"No quiero que me toleren, sino que me respeten"

La reportera Liliana Osorio Arsayuz, de la comunidad LGBTI, dice que el debate en el Senado que terminó en rechazo al matrimonio gay, además de ser “poco democrático e irrespetuoso, incentivó la agresividad contra los homosexuales”.

Liliana Osorio Arsayuz, periodista. / Gabriel Aponte - El Espectador
Liliana Osorio Arsayuz, periodista. / Gabriel Aponte - El Espectador

Cecilia Orozco Tascón.- Usted, como tantas otras personas, tuvo que pasar por el capítulo de revelarles a sus allegados sus preferencias. Eso que llaman “salir del clóset”. ¿Fue difícil tomar esa decisión?

Liliana Osorio Arsayuz.- El primer paso, en ese camino, es fundamental. En mi caso, mi círculo familiar me apoyó sin condiciones. El amor hacia mí no varió, jamás hubo el menor gesto de discriminación y nunca me faltaron al respeto. Segura ya de que las personas que más quiero en la vida me aceptaban como nací, dejó de importarme lo que dijera el resto de la sociedad. Tengo claro lo que soy y lo que decidí, y no me avergüenzo. Por el contrario, me siento absolutamente digna. Diría que más que tantos heterosexuales que andan haciendo de las suyas.

C.O.T.- Fuera de su entorno, ¿tuvo que ocultar sus preferencias por temor al rechazo?

L.O.A.- No, este tema no lo trato con moralismos falsos. Mi madre me enseñó, desde muy pequeña, que no tenía por qué avergonzarme de lo que quisiera hacer con mi vida. No ando pregonando que soy gay ni exhibo una cartelera describiendo mis gustos. Pero tampoco lo oculto. Me acompaña una gran tranquilidad de conciencia.

C.O.T.- Una cosa es la seguridad que siente en sí misma y otra, las actitudes de la gente. ¿Ha sufrido discriminación social?

L.O.A.- Claro que sí. Quien diga que no se ha sentido discriminado en Colombia por su condición de gay, de negro, de indígena o de pobre, miente. Todas las mujeres somos discriminadas, pero si, además, una es lesbiana, es peor. Eso se nota más en los bares y sitios de rumba.

C.O.T.- Por ejemplo, ¿en dónde?

L.O.A.- Por ejemplo en Café Libro (sitio de salsa, en Bogotá). Allá se mezclan el perro con el gato. Pero, curiosamente, si ven bailando a dos mujeres, se asustan. En una ocasión se me acercó uno de los administradores y me dijo: “Oiga, periodista (porque me conocía), ¿por qué no se va con su amiga para otro sitio”? Resulta que yo estaba en una fiesta de oficina y cuando el administrador me sugirió que me fuera, estábamos bailando en grupo. Él vio lo que estaba en su imaginación llena de prejuicios.

C.O.T.- ¿La prevención contra las parejas gais ha disminuido o se ha incrementado con el paso de los años?

L.O.A.- Es una actitud muy extendida y, como le digo, es notoria especialmente en los establecimientos públicos. Además de los bares, sucede en las salas de cine, los restaurantes, las cafeterías. Se hacen los disimulados y, muy amables, nos sugieren sitios a dónde ir. Dan direcciones y nombres de lugares para homosexuales como si no los conociéramos. Además, hay otro tipo de discriminación que suele ser muy sutil.

C.O.T.- ¿En cuál caso?

L.O.A.- En muchos. Cuando va a las clínicas o los consultorios, por ejemplo. Durante el examen de citología usted tiene que entregar cierta información sobre sus actividades sexuales. Aunque los médicos disimulan, si una cuenta que es lesbiana, nota inmediatamente la mirada de suspicacia.

C.O.T.- Usted es una reportera conocida, ¿su avance laboral y profesional se ha estancado o se ha obstaculizado?

L.O.A.- Tengo que ser clara: a pesar de que he tenido jefes maravillosos, no puedo decir lo mismo del medio. Insisto en que he tenido clara mi condición, la he asumido y he luchado por ser lo que soy, con dientes, garra y dignidad. Pero no faltan quienes quieren hacerme a un lado. Es corriente encontrar profesionales en los medios absolutamente homofóbicos. En especial los periodistas hombres, aficionados a conquistarse a sus colegas del otro género. No sólo discriminan a las lesbianas, sino a todas las mujeres porque son machistas. La diferencia es que a mí, por ejemplo, me echan en cara con sorna mi derecho a decir “no”: “¡Ah! Se me olvidaba que no te gustan los hombres”. Pero la gente aprende a respetar a quien se muestra seguro.

