El Estatuto y su tiempo

Con las reformas de la apertura económica se le puso fin a un período de casi un siglo de políticas proteccionistas y de hostilidad a la inversión extranjera que fueron apoyadas, con distintos énfasis, por dirigentes de los dos partidos tradicionales, entre ellos, los arquitectos de la Regeneración, el hacendista Esteban Jaramillo y el propio Carlos Lleras Restrepo, el más destacado, inteligente e influyente conductor económico del país durante casi seis décadas del siglo XX.

La vasta obra del ex ilustre ex presidente no puede juzgarse con los ojos de los economistas de hoy. Debe situarse en el marco de los conceptos de su época: los del New Deal, las ideas de Raúl Prebisch y las formas del keynesianismo de los años 50 y 60. El documento que mejor refleja sus conceptos económicos fue el Decreto-ley 444 de 1967, el célebre Estatuto Cambiario, la carta de navegación económica del país durante más de 25 años, donde quedaron consignados los principios de protección, racionamiento de divisas y control a la inversión extranjera.

Uno de los objetivos centrales del Estatuto fue la diversificación de las exportaciones del país con el objeto de romper la dependencia de las ventas de café, que entonces generaban más del 90% de los ingresos de divisas. Por este motivo, se indexó la tasa de cambio, a través de las llamadas minidevaluaciones; se establecieron subsidios a las exportaciones no tradicionales, financiados con un impuesto a las importaciones; y se creó un tributo ad valórem a las exportaciones de café (inicialmente del 26%), una medida semejante a las que le han ocasionado varios “cacerolazos” a la presidenta argentina Cristina Fernández.

En esa época el Estado controlaba las tasas de interés, las tasas de cambio y los precios de muchos bienes y servicios; y asignaba, en forma detallada y minuciosa, sector por sector, a veces empresa por empresa, el crédito subsidiado, las divisas racionadas, los cupos de importaciones y, con frecuencia, la emisión primaria.

Estas decisiones se tomaban en organismos colegiados, conformados por ministros y altos funcionarios, con el soporte de asesores especializados (de cuyas filas surgió buena parte de la tecnocracia colombiana). Los más importantes fueron la Junta Monetaria, que racionaba divisas y aprobaba presupuestos de dinero y crédito privilegiado; la Junta de Importaciones, fundamental en el esquema de protección y asignación de divisas; el Consejo de Comercio Exterior, rector de la protección arancelaria y para-arancelaria; y la junta y los comités del Banco de la República, que repartían las líneas de crédito de fomento y porciones de la base monetaria (en esa época el Emisor no era el campeón de la “moneda sana”).

La ejecución de la política económica exigía que se realizara una serie de diálogos y concertaciones entre los organismos especializados, sus funcionarios y los representantes de los distintos gremios y empresas. Con frecuencia los jefes de los gremios asumían los ministerios sectoriales y desde allí servían a sus asociados. Cuando analizaron estas prácticas, los analistas, sobre todo los extranjeros, las calificaron de “consocionalistas” o corporativistas, y las relacionaron con el peculiar régimen político del Frente Nacional (un novedoso resumen de estos enfoques se halla en el reciente libro de Sebastián Edwards y Roberto Steiner sobre las reformas económicas de los noventa).

Por otra parte, al igual que otros economistas de su tiempo, el ex presidente Lleras Restrepo pensaba que el Estado debía contar con una variedad de instituciones especializadas para tratar de resolver los numerosos problemas del país. Por ello, creó e impulsó docenas de entidades, entre ellas el IFI, el ICT, el Insfopal, el Idema, el ICCE, el ICBF, el Fondo de Ahorro y el Fondo de Caminos Vecinales. Muchas de ellas sirvieron bien cuando fueron manejadas en forma idónea, con la inspiración y vigilancia de su fundador; la mayoría, sin embargo, con los años se burocratizó y politizó.

Cuando se derogó el Decreto 444 en 1991 casi nadie protestó (ninguno lloró tampoco por la muerte del IFI, el ICT o el Insfopal). El esquema, en realidad, había sido víctima de su propio éxito: las exportaciones se habían diversificado, sobre todo


el aparato productivo había crecido en forma significativa. Su estructura y su composición habían adquirido gran complejidad. Ya no era posible dirigir la economía como cuando las exportaciones o las reservas internacionales ascendían a unos pocos cientos de millones de dólares y el responsable de la mayoría de las operaciones era un puñado de personas conocidas entre sí.

De otro lado, la democratización de la vida política, que le abrió la entrada a nuevos movimientos y partidos, y la creciente liberalización de la economía exigían que la política económica se manejara de manera general, con medidas impersonales, con nuevos y más eficaces instrumentos de intervención estatal, por medio de instituciones modernas, semejantes a las de los países más avanzados. Había llegado la hora del cambio.

Testimonios

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Su administración se caracterizó por formar una sociedad más justa e igualitaria, de acuerdo con su pensamiento liberal. Tuvo afán de que lo económico y fiscal obedeciera a principios de planeación. Enunció su tesis central de crear una economía humana, que fue principio esencial de su pensamiento.

Otto Morales Benítez, historiador

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Así era él, recto, de una sola pieza, gran estadista, espléndido ser humano, pero, por supuesto, mal político. Acostumbraba comentar que se equivocaba en política siempre que no le hacía caso a su esposa, doña Cecilia de La Fuente, compañera a la que adoró y con quien se casó el 25 de marzo  de 1933. La trataba con ternura. ‘Ceci’, le decía. Todo se lo consultaba.

Patricia Lara, periodista

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El doctor Lleras fue, sin duda, el conductor moral de la República y quienes siempre lo acompañamos en el empeño por una sociedad más justa, honesta y próspera, desde luego, seguiremos siendo lleristas.

Jaime Pinzón López, ex ministro

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Su gobierno dio impulso a la planeación, fortaleció el servicio civil y la carrera administrativa, reorganizó la Presidencia de la República y puso en marcha la descentralización de los servicios públicos, entre las muchas reformas necesarias para organizar un Estado democrático, tecnificado y eficaz en la satisfacción de las necesidades públicas.

Jaime Vidal Perdomo, jurista y catedrático

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Fue mucho más que el abanderado de la modernización nacional. En realidad, fue el gran líder que en los momentos de dificultad, por encima de cualquier consideración partidista, se entregó a la causa de todos sus compatriotas.

Humberto de la Calle, ex vicepresidente

* Ex director nacional de Planeación, columnista de El Espectador.

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