Conversatorio de Colombia 2020

hace 5 horas

Yerry Mina y Dávinson Sánchez mandaron a Colombia para Moscú

La pareja de centrales jugó un partido impecable, a pesar del bajo nivel del colectivo, y de su mano el equipo de Pékerman jugará en el estadio Spartak de la capital rusa por meterse, de nuevo, entre los ocho mejores de un Mundial.

Yerry Mina y Dávinson Sánchez fueron los pilares en la victoria de Colombia sobre Senegal, en Samara. AFP

Todo conjunto tiene malos y buenos momentos, cimas y abismos, y más en el fútbol, en el que la vida sube y baja en cuestión de segundos, de goles. Este jueves, la selección de Colombia tuvo una dupla de defensores que, solemnes de sí mismos por su trabajo, ayudaron a que el equipo no sucumbiera contra Senegal, contra el portentoso, rápido e inagotable Senegal. Y aunque adelante el mundo giró en sentido contrario, atrás se mantuvo estable, con uno que otro temblor, hasta réplicas, pero nunca un terremoto. Dávinson Sánchez, el que corrió, el que entregó y el que pasó el balón con gran precisión (87,3 % de efectividad), generó el primer clímax en una acción con Sadio Mané al sacarle la pelota de manera limpia. El juez señaló el punto penalti, pero tras la revisión en el VAR, hubo un gesto de siga, siga, y todo se mantuvo en calma. Justicia para el jugador del Tottenham que, con un quite impecable, con el talón, evitó que el delantero del Liverpool quedara de frente al arco de David Ospina.  (Vea nuestro especial sobre el Mundial de Rusia 2018)

El segundo auge, por fortuna, llegó en la otra área, en el minuto 74, luego de un tiro de esquina que cobró Juan Fernando Quintero y que Yerry Mina cabeceó con fuerza al piso. Y de nuevo el estado de fiesta, la celebración, el swing como muestra de la naturalidad. Y el baile apareció en medio del juego para mermar el instante de agonía. Por fin hubo gol para Colombia, 15 minutos después del anotado por Jan Bednarek en el triunfo de Polonia contra Japón. Y la vida se acomodó al sueño, no sólo de pasar a octavos de final, sino de ser primeros en un grupo complicado, con rivales diferentes, con un equipo que mutó y que tuvo que acoplarse al estilo de juego de los demás para imponer el propio.

Pero volvamos a los centrales, las figuras en el Arena Samara. Fue tal la confianza y el entendimiento de Mina y Sánchez que varias veces cambiaron de perfil sin que se lo ordenaran desde el banco. Sí, puede que no sea bueno, pero así se sintieron cómodos, el uno siendo el relevo del otro. La pareja de defensores más joven de esta Copa del Mundo (Yerry tiene 23 años y Dávinson 22) logró el equilibrio que pretende José Néstor Pékerman, el que quieren ellos, pues uno fue veloz en los cierres y el otro impasable por arriba. Y así se la pasaron todo el partido, el uno cuidando la espalda del otro, como debe ser. (Lea: Cinco razones, cinco ilusiones del logro de Colombia en Rusia 2018)

Y cuando los senegaleses se enteraron de que los polacos estaban ganando y que eran ellos los eliminados del Mundial, apretaron más y lanzaron centros y pases al vacío, y Mina y Sánchez se comportaron mejor que antes, fueron más sagaces, más inteligentes, y despejaron todo, llegaron a los cruces sin temor y fueron superiores. También anularon a Mané con una marca escalonada, liderando desde la persuasión, desde el diálogo con los africanos en cada empujón, en cada roce. En otras palabras, se hicieron sentir, y eso dio tranquilidad. Se hablaron entre ellos, con David Ospina y Santiago Arias, y con Johan Mojica y Carlos Sánchez, pues la comunicación fue la base de la distribución de la zona defensiva.

“Panita, fue lo mejor en un encuentro complicado y gracias a Dios pude marcar. Esta victoria es de todos, así como la clasificación. Espero que el país entero goce lo que hemos hecho. Y ahora a descansar, a seguir concentrados para lo que se viene”, dijo Mina en zona mixta, mientras sostenía el trofeo del jugador de la cancha con su mano izquierda y firmaba con la derecha una camiseta de la selección. “Me sentí bien y esa jugada del VAR me dio más confianza para seguir haciendo mi trabajo. Sufrimos, pero todo estuvo bajo control y gracias a Yerry estamos del otro lado”, apuntó Sánchez. (Lea: Así quedaron las llaves de octavos de final del Mundial de Rusia 2018)

Al final del encuentro, Yerry agradeció a la tribuna, después a sus familiares haciendo un baile corto, no se sabe si a ritmo de champeta, currulao, salsa o reguetón, la música que influye de forma inconsciente en un hombre que ya lleva dos goles en Rusia, ambos de cabeza y con festejos diferentes. El ánimo del futbolista del Barcelona es contagioso, así como su entrega en la cancha. La marea amarilla ahora viajará a Moscú, al estadio Spartak de la capital rusa, gracias a Yerry y Dávinson.