Mauricio Arboleda: “Ojalá se me dé el milagrito de ir al Mundial”

El arquero colombiano del Banfield de Argentina fue la principal novedad en la lista de 35 jugadores preseleccionados por José Pékerman para ir a Rusia 2018. Tiene tres semanas para convencerlo y disputa el puesto con uno de sus maestros, José Fernando Cuadrado.

Esta temporada el nariñense jugó 1.710 minutos, repartidos en 19 partidos en el arco del Banfield. / Getty Images

El azar tiró los dados. Unos lo llaman destino, otros lo llaman Dios. “Sólo Él sabe”, es uno de sus lemas de vida. A Mauricio Arboleda lo seducía la calle; al estudio no le encontraba su magia. A lo que sí le halló esa chispa especial fue al fútbol. Eso sí, lejos del arco.

Y las cartas de su vida se destaparon cuando aún era un adolescente. Un niño más portentoso que el resto en la escuela de su barrio, Ciudadela Porvenir. Lo suyo era hacer los goles. Lo llamaban Adebayor, haciendo alusión al delantero togolés que jugó en el Arsenal, Manchester City y Real Madrid. Hasta que una tarde el arquero titular se fue expulsado y los cambios ya estaban consumados. A Mauri le tocó ponerse los guantes para frenar el remate desde los 12 pasos. Atajó el penal. Al día siguiente, su entrenador lo obligó a probarse de portero. Lo demás es historia. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera atajado ese penal? “Esa es una pregunta que me haré toda la vida y de la cual nunca obtendré respuesta. Sería delantero, claro está. Pero hubiera llegado, no hubiera llegado, no sé. Dios me puso los guantes y estoy contento de ser lo que soy”, apunta el número uno de Banfield de Argentina. “Aunque me encantaba ser 9. Igual, de vez en cuando se me sale el alma goleadora”, agrega sonriente.

Es oriundo del municipio de Tumaco (Nariño), donde la negligencia del Estado y la violencia tienen una estrecha relación. “Todo lo que soy se lo debo a mi abuela Teresa. Me pegó correazos, me regañó, pero me mantuvo a raya. El fútbol fue una vía de escape. Yo miro a mis amigos y compañeros de colegio, que andan en malos pasos, y me pongo a pensar también en ‘qué hubiera sido si’. Tal vez estaría con ellos. Tal vez no. Pero son mi espejo y tengo que seguir saliendo adelante”.

La única certeza irrefutable es que llegó. Debajo de los tres palos ingresó a la lista de 35 preseleccionados de José Pékerman para jugar el Mundial. A sus 22 años es el segundo jugador más joven de la plantilla, por detrás de Dávinson Sánchez (21). Y ahora tendrá tres semanas para convencer al timonel argentino de que tiene las condiciones para ganarse su tiquete a Rusia. Mientras tanto cumplirá otro de sus sueños: conocer a Falcao. “Ya lo tengo estudiadito. He visto videos de cómo define. Lo primero que le voy a decir es que es un fenómeno. Y ojalá le ataje muchos remates para que llegue afinadito a la Copa del Mundo”, dice entre risas.

“Ojalá se me dé el milagrito”, agrega quien desde este momento es un serio candidato para integrar la nómina de 23 futbolistas en Rusia 2018. En los papeles disputará el lugar de tercer arquero con José Fernando Cuadrado, quien entre otras cosas es uno de sus máximos referentes. “Cuando estábamos en el Pasto se preocupó por enseñarme las maneras de los arqueros. Pase lo que pase, uno debe estar siempre muy agradecido. Él merece estar en la selección”.

Y probablemente uno de los razonamientos que tiene Pékerman en su inventario es no llevar dos arqueros suplentes mayores. ¿Para qué? La juventud es el valor agregado de Arboleda, quien espera tener roce con sus futuros compañeros y discernir cómo funciona una selección. Un Mundial, el escenario predilecto de aprendizaje para él y cualquier chico, especialmente para quien catalogan como el sucesor de David Ospina en el arco tricolor. “He escuchado mucho de eso. El futuro es algo incierto, no se sabe. Toca vivir el presente, pero para mí es un honor. Higuita, Córdoba, Calero, que en paz descanse, Mondragón y ahora Ospina. Yo me pongo a mirar esos nombres y pienso: ‘Si me toca defender la portería, lo haré con mucho amor’. Ojalá se dé lo del Mundial, sería un sueño”.

En 2014 llegó a Banfield, el equipo en el que James Rodríguez dio el salto al fútbol europeo y con el que se consagró campeón. Su DT es el mismo que confió en el volante del Bayern Múnich: Julio Falcioni, ídolo en el arco del América de Cali y tal vez el mejor arquero extranjero que ha pasado por la Liga colombiana. “Julio es un líder positivo. Gracias a Dios se está recuperando de su enfermedad. Yo soy un afortunado de tenerlo a él como entrenador. Sabemos lo que hizo en Colombia y sólo espero aprenderle todos los días”.

Llegó hace cuatro años a Buenos Aires. El comienzo no fue fácil. En Argentina la convivencia es fuerte con los extranjeros jóvenes que se quieren abrir el camino. “Llegué a una pensión con chicos de todas partes. A uno le pasan cosas que nadie sabe”. Luego llegó al club Mauricio Cuero, actualmente en Olimpia de Paraguay, y el nariñense, también de Tumaco, le hizo las cosas más fáciles en el vestuario. “Sé que al Mundial van los mejores. Mientras haya 1 % de posibilidades habrá 99 % de esperanza”, cierra la nueva promesa del arco tricolor. ¿Rusia o Catar? Pékerman y el tiempo lo dirán.