“Hay ventas ambulantes de baratijas espirituales”

El pastor Darío Silva, líder de la iglesia cristiana Casa Sobre la Roca, admite que los sectores religiosos del país también se polarizaron por el plebiscito. Y que las frustradas cartillas de educación sexual, la “ideología de género” y otros que no tenían relación con el acuerdo de paz, afectaron el resultado.

 Darío Silva acepta que así como existen iglesias respetables, hay sectas que constituyen “organismos contractuales” y pastores que “parecen gamonales”.  / Jhonatan Ramos - El Espectador
Darío Silva acepta que así como existen iglesias respetables, hay sectas que constituyen “organismos contractuales” y pastores que “parecen gamonales”. / Jhonatan Ramos - El Espectador

Resulta claro que en la reciente campaña sobre el plebiscito, las numerosas iglesias que hay en Colombia tomaron partido por el Sí o por el No. ¿La que usted preside les indicó a sus feligreses cómo debían votar?

En un comunicado que expedimos al comienzo de la campaña, se dijo: “Invitamos encarecidamente a los miembros de nuestra iglesia a evitar toda polarización política y a tomar sus decisiones buscando, en todo caso, el bien de la patria”. Y añadimos: “nuestra Declaración de Fe consagra: Art.34. Creemos que se debe cristianizar la política sin politizar el cristianismo pues la libertad política de cada creyente es asunto de conciencia”. Significa que, como iglesia, fuimos neutrales.

Aunque su iglesia se abstuvo de incidir en la votación, ¿piensa que, en todo caso, parte de su misión consiste en orientar las inclinaciones políticas de los creyentes de su iglesia?

Practico lo que he llamado la “socio-teología”, porque un líder espiritual debe entender la sociedad en la cual realiza su tarea, interpretando la realidad colectiva. Todo lo hago bajo esta consigna: “Entre cristianos, unidad en la variedad; con católicos y ortodoxos, convivencia en la diferencia; frente a los demás sistemas, tolerancia en la distancia”. Pero, como dijo John Locke: “La tolerancia no es para los intolerantes, pues ellos son los enemigos naturales de la tolerancia”.

A propósito de la frase “la tolerancia no es para los intolerantes…”, ¿los cristianos y las personas que tienen otros credos no entran en contradicción consigo mismos, precisamente porque no son tolerantes con quienes tienen formas de pensamiento o de vida distintos?

Una cosa es tener diferencias y otra tratar de imponer las creencias a la brava. He dicho que el cristiano debe ser radical pero no fanático: radical es el que muere por sus ideas; fanático, el que mata por sus ideas.

Así como es cierto que las iglesias tomaron posición sobre el acuerdo de paz, también lo es que los políticos y partidos apelaron a los pastores pese a que, como todos sabemos, la Constitución proclamó la separación del Estado de la Iglesia. ¿Acuden a ustedes para contar con el apoyo (en votos) de sus millones de creyentes?

Según estadísticas confiables, los cristianos no católicos sumamos alrededor de un 30 % de la población (alrededor de 14 millones y medio de personas): somos ciudadanos, pagamos impuestos y tenemos derecho a opinar políticamente. En mi iglesia informamos sobre propuestas políticas en general, pero cada persona vota bajo su autonomía de conciencia. Como es lógico, apoyamos los proyectos que defiendan la libertad e igualdad religiosa. Sería absurdo guardar silencio o permanecer pasivos ante amenazas en ese campo.

Por supuesto, no tienen que ser pasivos cuando se involucran temas religiosos, pero algunos pastores aprovechan y extienden su influencia sobre sus creyentes, mucho más allá del campo de la iglesia…

Lamentablemente es cierto que algunos líderes –que más parecen gamonales– pretenden controlar, a través de la religión, aspectos de la vida privada tales como comida, bebida, vestuario y actividades propias del libre albedrío de los individuos. Gracias a Dios, en Casa Sobre la Roca todo está escrito; y por eso, nuestra feligresía aprendió, de su propio líder, este versito: “El Señor es mi Pastor, el pastor no es mi señor”.

¿La sugestión emocional que un líder religioso ejerce puede constituirse en abuso de poder si decide inclinar las preferencias políticas de sus creyentes hacia el lado que él desee?

En algunos casos hay abuso de poder, lo cual fue condenado por Jesucristo cuando dijo que el pastor debe ser un sirviente de las ovejas. Todo predicador es solo un burrito en el cual Jesús se monta para entrar a la ciudad; pero, lamentablemente, hay burritos convencidos de que los ramos y los mantos que se tienden en el camino son para ellos y no para Quien va montado sobre ellos.

Hablando de la polarización por el plebiscito, las iglesias que estaban orientadas a votar por el Sí fueron discretas, en general. Entre tanto, pastores de iglesias o sectas que eran partidarios del No exhibieron su preferencia subiendo a las redes sociales grabaciones con unas afirmaciones sorprendentes, como que Dios ordenaba en qué sentido votar (“los que aman a Dios se mantendrán firmes… El No es por el que hay que votar”); o como el castigo divino para quienes votaran Sí (“están naciendo niños con tumores más grandes que el rostro mismo, niños con cuernos”). ¿Qué opina de esos casos puntuales?

