“Lo denuncié por acoso laboral y peculado”

Un impresionante caso de abuso personal, acoso laboral y uso particular de bienes públicos revela el agente de protección de la Procuraduría Abel Martínez, dispuesto a enfrentar el poder que dice tener su jefe, el coronel activo de la Policía y jefe de la División de Seguridad del Ministerio Público, Héctor Cruz Bonilla.

“Apenas tras mi denuncia me asignaron esquema y me entregaron arma”, dice Abel Martínez. / Andrés Torres - El Espectador

¿Cómo se preparó para ser contratado como agente de seguridad de la Procuraduría?

Fui miembro activo de la Policía durante 22 años. Hice cursos de seguridad, antiterrorismo e inteligencia en mi institución y, después, en diferentes escuelas civiles. Llegué al grado de intendente, con antigüedad para ser intendente jefe. Pero me retiré y ya como civil ingresé a la Unidad Nacional de Protección (UNP), de donde salí para entrar a la Procuraduría hace casi dos años.

El Estado les debe dar protección a quienes se les determinen, con estudios de seguridad, niveles extraordinarios de riesgo. ¿Su jefe el coronel Héctor Alfonso Cruz Bonilla, jefe de la División de Seguridad del Ministerio Público, le informó que él o sus parientes estuvieran en peligro para explicarle por qué lo asignaba a ser el conductor de la familia?

No. Expertos en esa materia determinan cuándo una persona o grupo tiene problemas extraordinarios y esos estudios quedan registrados en carpetas oficiales. Ni él ni su familia tienen riesgos detectados en estudios de seguridad del Estado. Pero yo no estaba en posición de discutir ese asunto con quien me acababa de nombrar. Así que seguí sus instrucciones y les serví de conductor particular a la señora y el hijo en el vehículo o vehículos de la Procuraduría que me entregaran en la División de Seguridad, por orden de mi jefe.

Antes de entregarle los vehículos, ¿nadie le preguntaba con quién trabajaba usted o con cuáles protegidos iba a estar?

La verdad, no. Como yo tenía una relación directa solo con el coronel, que es el jefe, nadie cuestionaba la entrega de los vehículos cuando yo llegaba. El coronel me dio instrucciones claras: que no fuera a la Procuraduría sino a reclamar los vehículos que necesitara y que no diera explicaciones porque “la envidia abundaba”. Yo acataba lo que él ordenara. Cómo serían las condiciones en que trabajaba, que apenas hace poco supe que yo tenía un correo electrónico oficial y que estaba afiliado a una caja de subsidio como servidor de la Procuraduría.

¿Y cómo le pagan su sueldo?

Me depositan mensualmente el salario en una cuenta bancaria. Me llega puntualmente pero, en cambio, y a pesar de mi puesto de escolta, nunca me dieron un arma de dotación como a todos los demás compañeros. Ellos estaban armados, salvo yo. Apenas hace un par de semanas, después de mi denuncia, me asignaron esquema y me entregaron el arma.

¿Tenía que cambiar camionetas con frecuencia mientras trabajaba para la esposa y el hijo de su jefe?

Sí. Se las cambiaban al coronel cuando la que teníamos en uso se dañaba, tenía que entrar al taller por mantenimiento o cuando se quedaba sin gasolina. Me entregaban la que estuviera disponible, blindada o convencional.

¿Cuántos vehículos oficiales usó en este par de años al servicio particular de la familia del coronel Cruz Bonilla?

Diez o doce. Todo está registrado en la Procuraduría.

¿Cuánto tiempo estuvo al servicio de la familia Cruz recibiendo sueldo de la Procuraduría?

Desde cuando ingresé, como le relaté, y hasta hace unas semanas cuando me cansé y puse mi caso en conocimiento de la veeduría y de la comisión de acoso laboral de la misma Procuraduría. Entonces, por primera vez me asignaron a un esquema de seguridad de una alta funcionaria de la entidad.

¿Las camionetas oficiales que usó para la familia del coronel eran de la Procuraduría, de la Policía o de otra entidad del Estado?

Al principio eran de la Procuraduría pero a raíz de que alguien vio al coronel usando un vehículo oficial fuera del servicio, él, según dijo, le contó el inconveniente a la viceprocuradora general (Martha Isabel Castañeda, segunda en jerarquía después del procurador general) y ellos dos se habrían puesto de acuerdo para pedirle vehículos a la Unidad Nacional de Protección (UNP, agencia civil de seguridad adscrita al Ministerio del Interior), supuestamente para el servicio del procurador Ordóñez. La UNP le asignó unas camionetas. Una de estas fue solicitada por el coronel al director de la UNP, doctor Diego Mora, el 26 de agosto de 2015. Recuerdo la fecha porque me tocó ir a firmar la entrega del vehículo, unos días después. Me dieron una Toyota gris que nunca se usó en un esquema del procurador. La utilicé siempre para manejarle a la familia del coronel (ver documento en elespectador.com).

