Ganó la pelea

Uno de los tantos logros de Alexandra Cardona fue narrar y hacernos enfrentar una realidad que, en su momento, muchos quisieron esconder e ignorar. En este especial de El Espectador recordamos el trabajo tanto artístico como político de Cardona.

Archivo - El Espectador

Alexandra Cardona ha sido guionista y productora de varios cortos, largometrajes y programas de televisión. También ha hecho documentales que abordan la problemática de los casi inexistentes derechos humanos en Colombia: Escuela y desplazamiento, ¡La vida vive! y Carta desde el frente son algunos de sus trabajos.

En 1992, Cardona obtuvo la Beca Francisco de Paula Santander para escribir la novela Fragmentos de una sola pieza, y en 1996 recibió otra para escribir el guión del largometraje Érase una vez en el paraíso. Ha sido jurado de varios festivales de cine, como el Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata (Argentina) de 2005 y 29 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba.

Entre 2007 y 2008 dirigió desde su empresa, Karamelo Producciones Ltda., el proyecto de divulgación audiovisual de la Procuraduría General de la Nación sobre la Ley 975/2005 (Ley de Justicia y Paz), cuyo resultado condujo al programa “Tiempo de la Verdad”.

El Congreso de la República de Colombia la condecoró con la Orden de la Democracia en el grado de Comendador, por su aporte a la cultura colombiana, y además es escritora de novelas y libros de crónicas que han recibido varios reconocimientos. Pero sus documentales y películas han ganado todavía más: Confesión a Laura, escrita y producida por Cardona, obtuvo premios en todos los festivales en los que participó: Festival de Cine de La Habana, XXXI Festival Internacional de Cine de Cartagena, Festival de Cine de Nueva York, Festival de Cine de Berlín…

Pero no fue por esa película que llegué a conocer el trabajo de Alexandra Cardona, sino por su documental Retratos de familia. Me topé con él por primera vez en Facebook, antes de que se presentara en el evento que lo hizo famoso, el Festival Internacional de Cine de Cartagena del año pasado.
En efecto, fueron las redes sociales y el mercado negro los primeros que hicieron circular y propagar como un virus el documental, que hizo un largo recorrido antes de su lanzamiento oficial y que casi muere antes de nacer.

En 2010, el antiguo director del Archivo de Bogotá, Francisco Javier Osuna, decidió crear una Unidad de Memoria y Derechos Humanos en el Archivo para desarrollar criterios que permitieran que la información oficial, al ser clasificada, también cumpliera con la labor de construir memoria, la memoria del conflicto armado.

La ex procuradora delegada para la Prevención en Materia de Derechos Humanos y Asuntos Étnicos, Patricia Linares Prieto, conformó un equipo del que Cardona hizo parte. Su tarea era documentar lo más personal: los testimonios de las madres de Soacha, los recuerdos que tenían de sus hijos, es decir, de aquellos que terminaron en fosas comunes, lejos de su familia, víctimas de las artimañas crueles de efectivos del Ejército Nacional en búsqueda de beneficios y reconocimientos por matar guerrilleros.

El documental tiene la virtud de ir más allá de los hechos para familiarizarnos con el dolor de unas madres que luchan contra un sistema hermético y corrupto. Cuando Cardona mostró por primera vez un fragmento, empezaron los “peros”. Le pidieron, entonces, que lo editara. Además, Cardona esperaba que el documental se lanzara en noviembre de 2010, en un evento que organizaría el Archivo y que nunca se llevó a cabo.

Durante 2011, Cardona se dedicó a buscar la manera de sacarlo a la luz. Tras varios intentos frustrados, la senadora Gloria Inés Ramírez logró que la entonces alcaldesa Clara López viera el documental. López ya había denunciado en 2008 lo que ocurría en Soacha, cuando era secretaria de Gobierno, así que ordenó la proyección del documental en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán el 24 de octubre de 2011. Sólo después de que fuese nombrado el nuevo director del Archivo de Bogotá, Gustavo Ramírez, y de que éste le propusiera sacar una versión oficial en DVD, el documental se proyectó otra vez públicamente el 24 de febrero de 2013, esta vez en el Festival de Cine de Cartagena.

Cardona no dejó de dar la pelea hasta que el documental fue proyectado en su versión completa, y logró que sucediera, además, en un evento con mucha visibilidad y publicidad. Se presentó sin editar ante el público, porque este es un país que no se merece ediciones, que debe ver la verdad cruda y dura, sin anestesia ni amortiguadores. Sólo así, quizá, la historia no se repita.
El olvido colectivo de hechos tan atroces debiera evitarse a como dé lugar, como lo piden las madres de Soacha. Este documental contribuye efectivamente a ello, a que recordemos lo sucedido. El resultado trasciende el mero testimonio para convertirse en una manifestación artística que muestra, desde el amor, una violencia que no debería darse en ningún mundo posible.


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