"Esas lágrimas también son las mías"

El comandante del Ejército, general Sergio Mantilla Sanmiguel, se refiere a la impactante imagen del sargento García derramando lágrimas de impotencia frente a una comunidad que lo expulsaba del territorio indígena de Toribío, Cauca.

Cecilia Orozco Tascón.- La exigencia indígena de retiro de las tropas quedó reflejada en la imagen conmovedora del sargento García llorando, mientras lo agredían ¿Él tenía órdenes de no responderles a los civiles o simplemente fue sorprendido, con las manos abajo, por la muchedumbre?

General Sergio Mantilla Sanmiguel- Nosotros respetamos a la población y empleamos juiciosamente las armas que la República y los colombianos nos han confiado. Nuestros soldados tienen unas instrucciones muy específicas sobre cuándo pueden utilizar las armas. Ellos saben la diferencia entre las normas del Derecho Internacional Humanitario y las de Derechos Humanos (uso de las armas ante un combatiente o ante un no combatiente). En el caso que les ocurrió al sargento y a los otros compañeros que se encontraban con él, claramente la situación se enmarcaba dentro de las normas de Derechos Humanos según las cuales las armas se usan – contra no combatientes - solo cuando la vida de uno está en grave peligro.

C.O.T.- ¿Cómo interpretó usted las lágrimas de su sargento?

G.S.M.- Como las lágrimas de un hombre que sabía que sus deberes estaban por encima de sus sentimientos. Esas lágrimas también son las mías, las de su comandante, las de todos los soldados del Ejército ante la actitud de la gente que vamos a proteger y nos ataca. Los soldados estaban en el cerro Berlín cuidando a la población de Toribío que ha sido martirizada por la guerrilla desde cuando la usan, cobardemente, escudándose en las casas donde hay niños, detrás de quienes se esconden. Que esa población por la que podemos entregar hasta la vida, reaccione de esa forma, es muy doloroso. Pero lo que pasó habla bien del entrenamiento del sargento García y de los otros soldados.

C.O.T.- Ellos están entrenados para ser rudos ¿Cómo reaccionaron en privado usted, los otros jefes militares y los compañeros del sargento con él?

G.S.M.- Personalmente hablé con el sargento y lo felicité. Me dio las gracias por el apoyo que el Ejército y el presidente le han dado, en su nombre y en el de todos sus soldados. No se imagina usted el sentimiento con que decía, cuando volvió al cerro, que estaba allí de nuevo, respaldando a sus Fuerzas Armadas y a la población.

C.O.T.- Supongo que le habrá quedado algún sentimiento negativo con sus atacantes.

G.S.M.- Él entiende que lo que sucedió es duro. No le niego, además, que a uno se le ‘arruga’ el alma, le repito, de ver que la población civil por la que nos hemos hecho matar, responda de esa manera. Pero no hay lugar a sentimientos negativos, tal como usted lo pudo apreciar en las declaraciones que el sargento le dio a la prensa.

C.O.T.- Perdóneme pero no deja uno de pensar que en el interior de las instalaciones militares alguien se burle del sargento o lo regañé por mostrarse sensible.

G.S.M.- No, se equivoca. Como le conté, hablé con él varias veces antes de que recuperáramos la base (del cerro Berlín), precisamente para expresarle mi apoyo y la solidaridad del Ejército. No es un verdadero soldado al que no se le hayan aguado los ojos con lo que le pasó al sargento. Creo que muchos colombianos se conmovieron con él tanto como nosotros.

C.O.T.- La semana pasada también murió en circunstancias poco claras y a manos de un militar, un joven indígena. Alrededor de 30 soldados fueron retenidos por la comunidad ¿Error de su lado?

G.S.M.- Aceptamos que se trató de un error en cuanto supimos lo que pasó. Cuando me llegó la información, hacia las 7:30 de la mañana, di instrucciones de que lo anunciaran inmediatamente y le dieran aviso a la Fiscalía para que iniciara la investigación. La población reaccionó pero como se reconoció la equivocación, la situación se resolvió sin mayor traumatismo.

C.O.T.- ¿A qué se debió el error? ¿A los nervios del soldado, tal vez?

G.S.M.- Eso ocurrió en la madrugada y el joven iba vestido con color oscuro. El centinela gritó en varias ocasiones: “alto, santo, alto, santo”. El soldado habló con su comandante y reconoció que se asustó y disparó. Es la muerte de un ser humano, de una persona. Comprensible la frustración que nos produce a todos un hecho así.

C.O.T.- Fíjese usted lo paradójico: uno no se defiende cuando lo atacan. Y el otro ataca cuando no lo amenazaban…

G.S.M.- No somos perfectos y es de humanos errar. El punto importante es que cuando nos equivocamos, lo reconocemos. Ahora, sabemos que no es conveniente que sucedan las equivocaciones y hacemos un gran esfuerzo durante los entrenamientos para que ese tipo de circunstancias no se presenten. En cuanto al sargento, el país entero reconoce que él fue una víctima del error de un grupo de indígenas, que por cierto, ya se disculpó. Tímidamente, pero lo hizo.

