Atropellada por una bicicleta en un andén

Las calles y los andenes se han visto invadidos de bicicletas de pedal, bicicletas de motor, bicitaxis y patinetas que circulan en cualquier condición y sin ninguna legislación que se les aplique.

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¿Conoce usted a alguien que haya sido atropellado por un ciclista en un andén peatonal? Parece algo exótico, pero desde hace unos meses he hablado con tres personas que han tenido accidentes de este tipo. No sería raro que entre sus amigos a alguno le haya pasado algo así. Y por cómo están las cosas, llegará un momento en que lo raro sería no haber sido uno el atropellado. Salgo a caminar por un andén que no tiene ciclorruta y me pasan a centímetros ciclistas a relativamente alta velocidad; algunos llevan el celular en una mano y conducen con la otra; van zigzagueando de afán entre las personas y no hay mucho que se pueda hacer para defenderse.

De mis amigos, quienes han sido atropellados con lesiones, dos no han logrado ni hablar con el conductor que se dio a la fuga. ¿Y cómo detenerlo? ¿Cómo reportarlo?

La explosión de sistemas alternativos de transporte, en parte intencionalmente buscada y en parte impuesta por las circunstancias, está llevando a la ciudad a una nueva realidad de anarquía. Las calles y los andenes se han visto invadidos de bicicletas de pedal, bicicletas de motor, bicitaxis y patinetas que circulan en cualquier condición y sin ninguna legislación que se les aplique.

Comencemos con las ciclorrutas. Algunas están bien diseñadas y cumplen con su papel, pero muchas son simplemente adecuaciones de andenes y calles con demarcaciones transitorias que ponen en riesgo a quienes las usan. Por ejemplo, con regularidad paso por una que se llena de charcos que los ciclistas tratan de evitar invadiendo el carril de carros con el grave peligro que esto implica.

Esa misma ciclorruta se entrecruza con salidas de carros de comercios y viviendas de las que hay que salir, “apostando” que el espacio entre todo lo que se aproxima alcance para no atropellar o estrellarse con alguien. No hay ninguna señalización ni norma.

Hablemos de los ciclistas. Sin duda, una alegría que tanta gente use su bicicleta como medio de transporte; el problema está en que parece que muchos consideran que ninguna regla se les aplica. Da igual andenes o calles, semáforos o ciclorrutas, ir en bicicleta parece permitirlo todo. Puede haber una ciclorruta en el andén y estar correctamente demarcada, pero, ¿por qué no usar la calle? Si el semáforo está en rojo, ¿por qué no pasárselo?

Sin embargo, hay una cosa que me preocupa sobremanera. Los ciclistas, de noche, creen que como ellos ven los carros y a las personas, estos deberían verlos a ellos. Pero no es así. ¿Cuántos ciclistas llevan algún tipo de luz cuando conducen de noche? ¿La mitad? Ni los profesionales que la usan como medio de vida parecen entender la importancia de ser detectados de noche. Yendo a alta velocidad, vestidos de oscuro y en calles mal iluminadas presumen que “tienen la vía” y pasan sin ningún aviso, muchas veces en contravía. ¿Hay alguna norma al respecto? ¿Hay alguna autoridad que, así sea pedagógicamente, les señale el peligro que corren?

¿Cuál es la diferencia entre una bicicleta con motor y una moto? ¿Por qué las motos tienen placas, se les exige llevar casco y a las bicicletas con motor no? ¿Acaso la seguridad de los ciclistas importa menos?

¿A qué velocidad van los mototaxis? Algunos llevan tres pasajeros, más el conductor. La dificultad de frenar y el potencial de daño en caso de un estrellón hacen que sean vehículos peligrosos. ¿Les aplica alguna norma? Es indudable la habilidad de sus conductores; serpentean y cambian del andén a la calle con una agilidad asombrosa. ¿Habrá alguna estadística de accidentalidad? ¿Los gobernará la “guerra del centavo”? ¿Es este el tipo de empleo que queremos promover?
¿Usamos todos estos nuevos medios de transporte como consecuencia de una nueva mentalidad o como respuesta a la ausencia de un apropiado medio de transporte público? ¿Su uso debe ser motivo de orgullo de la ciudad o lo contrario

Excelente que usemos medios de transporte alternativos, ecológicos y saludables. Pero hagámoslo siguiendo unas normas de cuidado, con orden y respeto por el espacio de todos, en especial el del peatón, y con amabilidad.

* Profesor de Inalde Business School.

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Ciro Gómez Ardila * Especial para El Espectador

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