"He debido saber que algo me estaba pasando"

Clara López cuenta cómo llegó a la clínica a buscar remedio para una dolencia pulmonar y salió operada de un tumor cerebral.

“Ahora hay una Clara López más ‘clara’, porque tiene una visión también más certera”. / Fotos: David Campuzano - El Espectador
“Ahora hay una Clara López más ‘clara’, porque tiene una visión también más certera”. / Fotos: David Campuzano - El Espectador

Cecilia Orozco Tascón.- La mayoría de las personas se atemorizan ante una realidad médica delicada. ¿Cómo describe el momento en que el especialista le dio el diagnóstico de tumor cerebral?

Clara López Obregón.- Fue una de esas sorpresas que uno jamás piensa que va a tener que enfrentar. Cuando el médico me dijo que tenía un tumor en la cabeza, lo primero que temí fue perder la facultad de pensar, de conversar o de moverme. Lo sentí así porque en mi familia ya había habido un caso: mi madre, Cecilia Obregón de López, sufrió el mismo mal. Ella no tuvo la fortuna de contar con la tecnología de hoy y nunca le pudieron extirpar el tumor por completo. Por eso sufrió muchísimo. Entonces, cuando el médico me dijo lo que había encontrado, recordé ese gran miedo con que acompañé a mi mamá durante mi infancia y sentí un profundo escalofrío por lo que me podía suceder.

C.O.T.- ¿Es cierto que los neurocirujanos que la operaron a usted también le recordaron el caso de su mamá?

C.L.O.- Sí, es cierto. A mi madre la operaron en el año 1955 y el tratamiento de su tumor fue uno de los primeros del mundo. Me cuenta mi hermano que la cirugía que le practicaron era tan novedosa, que fue reseñada en la revista Time. Ella fue atendida por los doctores Salomón Hakim y Alejandro Jiménez Arango, los padres de los dos especialistas que me operaron, con tanto éxito, en la Fundación Santa Fe. Estos son los doctores Fernando Hakim, hijo de Salomón, y Enrique Jiménez Hakim, hijo de Alejandro quien estaba casado con una hermana del doctor Salomón. Por casualidades de la vida, los hijos de los médicos de mi madre estuvieron al frente de mi cirugía, eso sí, en circunstancias muy distintas. Definitivamente los avances de los últimos 50 años son asombrosos. Soy la demostración de esta realidad.

C.O.T.- ¿Usted los buscó por el parentesco?

C.L.O.- Ellos son los más reputados especialistas en neurocirugía no sólo en Colombia, sino del mundo. Pero llegué a urgencias por una consulta de emergencia. Y sólo después me contacté con ellos.

C.O.T.- ¿Cómo tomaron los médicos de urgencias la decisión de ordenarle exámenes de cerebro, que son tan específicos?

C.L.O.- En realidad, fui a urgencias por otro motivo. Venía de un problema pulmonar por el que me había tenido que hospitalizar dos veces y, ese día, volví a la clínica porque me sentía muy enferma. Fuera del mal respiratorio, tenía dolor de cabeza, pero pensaba que era una jaqueca de las que me habían dado con frecuencia en los últimos años, y a la que no le había dado la importancia que debía. La verdad es que me sorprendió que el médico de urgencias le pusiera más atención a ese dolor que al que había ido a consultar.

C.O.T.- Pero, ¿por qué el médico se dio cuenta de que algo pasaba en su cerebro?

C.L.O.- No sé bien por qué. Me tomó los reflejos e inmediatamente asoció el resultado con un asunto neurológico. Además de una placa para los pulmones, me dijo que me iba a mandar una tomografía para la sinusitis. Me pareció normal porque con esta enfermedad da dolor de cabeza. Pero cuando me ordenó otro examen más preciso pensé ¡“qué médico tan exagerado”! Y resulta que ahí estaba el verdadero problema.

C.O.T.- El primer golpe fue saber que tenía un tumor. El segundo, que la tenían que operar ¿Lo decidieron de una vez?

C.L.O.- Sí, todo fue muy rápido. Mi esposo Carlos Romero me contó que cuando llegó el resultado vio a muchos médicos alrededor de la tomografía. Poco después el especialista que me había recibido en urgencias me dijo lo que tenía. Hicieron una junta médica, analizaron el caso y tomaron la decisión de intervenirme. Ahora los médicos tienen la obligación de explicarle al paciente los riesgos, sin minimizarlos. Éstos incluían el de perder la vida. Y aunque el tumor tenía el aspecto de ser benigno, había que esperar los resultados de la patología. También existía la posibilidad de que se presentara un sangrado, que en el cerebro puede significar perder varias facultades. Tengo que decirle que además de tranquila, soy una persona realista y serena. Pero eso no evita que exista temor de lo que viene después de una operación, así uno sepa que está en las mejores manos.

C.O.T.- ¿Cuál fue su primer pensamiento después del impacto emocional por esa noticia?