C.O.T.- Si bien es cierto que usted ha trabajado en varios medios, ¿las empresas tienden a cerrarle la puerta?

L.O.A.- Tanto como cerrar las puertas, no. Pero los gerentes y administradores sí hacen advertencias.

C.O.T.- ¿De qué tipo?

L.O.A.- Dan consejos: “No se vaya a meter con las compañeras porque no queremos escándalos”. O dicen: “Liliana, me encanta su trabajo, pero tenga en cuenta que aquí no todas son como usted. Así que ‘pilas’ con sus comentarios; ojo con sus miradas, no vaya y la malinterpreten”. Como si los homosexuales únicamente viviéramos en función del sexo. No conciben que podamos ser amigos o amigas de los heterosexuales o de las mujeres, cualquiera que sea su condición. Creen que sólo miramos a los demás con ojos de deseo. Ese es uno de los grandes prejuicios que hay que derribar.

C.O.T.- Con independencia del resultado, ¿la discusión en el Congreso sobre matrimonio gay fue útil para que la gente hable hacia delante sin tanto tapujo de las diferencias sexuales o incentivó la discriminación?

L.O.A.- La discusión se ventiló mucho en los medios, pero fue poco democrática, irrespetuosa y grosera, e incentivó la agresividad. Parece que a quienes participan en estos debates, sobre todo aquellos que tienen notoriedad pública, se les olvidara que una tiene mamá, papá, hermanos, tíos y sobrinos. La ofensa es para todos nosotros, pero también para nuestros círculos familiares en donde hay muchos heterosexuales. Es como hacer un señalamiento colectivo, una práctica muy utilizada por los nazis. El debate fue pobrísimo y se centró en argumentos morales como si estuviéramos hablando de religión. Aquí estamos refiriéndonos a un derecho fundamental: el de la igualdad. Ni más ni menos. No pedimos que nos den ventajas o privilegios, sino lo que corresponde a cualquier colombiano.

C.O.T.- Hay que reconocer que aunque hubo congresistas muy agresivos contra ustedes, otros salieron en su defensa.

L.O.A.- Es cierto pero fue una mini-minoría. ¿Sabe qué es lo que más ofende? El manoseo político. Cuando necesitan a la comunidad, corren a tomarse fotos con ella. Cuando hay que reconocer derechos, la desprecian. El señor Roy Barreras es una maravilla: sale a buscar cámaras en la Besatón (jornada que se adelantó en noviembre de 2012 contra el senador Gerlein) y después nos enteramos de sus acuerdos con los cristianos o de su actitud en el Senado. Y muchos de sus colegas se escondieron para que no se supiera cómo iban a votar. Así no corrían el riesgo de perder electores. Con los medios ocurre algo similar: son unos cuando quieren espectáculo y otros cuando abren una urna virtual para que la gente opine.

C.O.T.- El senador Armando Benedetti ha insistido con este proyecto de ley y no ha podido vencer la resistencia del Congreso. ¿Él también fue poco convincente para usted?

L.O.A.- En ese debate yo vi una especie de medición de poder: quién le mostraba más los dientes a quién, y quién tenía más poder. Ese bombardeo de conceptos le hizo más daño que bien a la comunidad, pero el senador Benedetti fue muy valiente dándose esa pela. Somos nosotros, como comunidad LGBTI, quienes deberíamos mejorar nuestras razones y la formulación de nuestras exigencias. Más allá del reconocimiento a tener un vínculo matrimonial, deberíamos pensar en un conjunto de derechos tan o más importante que ese.

C.O.T.- ¿Por ejemplo?

L.O.A.- La atención en salud. En los hospitales no tienen idea sobre cómo atender a un gay. Los médicos y las enfermeras no tienen protocolos de atención para la comunidad. No saben si tratarnos en la condición de hombres o de mujeres.

C.O.T.- ¿Esa situación se presenta en otros sitios?

L.O.A.- Por supuesto. Le hablo de los casos más frecuentes: en las URI (Unidad de Reacción Inmediata) y en las Comisarías de Familia. Viera el problema en las URI cuando llega un travesti. No saben si ponerlo en las celdas de hombres o en las de mujeres. Después de dudarlo, terminan por echarlo a la de los hombres a ver qué hacen con él. Allá también llegan las parejas de homosexuales con problemas de maltrato familiar. Pero como no son consideradas “familia”, no tratan el tema con ese concepto, sino con el de lesiones personales. Ni siquiera existimos en las estadísticas de violencia de familia. Tampoco nos consideran sujetos de las políticas de prevención.

C.O.T.- ¿Observó mucha tensión en la Plaza de Bolívar durante los días de la discusión en el Congreso del proyecto de ley sobre el matrimonio?