Además de llevar y traer a la esposa y al hijo del coronel, ¿cuáles otros oficios hacía usted para ellos, según contó en “Noticias Uno” hace unos días?

Todo lo que ordenaran él o la esposa: recogerlos en donde estuvieran, esperarlos y llevarlos a su casa a la hora que me dijeran; transportar a otros familiares y a sus amigos cuando venían a Bogotá o tenían que ir al médico; esperar gente en el aeropuerto, hacerles mercado, recoger ropa que mandaban a arreglar y hasta servirles el whisky con hielo a sus visitantes. Lo que más me humillaba, porque sabía que mi preparación de escolta no era para estos oficios, era que la señora me pusiera a trastear de un lado de la ciudad a otro sudaderas, pantuflas y pijamas. Llenaba las camionetas de la Procuraduría o de la UNP con ropa porque ella es trabajadora social de un colegio y esa era una de sus obligaciones que yo terminaba cumpliendo por ella.

¿Es cierto que lo presionaban fuertemente por nimiedades como que la fruta que le conseguía en el mercado estaba fea, que se demoraba por el tráfico o que no estaba disponible en vacaciones, 31 de diciembre o fines de semana?

Cierto. A los tres meses de haber entrado a la Procuraduría fui a la oficina del coronel y le lloré. Le dije que no soportaba más regaños y exigencias. Me contestó, como advirtiéndome, que los jefes de la entidad sacaban a la gente de allí por mucho menos, por no abrirles la puerta a los personajes, por ejemplo. Yo me quedé callado soportando lo que me tocaba, por necesidad del puesto.

¿Y por qué después decidió denunciar su situación? ¿Sabe que se está arriesgando a retaliaciones de todo tipo?

Porque pese a que yo intentaba cumplir los oficios que me encomendaban, mi jefe intentó culparme de accidentes en que no tuve ninguna responsabilidad. Por ejemplo, un día, a la medianoche, me tocaba ir a recoger al hijo en un club en el municipio de La Calera. Cuando iba hacia allá, un grupo de 4 o 5 hombres intentaron frenar la camioneta para atracarme. Empezaron a lanzarles pedradas a los vidrios, pero yo alcancé a escapar y llegué a un CAI. Llamé al coronel y lo primero que dijo fue que no mencionara a la Procuraduría ni que contara que la camioneta era oficial de la entidad. Le pregunté por qué y me dijo que “los medios lo acaban a uno”. Eso fue hace un par de meses. Cuando llegó al CAI empezó a gritarme y a decirme que yo le mentía y que me había estrellado en otra parte a pesar de que, aparte de los vidrios, el vehículo estaba en perfectas condiciones.

Finalmente, ¿reportó la camioneta como oficial o no?

No. No me lo permitió. Por el contrario, al otro día me pidió que tapara el vidrio roto para que nadie lo viera así cuando llegara a cambiar la camioneta en la Procuraduría. Pero no nos dieron otra porque no había ninguna de repuesto y tuvimos que seguir con la que estaba averiada.

En uno de los audios que usted grabó, su jefe lo acusa de haber dañado otra camioneta…

Es verdad. Me acusó de haberla dañado cuando tuve que “iniciarla” con los cables porque no prendía el motor. Me dijo que el arreglo costaba $4 millones y que tenía que pagarlos aunque estuviera manejándola por orden suya.

¿Cuándo decidió demandarlo y por qué?

El coronel me dijo un día, muy molesto por teléfono, que se había dado cuenta de que, de un tiempo para acá, yo escribía en las minutas diarias “trabajo para la familia” o cosas así. Y me dijo que yo no lo iba a amenazar. Que si quería, lo demandara. Finalmente puse la queja ante la comisión de acoso laboral de la Procuraduría con todo lo que he relatado, en febrero, hace un mes.

Después de su denuncia, ¿el acoso laboral que usted relata cesó?

Conteste usted: recientemente me lo encontré en el pasillo y me paró. Me dijo que él se cuidaba de cada paso que daba y señaló las cámaras que están instaladas en las paredes de la Procuraduría. Y afirmó que la viceprocuradora, que es su superiora y amiga, ya sabía todo. Otro día yo estaba en el piso 25 abriendo la puerta de un despacho. El coronel me preguntó, con ironía, si alguna vez me había tocado ser portero. Claramente se burlaba de mí. Me llamó aparte y tomando sus solapas con las manos y sacando pecho resaltó que él era un “coronel de la República”, que en 30 años había pasado por peores situaciones y que nunca le había sucedido nada.

¿Es verdad que el coronel, oficial activo aunque trabaja en comisión para la Procuraduría, también dispone de un vehículo de la Policía y tiene asignado un escolta para él?

Sí. El coronel se moviliza en un carro de la Policía. Hasta hace poco trabajaba con él el intendente Mauricio Garzón Cáceres. A este le pasó lo mismo que a mí, pero se cansó de lo que le tocaba hacer. Lo enfrentó y el coronel –perdone la expresión– lo sacó como si fuera un perro. Ahí mismo le mandaron otro uniformado.

