La misión imposible de Alemania

Los campeones del mundo se entrenan en la sede deportiva del CSKA de Moscú con un solo objetivo: retener el título alcanzado hace cuatro años.

El delantero Thomas Müller conversa con el volante Mesut Özil en la práctica de Alemania, ayer. / AFP

El hotel Vatutinki queda a 30 kilómetros del centro de Moscú, en medio de pinos grandes y un bosque frondoso que emana tranquilidad; un punto calmado y alejado del bullicio, que facilita la concentración. La lluvia merma una tarde calurosa y el sol apacigua una mañana fría. En otras palabras, hay equilibrio para una selección que espera ser equilibrada en la Copa del Mundo. Por eso, Joachim Löw y el cuerpo técnico de Alemania eligieron Vatútinki, con la premisa de que la repetición es una base necesaria para tener éxito. Repetir la armonía que tuvieron hace cuatro años en Campo Bahía, su centro de operaciones en Brasil, repetir la integración del grupo y, por ende, poder repetir título.

Los alemanes demostraron este miércoles, otra vez ,por qué son prodigios de la paciencia, pues el tráfico ruso no fue benevolente como el día de su llegada, ni siquiera con la ayuda de la policía local, que detuvo como pudo uno que otro carro para que pasara el bus que lleva a un costado el eslogan votado por la gente: “Escribamos la historia juntos”. Ya en la sede deportiva del CSKA de Moscú, y tras una demora por la cual el jefe de prensa de la delegación alemana les pidió disculpas a los periodistas, Alemania entrenó durante dos horas. No hubo espacio para hablar con los futbolistas, pero sí para observar un partido entre ellos y regalar balones a algunos de los cerca de 700 hinchas que llegaron al complejo deportivo.

Durante el calentamiento y los ejercicios en espacio reducido hubo risas, hasta bromas entre Thomas Müller y Toni Kroos, pero un jugador se mantuvo alejado de sus compañeros, como preocupado: Mesut Özil, con la mirada al piso y sus pasos lentos para ir de un lado al otro. Löw se le acercó y logró que el volante del Arsenal esbozara una sonrisa. Todos hablan de él y de la foto de hace unos días con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, de sus orígenes y de un inocente encuentro que terminó con una tormenta mediática por la tensión política que viven ambas naciones. Los ataques y el pronunciamiento de la federación alemana criticando el suceso lo han golpeado como una ola gigante, y eso se nota.

Thomas Schneider, el instructivo y modesto asistente técnico, dialogó con él. No se supo qué le dijo, pero, como una llave maestra que abre una puerta, consiguió que el futbolista de 29 años se integrara a la dinámica del día. Alemania se dividió en tres equipos y, mientras dos se enfrentaban ante la mirada quirúrgica de Löw, el tercero hizo trabajos de velocidad, de memoria, sin tener contacto con la pelota, de saberse mover en la cancha. El fútbol alemán en su máxima expresión. “Hay que mantener la unidad”, dijo el DT en la rueda de prensa cuando le preguntaron por la situación del hombre que lleva el 10 en la espalda.

Hacer lo que sólo ha hecho Brasil, ganar dos Mundiales de manera consecutiva, sigue siendo el objetivo principal. Por eso la elección milimétrica de Vatútinki como lugar de acuartelamiento. Por eso la gestión de muchos para que Özil se concentre, para que no haya grietas que permitan cualquier tipo de filtración. Y por eso la importancia de construir un grupo antes de una nómina, para que la máquina funcione sin problemas, como antes.

El equipo teutón debutará contra México el domingo, en el estadio de Luzhnikí. Los actuales campeones están tocados, por su gente y por la prensa local, y por los medios internacionales que cuestionan la mala racha de los últimos cinco partidos, sobre todo la derrota ante Austria (2-1), pues llegar sin ganar a este certamen puede ser una mala señal.

Sin embargo, Alemania es favorita y por ende tiene la promesa y la esperanza de revalidar el título. Porque sería la manera de acabar con la mirada inquisidora que busca romper con su intimidad, con su forma de jugar y con las maneras de un equipo que hace cuatro años nos acostumbró a la perfección, a no tolerar, de su parte, un segundo de mal fútbol.