C.L.O.- Le confieso que lo primero que pensé fue en la necesidad de hacer un testamento. Pedí permiso de salir de mi hospitalización a una notaría, para dictarlo. Y también pensé, desde luego, en mi familia, por la enfermedad de mi madre. Soy muy creyente y eso me dio fortaleza. Sabía que tenía que enfrentar el reto que se me presentara después de la operación. Esperé lo mejor, pero estaba preparada para lo peor.

C.O.T.- ¿Se preparó para morir?

C.L.O.- Pues sí, porque las dos opciones estaban abiertas e, incluso, una tercera: la de que si el tumor resultaba maligno, se suspendiera la operación porque no tenía sentido proseguirla. Pero, ante todo, entré a la sala de cirugías, como le dije, con sentido de realismo y con una gran fortaleza sabiendo que el riesgo era menor que la probabilidad de que la intervención fuera exitosa. De cualquier manera, esa posibilidad lejana de que hubiera un desenlace desfavorable estaba ahí, presente. Todo eso me hizo pensar en que si uno deja que las preocupaciones lo invadan antes de que sucedan los hechos, puede verlos más graves de lo que son en la vida real.

C.O.T.- Los pacientes de cirugías delicadas suelen hacer peticiones especiales. ¿Fue su caso?

C.L.O.- Le dije a mi esposo que esperaba verlo cuando despertara, pero que si eso no ocurría, tuviera la satisfacción de que yo había vivido plenamente.

C.O.T.- ¿Él estaba más “quebrado” que usted?

C.L.O.- Tengo la impresión de que para él fue más duro que para mí, porque la operación duró más de seis horas, un período de tensión muy largo. Cuando el anestesiólogo me despertó e inmediatamente reconocí a Carlos, ambos supimos que estaba al otro lado. En ese instante salieron dos grandes lagrimones de sus ojos.

C.O.T.- ¿Cómo lo hace reaccionar a uno esa experiencia, una especie de segunda oportunidad?

C.L.O.- Es como un renacimiento. En mi caso, renové mis compromisos de vida. No puedo dejar de decir que una de mis preocupaciones, antes de la cirugía, era haber aceptado la candidatura presidencial del Polo Democrático cuando yo había empezado a flaquear físicamente. Llegué a pensar que había sido una irresponsable por no haber identificado los síntomas que tenía. He debido saber que algo me estaba pasando. Tal vez estaba en estado de negación.

C.O.T.- ¿Por qué, exactamente, se sintió irresponsable?

C.L.O.- Por haber aceptado estar al frente de un proyecto político que aunque no depende sólo de mí, era mi responsabilidad haber recibido el mandato del único partido de izquierda democrática con personería jurídica, capaz de disputarle la presidencia de la República a Juan Manuel Santos en su decisión apabullante de reelección. El 62% de la población, según indican las encuestas, está insatisfecha y piensa que algo anda mal. Por eso no acompaña la reelección y busca otras salidas. Nosotros tenemos la obligación de generar esas salidas. Esta tarea es inmensa y, en un momento dado, estaba pendiendo de un hilo por mi situación médica. Por eso sentí una enorme culpa.

C.O.T.- ¿Cuáles síntomas tenía que, según usted, debía haber identificado?

C.L.O.- Hoy los veo clarísimos. Le cuento: todos los días, durante muchos años, me despertaba con una presión muy fuerte en la frente y un dolor de cabeza que le atribuía al exceso de trabajo y a las dificultades, por ejemplo, durante la Secretaría de Gobierno o la Alcaldía. También tenía un problema motriz que le achacaba a un daño que tengo en una rodilla. Había perdido la capacidad de escribir con nitidez, pero se lo adjudicaba a que, de joven, había tenido dislexia. En fin, a todo le ponía una excusa. Por si fuera poco, en la clínica Barraquer me habían dicho que estaba perdiendo la vista y que no había explicación para ese fenómeno. A nada le ponía atención hasta cuando me pusieron la realidad de frente.

C.O.T.- En estos días de posoperatorio, usted se ha confesado creyente. Eso me sorprende por su filosofía de izquierda. ¿Es religiosa y católica?

C.L.O.- Más que religiosa y católica, soy una persona de espiritualidad profunda y creo en un ser superior que está en la fuerza de la vida. No soy creyente en el sentido de pedirle favores a Dios, sino en el de tener claridad para poder tomar las decisiones correctas en el momento en que corresponda hacerlo. Oro mucho, pero para pedir fortaleza y rectitud.

C.O.T.- Con ocasión de este episodio, ¿reconsideró algunas de sus decisiones personales, familiares y políticas? Es decir, ¿podría hablarse de una Clara López II?

C.L.O.- Pienso que sí. Hay una Clara López más ‘clara’, porque tiene una visión también más certera. Esta segunda oportunidad que se me ha dado tiene que ser asumida bajo las normas que me he impuesto siempre tratando de construir proyectos políticos y sociales para la gente que reclama un lugar para ella bajo el sol. Voy a dedicar todos mis esfuerzos a sacar adelante el proyecto político de alternativa que tiene planteado el Polo Democrático.