C.O.T.- Hay que recordar también que la población indígena sacó a empellones a unos guerrilleros ¿No será hora de que se escuche el reclamo de esas comunidades que piden erradicar las armas de su territorio?

G.S.M.- No hay punto de comparación ni acuerdo posible entre la autoridad armada del Estado y unos grupos ilegales como las Farc. La guerrilla miente, ataca sin ninguna consideración a la población civil, no tiene ningún respeto por las normas del DIH ni de los derechos humanos. Ha utilizado el terrorismo sin compasión contra la propia población de Toribío a la que le pusieron un carro bomba que destrozó más de cien casas. Lo mismo hizo en Miranda o en Tumaco. Pero sobre todo, no se puede comparar al Ejército con individuos dedicados al narcotráfico. Es incomprensible que los indígenas armados de bastones crean que no les van a disparar, a atacar o a someter cuando los vean solos.

C.O.T.- ¿Cómo establecer una relación sana entre este grupo de civiles que tiene protección constitucional especial por su etnia y los legítimos representantes armados del Estado si ya parece haber quedado herida?

G.S.M.- Tenemos que ser creativos y dedicarle más tiempo a tender puentes con la comunidad. Nosotros, de ninguna manera tenemos sentimientos de disgusto, de venganza, deseos de castigo ni nada de ese corte. Nuestro deber constitucional es proteger a todos los colombianos y entre ellos, a las poblaciones indígenas. Es un compromiso al que no le vamos a fallar.

C.O.T.- Cuando ordenó recuperar el cerro Berlín, el presidente dijo que no quería “ver a ningún indígena” allí. En efecto el Ejército llegó de nuevo pero a poca distancia están las comunidades. Primero: ¿qué quiso decir el mandatario con esa expresión? Segundo: ¿es sostenible esa situación?

G.S.M.- No es un estado de cosas deseable, tiene usted razón. Las instrucciones del Presidente, nuestro comandante en jefe, se cumplen al pie de la letra. Si usted viera una fotografía de la base, se daría cuenta de que se trata de un perímetro muy pequeño en el que se encuentran las antenas. A ese espacio se refiere el presidente cuando dice que no debe haber allí nadie que no sea guardia militar, por razones de seguridad. No hay que darle otra connotación. En cuanto a la situación de tensión que existe se podría pensar que al menos en ese lugar específico todos los indígenas se retiraron y se encuentran reunidos con las autoridades civiles tratando de llegar a acuerdos civilizados.

C.O.T.- El presidente se refirió a una supuesta infiltración guerrillera en las comunidades ¿Qué tan real puede ser esa afirmación teniendo en cuenta que una población entera no puede ser juzgada como si fuera un solo hombre?

G.S.M.- A mi juicio hay una considerable infiltración de la guerrilla en las comunidades indígenas. Y la otra infiltración es la del narcotráfico. Es evidente que en el Cauca ambos elementos han corrompido las relaciones de la sociedad e incluso han hecho que se pierdan las tradiciones de la comunidad.

C.O.T.- Después de los primeros incidentes en el Cauca, el presidente mencionó a alias Pacho Chino como responsable de las acciones armadas de las Farc en esa región ¿Cuáles informes de inteligencia soportan esa afirmación?

G.S.M.- Pacho Chino es uno de los sucesores de Cano en la región y tiene unas relaciones muy cercanas con el narcotráfico. Es el responsable de los atentados terroristas y es quien directamente emite las órdenes de activar los ataques. Este individuo se encuentra ubicado en uno de los corredores del narcotráfico que lleva la droga hacia el Océano Pacífico y hemos estado muy cerca de capturarlo. Tenemos valiosa información sobre él y su entorno porque encontramos unos computadores suyos con valiosos datos. Las operaciones en su contra continuarán hasta encontrarlo. Como usted sabe, el presidente subió la recompensa para quien dé pistas de su paradero.

C.O.T.- Ahora bien ¿cómo explica usted que con la influencia que el gobierno cree que tienen las Farc sobre las comunidades estas hayan retenido, como ya dije, a los cuatro supuestos guerrilleros para hacerles un juicio?

G.S.M.- De ser verdad sería un avance. Entendemos que la población civil no es parte del conflicto pero muchas de las soluciones pasan a través de ella. Por ejemplo, el rechazo total que tiene que existir contra el narcotráfico y contra la ilegalidad. Si la población, en un momento iluminado, llegara a un consenso y decidiera que no hay más marihuana en sus cultivos o más coca para alimentar a los narcotraficantes, la influencia de estos se reduciría considerablemente y habría más esperanza de progreso y paz.

C.O.T.- ¿Cómo son los planes militares inmediatos para esa zona?

G.S.M.- Se decidió la activación del Comando Conjunto del Suroccidente, unidad que será dirigida por comandante general de las Fuerzas Militares que va a dirigir las operaciones en el Valle del Cauca, Cauca y Nariño, con un énfasis especial en coordinar las acciones militares con los proyectos civiles del gobierno que intentan consolidar una vía al desarrollo en toda la región.

