La verdadera historia del Bachiller Cleofás Pérez

Fortuna tuve, gracias a mi amistad con Carlos Lleras de la Fuente,
surgida de los “bancos” universitarios, apelativo que mal puede darse a
las elegantes y cómodas sillas de la entonces Facultad de
Jurisprudencia, de madera y cuero fino, de haber tenido la oportunidad
de conocer y tener trato y comunicación con el presidente Carlos Lleras
Restrepo. Y como en la época de estudios, lo hacíamos, las más de las
veces, en la casa de quien aún no había llegado a la Presidencia, pero
desde décadas se vislumbraba como tal, hubo una anécdota, de cuya
intimidad hoy me desprendo, pareciéndome increíble que hayan
transcurrido 46 años de su festiva ocurrencia.

En la sobremesa de una comida familiar, en la cual el único ajeno era yo, el tema de moda era el curso político que estaba tomando el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), surgido de una tesis no muy profunda pero sí muy atractiva para el somnoliento sectarismo liberal, de desconocer la alteración a la Presidencia. El liberalismo, que hasta ese momento había logrado escalar hasta la Presidencia, pero estaba sometido a las restricciones voluntarias pactadas con el conservatismo, para luchar contra el enemigo común de aquel entonces, estaba obligado a permitir que con sus mayoritarios votos se eligiese un presidente conservador. López Michelsen expuso la doctrina de que esta obligación no existía, pues el compromiso era desproporcionado, y, además, un cortapisa constitucional del país. In pectore , el denominado “laureanismo” simpatizaba con la tesis lopista, pues sabía que el presidente que se elegiría era Guillermo León Valencia, de quien no gustaban ni poco.

En la tertulia se me vino a la mente comentar la operación inmobiliaria que Alfonso López Michelsen había realizado con la Editorial Antares, de la cual mi padre era fundador, junto con Gonzalo Canal Ramírez. Se estaba construyendo un edificio de unos siete u ocho pisos, que significaba una pesada carga financiera y estaba semiparalizado; López Michelsen propuso un negocio muy bueno para él y para la empresa: daría los fondos necesarios para acabar la construcción, aportándolos al capital de la empresa . A cambio, la empresa se comprometía a adaptar los dos últimos pisos como penthouse, con un canon convenido de antemano, prospectándose con que las utilidades cubrirían holgadamente la mensualidad respectiva. Como ya estaba para terminarse la obra, había tenido oportunidad de conocerlo y me había llamado la atención la finura y la elegancia de sus acabados. Yo pensaba que en Bogotá no se había construido nada tan elegante.

De allí surgió la idea de comentar la noticia para conocimiento del sector más revolucionario del movimiento, y el doctor Lleras, con alma de periodista desde su más temprana juventud, tenía la fórmula en mano: comentarla él mismo desde Política y algo más, semanario fundado por Juan Lozano y del cual era director. Naturalmente que esto habría que hacerlo con seudónimo y nos solicitó a Carlos y a mí buscar un personaje ‘real’, a lo cual nos pusimos en la tarea inmediatamente. Fernando Lleras de la Fuente, entonces un párvulo, nos prestó sus mejores máscaras de caucho y Carlos se las ajustaba, junto con el atuendo correspondiente. La fotografía estaba a cargo mío, para lo cual se utilizaba una cámara miniatura Minox, con rollo de alta definición. De las dos fotografías el Presidente eliminó inmediatamente una por considerar que su parecido con Abdón Espinosa Valderrama, su gran amigo, gerente de El Tiempo, podría parecerle como una burla y se disgustaría no sin razón. La ‘ganadora’ se publicó el 25 de marzo de 1961, con el primer artículo que se denominó: “Álvaro está dichoso con nosotros”.

* * *

Nadie supo a ciencia cierta quién era el Bachiller Cleofás Pérez. Se pensó que podría ser un personaje del Quijote –junto con Sansón Carrasco–, pero por estas hojas nunca apareció. Finalmente, el velo se descorrió cuando en la introducción de sus primeros artículos (ediciones Mito, 1962) el escribano afirmó: “...cuando leí los clásicos castellanos descubrí que Luis Vélez tuvo el capricho de designar con el mismo nombre y apellido que me cayeron en suerte al personaje de aquel libro suyo que tropezó con el Diablo Cojuelo”...

Nunca el presidente Lleras ni el Bachiller aceptaron tener algo que ver el uno con el otro, salvo su mutua afición por el estudio de los problemas nacionales, por la lectura de los clásicos y por escudriñar papeles añejos. Curioso sí es anotar que con la muerte del estadista no volvieron a aparecer artículos del Bachiller. No fue por identidad física, sino por el profundo dolor que le causó la muerte del estadista que echó a volar su pluma. Hasta el día de su muerte, pocos meses después que sin fastos fue enterrado en los Jardines El Apogeo.

En cuanto a la identidad de Carlos Lleras de la Fuente en las primeras fotos de Cleofás, Juan Figueroa Ponce, el suegro de Carlos, dibujante y escultor, identificó las manos de su yerno plenamente, por lo que hubimos de suplicarle que se abstuviese de hacer la denuncia de este inaceptable plagio, lo que, a Dios sean dadas las gracias, aceptó con su benevolencia característica.

* Secretario del Consejo Directivo de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

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