L.O.A.- Había un grupo de Cabezas Rapadas que se hacen llamar “Los hijos de Hitler”. ¿Adivine a cuál grupo apoyaban? A los grupos conservadores y a los religiosos. Y, ¿cómo lo hacían? Lanzando amenazas. Abro comillas: “Esperen a que se acabe esta gazapera y ya los encontraremos solos en una esquina”. Le tocó a la Policía intervenir poniendo una valla que dividiera los grupos opuestos. Y los del centro eran los que se encargaban de insultar a la comunidad. Todo a nombre de Dios, ¡qué pena con ese señor!

C.O.T.- Se habla de tolerancia hacia de la comunidad gay. ¿Esa es la solución?

L.O.A.- Cuando usted ve las consecuencias de las afirmaciones del concejal Ramírez, que dice que les envenenamos el alma a los niños, y pocos días después levantan a piedra un centro comunitario LGBTI y queman la bandera después de amarrar al portero, ¿cree que el odio que se está sembrando va a desaparecer con “tolerancia”? Ese término es el más odioso que existe.

C.O.T.- ¿Por qué?

L.O.A.- Porque tolerar es similar a “aguantar”, a “soportar”. Yo no quiero que me toleren. Quiero que me respeten porque lo merezco y porque soy ciudadana colombiana de pleno derecho. Tolerar es igual a “¡aguantemos a esos maricas!” Vuelvo a insistir: merezco respeto a mi integridad intelectual, humana, espiritual y material. Soy una integrante de esta sociedad. Aporto trabajo, pago impuestos, hago cola para pagar los servicios públicos, contribuyo al futuro del país en mi medida. Me enamoro, me da risa y también me da gripe, igual que a todo el mundo. ¿Por qué me tienen que “tolerar”?

Lista de quienes ‘se dieron la pela’ y votaron a favor

La votación en el Senado sobre el establecimiento de la categoría de matrimonio para las uniones de parejas homosexuales fue abrumadoramente contraria a esa posibilidad. De 98 congresistas que componen hoy la corporación, 51 votaron negativamente, 17 dieron voto positivo y 30 se ausentaron del recinto o presentaron excusas para no estar presentes al momento de la decisión. Esa inusual inasistencia (30% de ausentes) fue interpretada por varios analistas como una forma de evadir la responsabilidad pública que conllevaba asumir cualquiera de las dos posiciones. Los observadores también calificaron la calidad de los argumentos del debate como “muy pobres” y criticaron la pasividad del gobierno Santos frente a un tema que movilizó a una gran cantidad de ciudadanos que se manifestaron en la Plaza de Bolívar durante los días en que se discutió el asunto. Los senadores que votaron a favor del matrimonio gay fueron: Luis Carlos Avellaneda, Armando Benedetti, Arleth Casado, Juan Fernando Cristo, Parmenio Cuéllar, Jaime Durán, Juan Manuel Galán, Guillermo García R., Hémel Hurtado, Jorge Londoño, Enrique Prieto, Gloria Inés Ramírez, Jorge Enrique Robledo, Camilo Romero, Camilo Sánchez, John Sudarsky y Luis Fernando Velasco.

“Debemos probar que tenemos alma”

Cecilia Orozco.- ¿Cuántos años hace que ejerce periodismo?

Liliana Osorio.- Cerca de 22 años.

C.O.- ¿A cuáles medios ha estado vinculada?

L.O.- Trabajé en los desaparecidos noticieros de televisión 24 Horas, Nacional y Hora Cero, y fui reportera de CM&. En radio estuve en Caracol Radio, en Pase la tarde, y en la sección Bogotá del diario El Tiempo. Hoy en día soy consultora particular y participo en un programa periodístico.

C.O.- ¿En cuál?

L.O.- Se llama El primer café y se emite en Canal Capital, de 6 a 9 de la mañana.

C.O.- ¿Estaba vinculada a Canal Capital cuando se desató la polémica generada por el concejal del PIN Marco Fidel Ramírez, quien hizo un debate sobre el que llamó “desmesurado” privilegio de ese medio a la comunidad LGBTI y quien pidió una lista de los homosexuales que integraban la nómina?

L.O.- Sí, y viví ese capítulo con mucha tristeza, no tanto por mí como por las familias de los homosexuales, e incluso de los heterosexuales que están vinculados a Canal Capital. Supe de pequeños hijos de trabajadores del canal que fueron víctimas de matoneo en sus colegios o en su entorno social. Las burlas fueron provocadas por este personaje que estigmatizó a toda la empresa. En pleno siglo XXI estamos como los indígenas de la Conquista, tratando de probar que tenemos alma y que somos seres humanos.