'La cúpula petrista considera la Alcaldía una trinchera'

Esta semana, el presidente Santos escogerá de entre Navarro, Maldonado y Jaramillo al alcalde que gobernará a Bogotá hasta que se celebren las elecciones locales. A punto de regresar al Ministerio de Trabajo, Rafael Pardo evalúa su corto paso por el Palacio Liévano y analiza la situación del petrismo y de la capital.

“Hay que decir que aunque los funcionarios distritales estaban renunciados, dolidos y tristes, fueron profesionales y respetuosos”: Rafael Pardo. / Gustavo Torrijos

¿Cómo califica hoy, cuando ya está a punto de irse de nuevo para el Ministerio de Trabajo, la situación de la ciudad?

La ciudad es dinámica e impetuosa. Crece, genera empleo y posee condiciones de vida muy superiores a las del resto del país. También tiene problemas muy delicados y urgentes por resolver, como todos sabemos y padecemos. El plan de desarrollo de la administración Petro es bueno, sin que sea particularmente de izquierda, pues hay una sobreestimación del efecto de cambio que se generaría en muchos temas.

¿Cuál es su evaluación de la gestión de la administración Petro?

Como no soy interventor, le doy sólo mi percepción: el equipo directivo de Petro es comprometido, en general, y competente, a pesar de que muchos no tienen experiencia previa en el Estado. Lo que más me sorprendió fue: uno: el sentido casi de cruzada que le atribuyen al plan de desarrollo. Tapar huecos, por ejemplo, tiene una explicación casi doctrinaria para ellos, pero uno pregunta por la ejecución de ese plan y es apenas del 20%. Es una incongruencia. Dos: derivado del primer punto, la cúpula de la administración Petro siente que lucha por una causa política y considera que la Alcaldía es una trinchera en esa lucha. Y tres, por todo lo anterior creo que hay un sentimiento poco pluralista en cuanto a visiones del mundo y de ciudad.

Concrete esa última idea.

He trabajado en la vida pública en varios frentes y con todas las tendencias: liberales, conservadores, comunistas, otros de izquierda, apolíticos, militares, civiles, policías, etc. Nunca había visto un gobierno tan encerrado en sí mismo como el del petrismo. Allí domina un parámetro según el cual alguien que discrepa de sus esquemas es calificado de irrespetuoso, mafioso o miembro del cartel de la contratación. Yo creo que uno no sólo debe oír la opinión del otro sino considerar que tal vez tenga razón en sus críticas. Por supuesto, la mía es una opinión de corte netamente liberal.

Al llegar al Palacio Liévano, ocupado por el equipo de Petro, ¿encontró un ambiente tan hostil como el que sus miembros manifestaron en sus declaraciones públicas?

Fíjese que la hostilidad del escenario público no correspondía al ambiente aparente dentro de la Alcaldía. Es obvio que existiera cierto malestar porque la ciudad estaba polarizándose prácticamente desde el inicio de la administración Petro y, con más intensidad, desde cuando fue destituido, se confirmó la sanción y se ejecutó la decisión. En ese clima, el nombramiento del alcalde encargado necesariamente tenía que afectarse, fuera quien fuera el seleccionado. Sin embargo, hay que decir que, aunque los funcionarios distritales se encontraban renunciados, dolidos y tristes, fueron profesionales y respetuosos.

En todo caso, el mensaje a los medios era de agresividad contra usted. Hasta lo llamaron “traidor” (a los acuerdos del Estado con el M-19) e “impostor”. ¿No le molestó esa personalización de la discusión?

Quien me llamó con esos calificativos fue Petro en su discurso de la Plaza de Bolívar cuando se confirmó su destitución, pero entiendo que era un momento muy emotivo para él. A algunos de los que había conocido en los campamentos del M-19 cuando se estaba concretando el proceso de paz y que hoy están con Petro les contesté, también en mis mensajes de Twitter, que la paz y el paso a la vida civil no implican una coincidencia perpetua en todos los asuntos políticos. Y señalé que, de otra parte, se sobreentendían la tolerancia y el respeto por los pensamientos ajenos. Pero reitero que no ha habido hostilidad manifiesta en el trato directo.

Dicen que el ambiente del primer consejo de gobierno citado por usted fue “de cortar con cuchillo”.

Convoqué un consejo de gobierno ampliado, como de 60 personas, y oí a todo el que quiso hablar. Hubo muchas intervenciones emocionales y críticas al Gobierno Nacional. También me oyeron cuando les dije que estaba cumpliendo un encargo legal y que estaba de acuerdo con la decisión del presidente.

Puede ser, entonces, que se tratara de una estrategia para mostrarse duros hacia fuera y razonables en privado. En cambio, usted solamente fue amable con el petrismo. No le oí grandes críticas...