¿Por qué el jefe de la División de Seguridad de la Procuraduría cree que tiene tanto poder? ¿Alardea o es cierto?

Parece que sí tiene mucho poder. Allá los funcionarios parten de la base o creen que está protegido de todo porque es cercano a la viceprocuradora y esta es su superiora directa. A su vez, se sabe que el hermano del coronel es el subsecretario general del Senado (Saúl Cruz Bonilla) y que este también tiene poder en el Congreso y en la Procuraduría.

¿Su situación ahora no es peor? Usted es hoy parte del grupo de seguridad de la viceprocuradora. Si esta protege a su denunciado, ¿qué le espera a su reclamo y a usted mismo?

No me siento bienvenido a ese esquema, pero cumplo mi trabajo no obstante que, en ocasiones, me citan a horas diferentes que a los demás escoltas y a veces tampoco se me permite subir a los vehículos en que ella se transporta.

¿Sabía que su reclamo por acoso laboral será revisado por una comisión que preside la misma viceprocuradora?

Solo lo supe después de radicar mi reclamo.

¿Cree que su caso puede ser revisado con imparcialidad?

Espero que sí. Sin embargo, estoy consultando.

¿Qué tipo de protección laboral tiene?

Me afilié al sindicato de la Procuraduría e hice mis denuncias por acoso laboral y peculado. Tengo todas las pruebas, fotos, grabaciones y mensajes de celular de que lo que afirmo es verdad y sin ninguna exageración.

Muchas personas se preguntarán: siendo usted un agente de seguridad que protege la confidencialidad de sus escoltados, ¿por qué tiene semejante cantidad de evidencias y graba conversaciones?

Eso se me ocurrió cuando vi cómo el coronel trató al suboficial que trabajaba con él. Y me di cuenta de que a mí me podía sacar de manera tan injusta como lo hizo con el intendente Garzón.

Fuera de su caso, ¿hay un régimen laboral tranquilo en la Procuraduría?

No puedo contestarle por todos. Sé –porque me lo han dicho en estos días– que mucha gente vive con miedo y que hay ambiente de zozobra porque pueden sacar a cualquiera. Le pongo otro ejemplo: un compañero mío está en exámenes psicológicos para determinar su estado de salud por el grado crítico de ansiedad en que se encuentra.

 

El subsecretario del Senado, poder detrás del “trono” de la Procuraduría

Un entramado de poderes oficiales y de abuso de funciones y bienes del Estado se descubre en el caso aparentemente individual de un agente de la Procuraduría. De la entrevista que se publica hoy se deduce que la “inmunidad” de que goza el jefe de la División de Seguridad del Ministerio Público, coronel activo Héctor Alfonso Cruz, se origina en su parentesco con el subsecretario del Senado, Saúl Cruz Bonilla, de quien es hermano. Y de la cercanía de este con la también poderosa viceprocuradora general –segunda en rango en la institución después del procurador Alejandro Ordóñez–, Martha Isabel Castañeda, que tiene entre sus tareas la de construir buenas relaciones con los senadores, en lo que, en otras palabras, los analistas definen como “hacer lobby”. El subsecretario de la cámara alta, Saúl Cruz, centro de este cruce de intereses, posee gran manejo de las actividades del Senado no solo por su cargo y porque sustituye al secretario general con frecuencia, sino porque lleva varios años en el Capitolio y tiene la capacidad de hacerse elegir y reelegir con suficiencia de votos. Hace tres años, Noticias Uno reveló que Saúl Cruz tiene varias cuotas en la Procuraduría, entre estas su hermano, hoy denunciado por acosador laboral y otras ilegalidades.

 

De escolta oficial a conductor de familia


¿En cuál dependencia de la Procuraduría trabaja y cuándo ingresó?

Entré el 10 de julio de 2014 como agente de seguridad grado 11 a la División de Seguridad Interna. Mi jefe inmediato es el coronel activo de la Policía Héctor Alfonso Cruz Bonilla.

¿Cuáles tareas le dio el jefe de la división cuando lo contrató?

Ese día el coronel salía de vacaciones. Me dijo que no fuera al edificio de la Procuraduría, sino que llegara a otro que está en la carrera 10ª. Me pareció raro, pero no le di importancia. Poco después, quien lo reemplazaba me ordenó ir al aeropuerto, en horas de la madrugada, a recoger al “gran jefe”, y me mandó a ir por una camioneta a la “sala técnica” de esa entidad. Otra vez me pareció extraño porque suponía que me habían contratado como escolta y no para ser conductor particular. De todas maneras fui y lo recogí a él y a su familia. Esa madrugada me la presentó y me comunicó que quedaba a su servicio.

¿Al servicio de la familia del coronel?

Sí.

¿Qué hace la División de Seguridad de la Procuraduría?

Se encarga de la seguridad de toda la institución y de organizar los esquemas de protección de los funcionarios que tengan niveles de riesgo. Allí están disponibles decenas de vehículos y unos 120 escoltas entre uniformados activos y empleados civiles como yo.

 

 

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