Usted tiene razón. Durante la campaña plebiscitaria, en un comunicado expedido por mí se dijo textualmente: “No compartimos el lenguaje agresivo y condenatorio que algunos utilizan para intimidar al electorado. Y, así mismo, lamentamos la manipulación de las Sagradas Escrituras con fines políticos”. Usted habla de “iglesias o sectas”, tema sobre el cual Max Weber, en La ética protestante, dio esta certera definición: “Una iglesia es una institución de salvación; una secta es una organización contractual”. Sobran las palabras.

El domingo hubo 12 millones 800 mil votos válidos. Haciendo un cálculo realista y sincero, ¿cuántos de esos votos o al menos en cuál porcentaje habrían provenido de los creyentes de las miles de iglesias que existen?

En general, hubo mucha abstención evangélica, pero no es cierto que todos los votantes lo hicieran por el No, pues algunos me han comentado que votaron por el Sí. En todo caso, algo es seguro tal y como ocurre con la ciudadanía en general: todos desean la paz, pero cada uno quiere diseñarla a su manera. Gracias a Dios, ya hay delegados cristianos para la mesa de diálogo que se ha iniciado con el propósito de aportar iniciativas al Acuerdo entre el Gobierno y las Farc.

La polarización de iglesias no es solo por el plebiscito: es evidente que pastores se vienen involucrando, cada vez más, en la política partidista y caudillista de tal modo que, por ejemplo, varios han constituido partidos, se hacen elegir al Congreso o se matriculan abiertamente en el uribismo, por ejemplo. ¿Por qué esa mezcla de activismo político y religión resultaría perniciosa, a su juicio?

Al respecto hay dos respuestas históricas: al ordenar pastor a un sobrino de la reina Victoria ante su poderosa tía, el predicador Charles Spurgeon le dijo: “Querido príncipe, si Dios te ha llamado a Su servicio, nunca te rebajes a ser rey de Inglaterra”. Y cuando a Billy Graham le pidieron ser candidato a la Presidencia de Estados Unidos, él respondió: “Les agradezco mucho el detalle, pero he sido llamado a más altos destinos que la Casa Blanca”. En resumen, si algún pastor quiere hacer política, que se baje del púlpito a la curul, pero sin mezclar estos dos muebles.

En la reciente campaña se “destaparon” casi agresivamente haciendo campaña por el No, los pastores de al menos seis iglesias con un discurso muy parecido al del ultracatólico Alejandro Ordóñez. ¿Cree que hay oportunismo electoral de este y aquellos, dado que se aproximan las elecciones presidenciales y parlamentarias?

Respeto, pero no comparto, esa actuación. En el caso de la iglesia ultracatólica que usted menciona, precisemos: el obispo Marcel Lefebvre, su fundador, se opuso a la apertura al ecumenismo de Juan XXIII. Y su postura medieval muestra cierto fanatismo antisemita y antiprotestante, por igual. Una alianza evangélica con ese grupo representaría una especie de retorno a la época anterior a la del Concilio de Trento. Aunque sea por una coyuntura electoral, esa clase de acuerdos me resulta inexplicable.

Para los legos en la materia: ¿qué significaría, de darse en la realidad, “un retorno a la época anterior al Concilio de Trento” con esas alianzas entre extremistas religiosos en la Colombia de hoy?

Implicaría una especie de regreso a la Edad Media. No olvidemos que la democracia moderna se originó en las ideas del reformador Juan Calvino, con este sencillo descubrimiento: “si somos iguales ante Dios, somos iguales ante el Estado”. En los tiempos actuales y aunque sea por una coyuntura electoral, esos acuerdos serían muy inquietantes.

¿Cuánta incidencia calcula usted que tuvieron en el resultado del plebiscito las siguientes discusiones que se entremezclaron durante los días finales de la campaña aunque no tenían relación directa con el acuerdo de paz: implementación de una cartilla de educación sexual por parte del Ministerio de Educación; sentencias sobre derecho al aborto; matrimonio gay, proyecto de referendo por el derecho a adopción de niños y la denominada “ideología de género”?

Todos los temas que usted menciona incidieron en el resultado de las urnas, incluso los que no tienen relación directa con el Acuerdo de Paz. La famosa cartilla era un exabrupto que el propio Gobierno decidió retirar; el llamado “derecho de aborto” no era asunto del poder ejecutivo sino del judicial y su única relación con el Acuerdo de Paz es que lo hizo abortar; la “ideología de género” se está revisando. Todo eso formó un coctel molotov. El referendo de Viviane Morales no tiene conexión con La Habana y solo busca proteger los derechos de los niños.

A propósito, la senadora Morales es una de las fieles de su iglesia. El referendo que ella propone, según cuatro de los más connotados juristas del país, tres de los cuales fueron presidentes de la Corte Constitucional, va en contravía de la Carta Política. Muchos consideran que con esa propuesta se eliminan o limitan los derechos de buena parte de la población. ¿Qué opina usted?