C.O.T.- ¿Cuántos hombres va a tener permanentemente el Ejército en el disputado cerro?

G.S.M.- Actualmente tenemos 150 hombres y hay una base de operaciones intermedias a la que estarán entrando y saliendo hombres de acuerdo con las condiciones. Las instrucciones son claras: vamos a mantener el número necesario de soldados y tropas para garantizar que este sitio que es estratégico, permanezca libre. No es por capricho que deseemos permanecer allá. Tampoco es un pulso con la comunidad. El control de ese cerro es una necesidad militar que nos permite garantizarles la vida a los habitantes.

C.O.T.- ¿No es un simple pulso con la comunidad?

G.S.M.- No lo es. El cerro Berlín es un punto estratégico que es necesario para el desarrollo de las operaciones militares de la zona.

C.O.T.- Un grupo político de oposición, de reciente creación, alega la presunta debilidad de las Fuerzas Armadas ¿Los sucesos de los últimos días en el Cauca habrán desmoralizado a la tropa? ¿Cree, como se ha dicho que el Ejército no está combatiendo como corresponde en protesta por la falta de apoyo del alto gobierno?

G.S.M.- Eso no es cierto y empiezo respondiéndole por el final: hemos tenido el apoyo permanente de la Presidencia a cargo del doctor Santos y de su ministro Juan Carlos Pinzón, así como de mi general Navas. Estamos yendo a todas las regiones y obteniendo resultados en los sitios en donde quedan los últimos refugios guerrilleros. No todo es color de rosa, por supuesto. Tenemos dificultades pero estamos buscando las soluciones y las tropas han demostrado un gran profesionalismo como quedó claro con el batallón de alta montaña de Toribío.

C.O.T.- Entonces, repito, ¿no es verdad que haya desmoralización y que por eso estén reactivándose los ataques guerrilleros?

G.S.M.- Le puedo contestar que no es cierto que el Ejército esté desmoralizado y que tampoco lo es que los ‘bandidos’ de las Farc estén regresando a zonas de donde ya los sacamos. No tengo nada que decir en el aspecto político por el que me pregunta pero sí le puedo garantizar que ninguno de los hombres del Ejército Nacional ha dejado de hacer su trabajo en defensa de los colombianos.

Superposición de conflictos

Aunque el más publicitado de los levantamientos indígenas contra la presencia militar y policial en el norte del Cauca fue el que ocurrió en el cerro Berlín, por la imagen del sargento García que le dio la vuelta al mundo, no fue el único ni el más grave. En otros municipios de ese departamento también ha habido enfrentamientos masivos y fuertes destrozos, además de varios heridos, dos muertos y cientos de desplazados por las acciones comunitarias pero también por los combates de la Fuerza Pública contra las Farc. Las refriegas no empezaron la semana pasada, como se cree. Hace más de 15 días, Toribío, el municipio más afectado, fue golpeado por un ataque guerrillero que dejó dos heridos, unos 400 desplazados y cerca de 100 casas averiadas. Precisamente, los habitantes de la región decidieron expulsar a los hombres armados de su territorio, tanto militares como guerrilleros, por considerar que las verdaderas víctimas del conflicto son ellos, los civiles. Otros pueblos indígenas están empezando a movilizarse en solidaridad con la comunidad Nasa que reside en esa parte del Cauca. Se espera que esta semana prosperen las conversaciones que se entablaron entre los líderes de la población, el alto consejero presidencial Aurelio Iragorri, caucano de nacimiento y tradición, y el coordinador residente de Naciones Unidas para Colombia Bruno Moro.

“Espada de honor”

Cecilia Orozco.- ¿Por qué la situación de orden público en el Cauca explotó con tanta furia la semana pasada?

General Mantilla.- La conflictiva situación del Cauca no es de ahora. Existe hace mucho tiempo y explota cada dos o tres años por diferentes motivos. Las comunidades indígenas han tenido la tendencia a insistir en un imposible como el de que no haya Fuerza Pública porque consideran que pueden tener el control del orden público y que están en condiciones de mantener alejada a la guerrilla. Pero hay que tener en cuenta un ingrediente que destruye cualquier plan: el narcotráfico. Mientras exista ese insumo, esa región tendrá graves perturbaciones. Por eso se requiere la presencia permanente del Estado.

C.O.- ¿Por qué no se ha podido derrotar la presencia guerrillera en el norte caucano?

G.S.M.- Las Farc han estado arraigadas en esa región desde hace 40 años y tienen interés en conservarla aislada. Pero es una de las pocas zonas en donde les queda presencia y cada vez estamos controlando más la situación. A comienzos de año, identificamos diez lugares en el país que requieren un tratamiento especial que englobamos en el plan Espada de Honor, hoy en plena ejecución. Uno de esos sitios era, precisamente el Valle del Cauca y el norte del Cauca lo que indica que nuestro diagnóstico era acertado. Continuaremos la tarea, ahora con mayor energía y decisión.