"Para dedicarse a la danza en Colombia hay que tener pantalones y enaguas bien puestos"

Paula Otálvaro y Juan Ferando Morales comenzaron su vida sobre un escenario y allí permanecerán guiados por la pasión del baile. Son beneficiarios de las Becas Bancolombia a la Danza.

Paula OtálvaroPaula Otálvaro
Cuando Paula no aceptó la beca que acababa de ganar para estudiar ballet en Brasil e irse a un nuevo proyecto en Bogotá, fueron muchos los que le auguraron el fracaso. “Ese programa no durará más de un año”, le sentenciaron. “Es muy triste que en Colombia, con toda la riqueza que tenemos, no haya una compañía nacional de danza. Por eso decidí hacer parte del proyecto de Alma en Movimiento, porque quiero que digan: esa niña de Medelín es muy buena bailarina y ayudó a cambiar la historia de la danza en Colombia”.
 
Paula Otálvaro Ramírez nació en Medellín. Tiene tiene 18 años y desde los 9 estudia ballet. Dejó su ciudad y su familia para instalarse sola en Bogotá, con sus ocho millones de habitantes y sus posibilidades culturales, para hacer realidad un sueño: bailar en los escenarios de su país. Ella hace parte del grupo de diez jóvenes que conforma Alma en movimiento, una iniciativa de Bancolombia y el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, que nació bajo la premiza de que la cultura es un motor de cambio en la sociedad. (Leer: Alma en movimiento: bailes que cambian vidas)
 
Paula se presentó a las audiciones en Medellín y cuando logró uno de los diez cupos entre los 165 inscritos, no dudó en decirle ‘sí’ a la oportunidad y desde el 2015 es beneficiaria de las Becas Bancolombia a la Danza, que les ofrece un monto mensual a los bailarines, para que, mientras profesionalizan su arte, puedan también vivir de ello.  “Hemos tenido clases con quienes siempre quisimos, pero nunca nos imaginamos que ocurriría. La primera semana tuvimos clases con el English National Ballet y ¡eso no pasa nunca en la vida!”, cuenta Paula en el primer descanso de una de las jornadas diarias de seis horas de entrenamiento. “El año pasado tuve un momento de crisis –recuerda-; pensé en dejarlo todo, porque los entrenamientos son muy duros, me sentía cansada, me dolía todo el cuerpo. Pero definitivamente todo tiene una recompensa y estar en el escenario es una sensación increíbile, porque puedo transmitir lo que estoy sintiendo”. (Leer: Abandoné todo por amor a la danza)
 
A su lado, uno de sus compañeros más cercanos, Juan Fernando Morales, quien se mudó a Bogotá desde Pereira, tiene claro que los retos para ser un bailarín destacado son tan grandes como llegarán a ser los resultados: “La vida me ha cambiado porque yo era dependiente, los primeros meses lloraba los domingos de soledad, pero esto me ha hecho fuerte, autosuficiente; la perspectiva del mundo, la responsabilidad conmigo y con los compañeros me ha cambiado. El ballet me ha enseñado disciplina, constancia, trabajo individual en relación con el equipo. Amo total y completamente la danza y a eso me voy a dedicar toda la vida, así no haya trabajo. Quien quiera dedicarse a la danza debe tener amor, pantalones y enaguas. Muchos cuerpos quieren hacer ballet, pero no tienen las condiciones. La presión psicológica es muy dura, porque nos exigen estado muscular fuerte, si los muscúlos están débiles no funcionamos; eso significa comer bien, dormir, ser maduro mentalmente y saber dónde estamos parados”.
 
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