis en que ha estado.