C.O.T.- A propósito, usted nació en clase alta y fue beneficiaria de los privilegios que ahora combate. ¿Cómo casa su posición social de antes con su discurso de hoy? ¿No se contraponen?

C.L.O.- No. Mis decisiones en materia política tienen que ver con lo que nos enseñaron mi padre y mi madre, quienes nos insistieron en que éramos unos privilegiados en una sociedad muy desigual y que nuestra responsabilidad era la de retribuir lo que estábamos gozando con servicio a los demás. Siempre fui consciente de los sacrificios e incomprensiones que esa actitud implicaba y que iban, a veces, en contravía de los afectos.

C.O.T.- ¿Cómo así? ¿Le retiraron la cercanía familiar y el cariño debido a sus posiciones políticas?

C.L.O.- En varias etapas de mi vida he tenido que sobrellevar el retiro de los afectos en función de mis decisiones y de mis principios. Cuando uno piensa de forma diferente, no lo acogen de igual manera. Pero no me he amargado porque ese retiro no ha implicado falta de respeto. Quiero decirle que en esta etapa de dificultad médica he tenido la enorme satisfacción de ver que personas de todas las posiciones del espectro político y social se han preocupado por hacerme llegar su voz de aliento. Por ejemplo, recibí la expresión de los buenos deseos del presidente Juan Manuel Santos y también la de los expresidentes Uribe, Samper y Gaviria, con quienes no tengo interlocución frecuente. Muchas otras personas de diversas corrientes se tomaron el trabajo de enviarme su solidaridad.

C.O.T.- Ciertas personas que no han pasado por una experiencia como la suya suelen ser duras, despreciativas y poco tolerantes con los demás. ¿Piensa que debe modificar sus actitudes, por ejemplo, frente a sus opositores políticos de derecha?

C.L.O.- Tal vez sí, porque en el mundo cabemos todos y tenemos los mismos derechos. Lo que sucede es que la derecha ya ha tenido mucho tiempo para ensayar sus teorías y no ha logrado construir una sociedad justa, moderna y segura. Es tiempo de darle la oportunidad a una creatividad distinta sin destruir todo lo que se ha construido. Ha llegado el momento de la alternativa que la izquierda democrática plantea con respeto por los demás. Sin embargo, los otros también tienen que respetar la posibilidad de la sociedad que no ha estado representada en el poder para aplicar soluciones diferentes a las tradicionales.

El meningioma, un tumor hereditario

Según los médicos tratantes, el tumor benigno que se localizó en el cerebro de la candidata presidencial del Polo Democrático, Clara López Obregón, y que hace unos días le fue operado, se denomina meningioma y se caracteriza por desarrollarse en las membranas delgadas o meninges, crecer lentamente y no invadir el tejido que lo rodea. Los meningiomas son más comunes en las mujeres que en los hombres, y aunque afectan a las personas de todas las edades suelen ser más frecuentes entre los 40 y los 60 años. Tienen una alta incidencia hereditaria. Son susceptibles de ser extraídos en su totalidad, como ocurrió durante la cirugía a Clara López, sin consecuencias neurológicas, porque existe un espacio libre entre el tumor y el cerebro sano, lo que facilita la actividad de los cirujanos sin hacer daño a otras partes. Los meningiomas también pueden aparecer por accidentes o caídas. Producen síntomas, dependiendo del lugar en que se alojen. La posibilidad de curación es alta, contrario a lo que sucede con los tumores malignos. De cualquier manera, los neurólogos opinan que no hay cirugía pequeña y que siempre pueden presentarse complicaciones, lo que, por fortuna, no sucedió en el caso de López, quien se está recuperando plenamente.

“Batalla electoral de David frente a Goliat”

Cecilia Orozco.- ¿Puede dar una batalla electoral con opción real, aun frente al presidente que aspira a la reelección?

Clara López.- En las actuales condiciones la campaña es demasiado desigual. Hay un desequilibrio muy grande, pero a la izquierda siempre le ha tocado enfrentar la historia de David y Goliat. Sin embargo, esta vez los colombianos pueden estar del lado de David, porque están despertando del miedo que han vivido. Y cuando hablo de izquierda no sólo me refiero al Polo.

C.O.- ¿A quiénes alude?

C.L.- Por ejemplo a Cecilia López, José Antonio Ocampo, Mauricio Cabrera o Eduardo Sarmiento, por mencionar sólo unos. Hay infinidad de personas que han dedicado su esfuerzo y su estudio a crear alternativas diferentes.

C.O.- Si el proceso con las Farc concluye bien y ellas pudieran ejercer política, ¿el Polo estaría interesado en llegar a algún acuerdo con ellas?

C.L.- Uno no puede ensillar antes de traer las bestias. Si las Farc llegan a constituirse como partido político desarmado y legal, el Polo estaría en disposición de conversar con ellas como lo hace con todos los sectores del país, en función de construir una Colombia que sea democrática y soberana.

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