Esencialmente nosotros respaldamos la iniciativa de la doctora Morales, pues creemos que se está mal interpretando su verdadera intención. No soy jurista y ella, que sí lo es, sabrá defender su iniciativa con la integridad que la caracteriza.

Respeto esa posición pero, desde luego, no la comparto. En la práctica, ¿resulta imposible que Colombia sea 100% un Estado laico en la toma de sus decisiones y que legisle sin consideraciones de orden religioso pese a que resulten lesionados los derechos a la igualdad y autodeterminación de los ateos o de otras minorías?

La igualdad ante la ley y la autodeterminación de los miembros de las minorías deben ser garantizadas siempre y cuando esas minorías no pretendan imponer su modus vivendi a las mayorías. Eso sería antidemocrático en un país como Colombia, en donde la cristiandad en sus distintas ramas constituye más del 80 % de la población. Ser ateo o gay es una decisión personal y no es cristiano despreciar a quienes la tomen. Sin embargo, no es lógico que las mayorías sacrifiquen sus principios. Sobre los LGBTI yo siempre digo: “Dios los ama, pero rechaza su pecado”.

Contrario a lo que usted dice, se puede argumentar que las mayorías tampoco deben imponerles modos de vida a las minorías que tomen otras opciones. ¿No resultan poco cristianas y muy intolerantes las prohibiciones generales que se pretende imponer?

Creo que he respondido con claridad: ellos pueden llevar la vida que quieran, pero no deben pretender que eso sea norma de conducta general. Desde el cristianismo, lo correcto es orar por ellos para que el Espíritu Santo les muestre la verdad.

Volviendo a la proliferación de iglesias y pastores, ¿debería existir mayor vigilancia del Estado tanto en la concesión de licencias como en la vigilancia de esas entidades?

La vigilancia estatal existe y se ha incrementado, pero a veces se cuelan sectas de dudosa teología dentro del espectro religioso del país. También hay cierta religión informal y no pocas ventas ambulantes de baratijas espirituales, a gusto del consumidor. Cuando los casos son denunciados, las autoridades actúan, en general, con presteza. Pero es muy lamentable que iglesias correctas resulten salpicadas por una generalización nacida de la ignorancia o de la mala fe.

¿Cómo puede una persona sin educación ni instrumentos culturales diferenciar las iglesias genuinas de las falsas o los pastores reales de los charlatanes?

Como diría Jesucristo, por sus frutos los conoceréis. Esa clase de personas terminan desenmascarándose a sí mismas.

Una “maquinaria homofóbica”

Tal como el exintegrante del uribismo Juan Carlos Vélez lo señalara antes de ser expulsado de su partido, cuando reveló que la campaña por el No para el acuerdo de paz fue adelantada por el Centro Democrático con el propósito de llevar “berracos” a los votantes a las urnas con base en falsedades para que se opusieran a su aprobación, los pastores de unas sectas de dudosas credenciales usaron una estrategia similar: aprovecharon la credibilidad de sus fieles para presentarles un panorama inexistente de lo que impondrían los textos de La Habana, en particular en temas relacionados con las preferencias sexuales. Les afirmaron a los creyentes que el acuerdo de paz “nos entregaba al pecado y, a los niños, a la perversión”. E insistieron en que el documento era una especie de tratado LGTBI que imponía una supuesta “ideología de género”. El concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez, de nula eficiencia profesional pero quien se ha hecho publicidad con sus escándalos ultrarreligiosos, aseguró que “el acuerdo con las Farc nos lleva de narices a una peligrosa dictadura homosexual” y añadió que “el presidente Santos determinó gobernar con (esa) agenda”. El analista Mauricio Albarracín, llamando ese engaño “la maquinaria homofóbica”, concluyó que la comunidad gay fue “el chivo expiatorio del debate”.

¡Seis mil iglesias registradas en Colombia!

¿Existen en Colombia organizaciones que representen a varias iglesias, como las cristianas, que también tengan códigos de ética y normas de conducta tanto para los fieles como para sus pastores?

La Confederación Evangélica de Colombia, Cedecol, agrupa a la inmensa mayoría de las iglesias de sana doctrina. Desde su fundación, Casa Sobre la Roca ha sido miembro de esa organización cuyos requisitos de pertenencia son muy exigentes. Existen, además, las llamadas denominaciones que agrupan a congregaciones múltiples con orientación común.

¿Cuántas iglesias con cobertura nacional hay en Colombia y cuántas de alcance municipal o regional?

Hasta donde alcanzan mis informaciones, hay registradas ante la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior un poco más de 6.000 iglesias en el territorio nacional. Ahora bien, hay personerías jurídicas que cubren varias congregaciones en un solo documento.

¿Cuántas se puede decir que alcanzan estándares altos de calidad?

Uno conoce las iglesias que están en comunión con la propia, aún en diferencias no esencialmente doctrinarias. Pero en medio de la proliferación religiosa del país, es imposible calcular cuántas son de sana doctrina y cuántas simples sectas.