Carlos Lleras Restrepo y las dos grandes vertientes liberales

Alguna vez le preguntaron a Juan Domingo Perón sobre los partidos que había en Argentina; él, tranquilamente, contestó que en su país había militantes comunistas, conservadores, liberales, socialistas de nuevo cuño y hasta fascistas. Su interlocutor lo interrumpió sorprendido diciéndole: ¿Y dónde me deja el peronismo? A lo que Perón replicó sin inmutarse: “Hombre, si peronistas son todos”.

Algo parecido podría predicarse del liberalismo colombiano en el siglo XX; su gran activo consistió en haber tenido la capacidad de cooptar dentro de sus filas y en distintas épocas a socialistas, marxistas y neoliberales con el rótulo sencillo de liberales. El Partido movió la política del país como una gran locomotora que avanzaba sobre los dos rieles de sus grandes vertientes políticas. La progresista, en la cual militaron Uribe Uribe, López Pumarejo, quien fue su gran ideólogo, Jorge Eliécer Gaitán y el propio López Michelsen; y la vertiente republicana nacida en los tiempos de Carlos E. Restrepo y continuada por Olaya Herrera, Eduardo Santos y Alberto Lleras hasta llegar a Carlos Lleras Restrepo.

Sin excluirse una a la otra, la tendencia progresista fue partidaria del libre juego de gobierno y oposición, la confrontación dialéctica, la representación de intereses de clase, el librecambismo en lo económico y el multilateralismo en lo internacional. Los republicanos, por el contrario, se fueron por el camino de la concertación bipartidista, la defensa de intereses nacionales no partidistas, el reformismo social a partir del policlasismo, el proteccionismo económico y la convergencia en materia de política internacional con los intereses de Estados Unidos.

Carlos Lleras Restrepo fue el más conspicuo vocero del republicanismo en la segunda mitad del pasado siglo; sus propuestas sobre la modernización de la administración pública, claramente intervencionistas, su apego al modelo cepalino de sustitución de importaciones, su activa participación en la gestación del Frente Nacional, su teoría sobre los polos de desarrollo como base de la descentralización al estilo Currie y su clara apuesta por desarrollos sectoriales en materia productiva, definieron un modelo de desarrollo que mantuvo su vigencia por varios años como lo pudimos constatar en la década de los 90, cuando celebramos los 25 años de toda una constelación de entidades e institutos nacidos con la óptica de descentralización administrativa que caracterizó su período.

El paso de Lleras Restrepo por el poder demostró también que los voceros de las dos vertientes aceptaban matices; Carlos Lleras impulsó, como pocos liberales, la reforma de la estructura de propiedad de la tierra agrícola a través de una reforma agraria que confundió y conmovió a los grandes latifundistas liberales y anticipó, visionariamente, que si no se nivelaban las cargas sociales en el campo aparecerían movimientos guerrilleros para reivindicarlas. Lleras, así mismo, se plantó frente al Fondo Monetario Internacional y la Secretaría de Hacienda del gobierno de Estados Unidos cuando trataron de exigirle que pusiera en marcha algunas de las recetas venenosas que luego formarían parte, en los años 90, del vademécum del Consenso de Washington que, como se sabe, tuvo mucho mas de Washington que de Consenso.

Eran otros tiempos, cuando los representantes de las dos grandes tribus rojas se enfrentaban en justa lid en las convenciones del Partido con sus ideas y sus programas, discutían, polemizaban pero, al final, votaban y aceptaban la decisión mayoritaria de los delegados. Lejos estamos hoy de entonces cuando se respetaba la vieja regla de oro según la cual “aunque discrepo de tus ideas, daría mi vida por tu derecho a defenderlas”, porque ya no hay ideas para defender ni causas qué respetar o que valgan la pena.


Consumidos en el día a día de la política parlamentaria, divididos entre gobiernistas y no gobiernistas, reaccionamos epilépticamente frente a los hechos del gobierno que subordinan y absorben la política. Y mientras tanto, esperamos la decisión del presidente Uribe Vélez sobre un tercer mandato para saber si los liberales tenemos o no los espacios que antes se conquistaban, como lo hizo Carlos Lleras Restrepo a lo largo de su carrera, iluminada con programas que encarnaban auténticas alternativas de poder y salidas democráticas.

Y aunque hablar de volver a la unión liberal cimentada en las ideas que definieron en el pasado las grandes vertientes liberales resulta hoy tan extraño como escuchar una sonata de piano en la mitad de un festival de salsa, un congreso ideológico liberal, al cual yo asistiría con gusto, podría ser el último escenario que nos queda para saber si, pasada la era de Álvaro Uribe Vélez, todavía quedan liberales, cuántos son y para qué sirven.

Testimonios

‘‘’’

La reforma constitucional de 1968, que impulsó Lleras Restrepo, fue una reforma instrumental, porque está referida de modo primordial a la parte orgánica y funcional del Estado antes que a la estrictamente ideológica o dogmática, que ya habitaba en la Constitución de 1886 y su enmienda de 1936.

Juan Carlos Esguerra,ex ministro y ex embajador

‘‘’’

Siempre preocupado por la justicia social, Carlos Lleras Restrepo comprendió muy temprano los graves problemas derivados de la injusta distribución de la propiedad agrícola y de la condición de muchos predios sin explotar por sus propietarios ociosos, y se propuso realizar una reforma agraria que tuvo como principal destinatario al hombre; al campesino desamparado al cual quiso convertir en un verdadero ciudadano, en el sentido político de la palabra.

Bernardo Carreño Varela,jurista y catedrático

‘‘’’

El único cargo de alta jerarquía en Colombia que nunca ocupó el doctor Carlos Lleras Restrepo fue el de Alcalde de Bogotá. Sin embargo, toda su vida transcurrió en el ambiente de La Candelaria y Chapinero. En política, sus primeras armas las hizo en los barrios bogotanos y fue concejal —buen concejal— en varias ocasiones, desde donde impulsó esa serie de gobiernos que transformaron un pueblo alejado y triste en esa vigorosa metrópoli que hoy disfrutamos y sufrimos.

José Salgar, periodista

* Ex Presidente de la República.

Temas relacionados