No fue un asunto de amabilidad sino de reconocimiento de dos hechos que eran innegables. Uno: que el plan de desarrollo que estaba vigente tenía que cumplirse por mandato legal y que, por tanto, yo no tenía cómo incorporar un programa propio. Dos: que trabajaría con quien deseara continuar, así como bien podía irse el que quisiera hacerlo.

A propósito, se presentó una situación muy particular con los secretarios: presentaron renuncia irrevocable y Petro la aceptó. Y después empezaron a patinar entre irse y quedarse. ¿La reacción inicial del petrismo fue un error jurídico, político o los dos?

Sin duda fue una decisión impulsiva, pues todo eso que usted describe ocurrió en la noche de la destitución. Imperó entre ellos la tesis de que se trataba de un “golpe de Estado”. Incluso, en la reunión conmigo, más de uno calificó la destitución como un segundo 19 de abril. Y señalaban que por eso no podían legitimar el supuesto golpe.

Pero siguen trabajando.

Sí. Fueron nombrados por mí y ellos aceptaron.

Excepto María Mercedes Maldonado, secretaria de Hábitat, quien sólo concretó su aceptación hace dos días, y haciendo varias salvedades. ¿Ella puso condiciones, incluso la de que los anuncios del presidente sobre Bogotá no se llevaran a cabo, como dejó entrever en Blu Radio?

No sé si ella dijo lo que usted afirma. Espero que la terminología del pasado se supere para bien de todos los bogotanos, en particular de los más pobres. Por ejemplo, el tema de la vivienda es uno de los más críticos en la relación Bogotá-Nación. El inicio de los programas de vivienda gratuita en la capital fue muy lento el año pasado, pero en 2014 hay proyectos para 38.000 viviendas, con lo cual la ciudad se acerca al promedio histórico. El ministro Henao se comprometió a impulsar la construcción de mil viviendas adicionales. Y Planeación aceleró la aprobación de planes parciales. Los anuncios del presidente hacen parte de este y otros procesos, y por supuesto continúan.

Otro que no parece corresponder a su talante amistoso es el secretario de Gobierno, Hugo Zárate, que dio declaraciones sobre batidas irregulares de jóvenes por parte del Ejército para reclutarlos. ¿Por qué se molestó con él?

Lo que me molestó, y así lo expresé, fue que un tema que habíamos tratado en una reunión de seguridad y que habíamos acordado discutir con el Ejército directamente para arreglar una situación irregular, acabó teniendo la característica de una denuncia, en prensa, del secretario de Gobierno. Los funcionarios públicos nos encargamos de arreglar los problemas que se presentan y no podemos terminar siendo sólo cajas de denuncias sin soluciones efectivas. Desde el jueves pasado yo había conversado con el comandante del Ejército para que verificara la información y tomara las medidas correspondientes. Por tanto, no había que hacer declaraciones.

Hablando del presidente Santos, su jefe es candidato, y el hecho de que Bogotá no tenga alcalde titular es una situación política que se puede aprovechar. Tal vez a eso se refería Maldonado.

Uno de los problemas de la reelección es que todos los actos del presidente en ejercicio se pueden interpretar como actos del candidato. No es la primera vez que Santos habla de Bogotá, a pesar de que se haya dado esa impresión. Probablemente, el hecho de que yo sea el alcalde encargado ha generado una conexión más fluida entre la Nación y su capital. Además, todos saben que las relaciones de Petro con el Gobierno Nacional no eran fáciles.

¿Queda “picado” por el bicho de la Alcaldía para dentro de año y medio, cuando se elija mandatario en propiedad, es decir por cuatro años?

Le respondo con otra pregunta: ¿cree que puedo tener una respuesta a ese interrogante ahora?

¿Qué fue lo más importante que hizo como alcalde encargado?

Gobernar la ciudad sin que se desmadrara.

En estos días, ¿ha hablado con Petro? ¿Cuándo y cuántas veces? ¿Está muy herido?

Hablé con él una sola vez, el viernes pasado hace 15 días. Sí está herido, resentido, dolido, pero tranquilo. Hablamos en un buen tono alrededor de una hora.

La terna elegida por el petrismo, ¿es adecuada según la experiencia y trayectoria de quienes fueron seleccionados, de acuerdo con lo que usted cree?

Los tres me parecen competentes.

Si usted hubiera podido escoger a uno, me atrevo a decir que su voto sería por Navarro. ¿Acerté?

Le contesto con una frase de cajón: el voto es secreto. Pero le puedo añadir que conocí a Navarro cuando estábamos negociando el acuerdo de paz con el M-19 hace 25 años y nos entendimos bien.

¿Qué hará a partir del 8 de agosto?

(Risas) Después le cuento.