“Bolillo” Gómez, el mundialista

Es el primer director técnico de la historia en clasificar y dirigir tres selecciones diferentes en Mundiales: Colombia, Ecuador y Panamá. Además fue asistente de Francisco Maturana en Italia 1990 y Estados Unidos 1994.

Hernán Darío Gómez, director técnico de Panamá. / EFE

Hernán Darío no tiene grises. Es de odios y amores. Radical en sus decisiones y sin problemas para encarar a quienes lo confrontan o amar a los que están a su lado. Lo único que no va a dejar de ser el Bolillo Gómez es un histórico del fútbol. Gústele o no, el director técnico colombiano ya marcó las páginas de la biblia futbolística al convertirse en el primer entrenador en clasificar y dirigir a tres selecciones diferentes en los Mundiales: Colombia, en Francia 1998; Ecuador, en Corea-Japón 2002, y Panamá, en Rusia 2018.

No importa si en todas sus participaciones saliera en primera ronda. Lo logrado por Bolillo Gómez no tiene comparación. Hoy dirigirá su octavo partido en una Copa del Mundo. Lo hará ante Inglaterra. Es un hombre metódico y que aprende en la adversidad. Por eso no cree que sus dirigidos en la selección de Panamá cometerán los mismos errores que le costaron el partido contra Bélgica, el cual perdió por tres goles que le marcaron en el segundo tiempo.

Hernán Darío Gómez llegó a Francia 98 tras heredar el proceso en la selección de Colombia del entrenador Francisco Maturana. Había sido su asistente en los Mundiales de Italia 1990 y Estados Unidos 1994. Ya posesionado como estratega principal en el 98, perdió dos partidos y ganó uno, contra Túnez. Su ciclo en la tricolor terminó, pero Ecuador lo llamó con el objetivo de que los clasificara al Mundial. Y lo logró.

Por primera vez en la historia de la Copa Mundo sonó el himno de Ecuador, en Corea-Japón 2002, donde ganó también un solo partido. Fue contra Croacia, a la que los ecuatorianos vencieron por la mínima diferencia. Llegaron tiempos difíciles. Intentó con otras selecciones y hasta en equipos profesionales del fútbol colombiano. En medio de ese ir y venir, nuevamente se le presentó la oportunidad de dirigir a Colombia luego de que no se cumpliera el objetivo de ir a Sudáfrica 2010. El país ya no aguantaba otro fracaso futbolístico internacional. El Bolillo había sido el último técnico en llevar a la tricolor a un Mundial.

Todo indicaba que Gómez sería el timonel de la tricolor para clasificar al Mundial de Brasil 2014. Pero los escándalos fuera de las canchas le jugaron una mala pasada. El caso de agresión a su pareja sentimental, a las afueras de un bar en Bogotá, lo obligó a dar un paso al costado. La indignación colectiva que ocasionó el episodio en el país fue el detonante para que la Federación Colombiana de Fútbol acabara el contrato. “Estuvimos muy unidos en ese momento. Para nosotros en la casa fue muy duro ver el matoneo de la gente. Duró mucho tiempo. Siempre estuve a su lado, porque él es mi papá. Como familia nos arropamos con quienes nos apoyaron. Pero claro, dolió. Estas son las cosas a las que uno está expuesto cuando tiene un padre que es figura pública”, afirmó Daniel Gómez, su hijo, en una entrevista con El Espectador.

Bolillo Gómez es una persona de sangre caliente y asimismo vive el fútbol. Quería revancha. Y llegó con Panamá, que lo contrató para que, nuevamente, lograra el milagro de clasificar a una selección a su primera Copa Mundo. Era una tarea que conocía de vieja data, y lo hizo. Gómez planificó su estrategia como lo hizo con Ecuador en Suramérica: Ganarles los partidos a sus rivales directos, a los más chicos, e intentar arañar uno que otro punto contra los grandes (México, Costa Rica y Estados Unidos). Así consiguió el cupo para los panameños, que gracias a él son protagonistas en Rusia 2018.

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Redacción deportes

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